CENTENARIO LUCTUOSO DE JACK LONDON (I).

Jack London es un escritor estadounidense que con el paso de los años se ha convertido en uno de los autores más leídos y traducidos. En algún momento todos hemos tenido contacto con sus famosas obras ya sea a través de la lectura o el cine, sin embargo, antes de introducirme en el mundo literario producido por London, me permitiré realizar el siguiente comentario.

En diversos estudios biográficos se afirma que Jack London se suicidó cuando tenía sólo cuarenta años de edad, su verdadero nombre era John Griffith London. Cuando London murió ya se habían publicado gran cantidad de sus novelas, London fue abiertamente socialista, se casó y tuvo hijos, en los estudios biográficos se manifiesta que de joven padeció varias enfermedades, después sufrió fuertes problemas de alcoholismo, en general, sobre la vida de este genio se pueden leer gran cantidad de información, pero lo único que me causa desasosiego es que cómo puede un hombre de carácter, de lucha, suicidarse, si parte de sus personajes siempre se sobrepusieron a todas sus desgracias.

La novela con la que inicialmente recordaremos a Jack London se titula: El Llamado de la Selva, la cual fue publicada en el año 1903. En la obra de London nos encontraremos con la naturaleza primitiva a plenitud, bosques, regiones de Estados Unidos como Alaska, Santa Clara, o montañas y zonas nevadas de Canadá, realmente al momento de las lecturas de las obras de London, el lector vivirá verdaderas aventuras que dejarán una enseñanza, un mensaje y un recuerdo inolvidable.

En El Llamado de la Selva, el personaje central es el perro Buck, no existirá ningún protagonista que rebase la figura de Buck, e incluso de las personas que aparecen en el relato, sólo uno logrará tener cierta relevancia porque es quien le salva la vida a Buck y logra demostrarle un genuino amor. Buck es un perro-lobo, una especie rara, única, sus primeros años los vivió en una gran casa en Santa Clara, donde Buck siempre fue tratado como rey, era el mandamás de la casa, su amo lo consentía y adoraba, en esa casa donde vivía un juez con su familia, Buck y todos sus compañeros eran bien atendidos y vistos como parte de la familia.

Manuel era auxiliar del jardinero, en aquellos años estaba la fiebre del oro en Canadá, muchos aventureros arriesgaban sus vidas con tal de llegar a zonas pocos conocidas y encontrar el precioso y anhelado metal, para ese y otros fines de trabajo pesado se compraban gran cantidad de perros que eran utilizados como perros de carga, un día Manuel a escondidas se llevó a Buck con el objetivo de venderlo a buen precio, Buck lo siguió porque jamás pensó que su vida cambiaria al irse de paseo con el criado de la casa, a pesar de lo fuerte y poderoso que era Buck, siempre fue un perro obediente porque creía en los humanos:

Buck soportó la soga con silenciosa dignidad. Era una ceremonia inesperada, pero había aprendido a confiar en los hombres y a suponer que ellos tenían razones que superaban el entendimiento de un perro.”

Cuando Buck se dio cuenta de qué se trataba y quiso reaccionar ya estaba vendido, fue enjaulado y con el paso de los días lo compraron a un buen precio para ser utilizado como perro de carga del servicio postal del Gobierno en Canadá, es a partir de este contexto que la novela empezará a contar toda la odisea vivida por el perro Buck, y en cada historia el concepto que Jack London nos va dejando de los humanos no es muy halagador.

Buck con el cambio drástico que tuvo en su nueva vida, fue modificando su forma de pensar y actuar, mientras vivió como un perro libre, podría decirse que vivía con dignidad, cuando fue vendido y llegó con el encargado de domarlo, Buck tuvo un fuerte enfrentamiento con su opresor, varias veces se le fue encima para atacarlo y recuperar su libertad, pero el domador lo recibió con palos y el pobre Buck por más que luchaba siempre era derribado y fuertemente lastimado, llegó un momento que el perro aceptó que contra los palos no podía, sabía que sino actuaba con inteligencia iba a morir.

Poco a poco, Buck empezó a recobrar el sentido, pero no su fuerza. Siguió tendido en el sitio donde se había desplomado y observó al hombre del suéter rojo. –Se llama Buck – dialogó consigo mismo el hombre, citando la carta con la que el tabernero le anunciaba el envío de la jaula y el perro. – Bueno, Buck muchacho: hemos peleado un poco, pero no vale la pena que las cosas pasen a mayores. –De pronto parecía de buen humor –- Has aprendido cuál es tu lugar y yo sé perfectamente cuál es el mío. Sé un buen perro y todo marchará bien. Pórtate mal y te deslomaré a palos, ¿entiendes?

Mientras hablaba acarició sin temor la cabeza que había golpeado con tanta ferocidad, y aunque se le erizaba el pelo al roce de esa mano Buck lo soportó sin protestar. Pero cuando el del suéter rojo le trajo agua, bebió ávidamente. Y después devoró la generosa ración de carne cruda que aquel hombre le sirvió directamente con sus manos. Había perdido: lo sabía, pero no estaba derrotado.

Las transformaciones que va sufriendo Buck, son muy parecidas a las que tenemos los humanos, en esta parte de la obra se ve claramente la problemática entre civilización y barbarie, Buck en su ambiente de trato humano era un perro educado, comía a sus horas, lo hacía despacio, en su nueva vida al inicio quería conservar su forma de ver y vivir la vida, pero el ambiente tan bárbaro no se lo permitía, si comía despacio todos los demás perros se le iban encima y le quitaban su comida, así que Buck sólo tuvo que regresar a sus verdaderos orígenes, es decir, o domino o me dominan, o mato o me matan, luego entonces, lo único que nos hace un poco humanos es la educación, pero sin ella somos tan barbaros como los animales.

Aun así, el hombre podrá ser derrotado, pero jamás destruido, esa es la premisa.

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