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SinEmbargo/ElDiarioEs

Moby nació el 11 de septiembre de 1965. En su fe de bautismo figura como Richard Melville Hall, prueba palpable –como descendiente de Herman Melville, el autor de Moby Dick– de que la literatura estaba en sus genes mucho antes de publicar “Porcelain”, su primer libro.

Sin embargo, no ha sido la literatura sino la música el ámbito en el que Moby ha desarrollado una fructífera (y peculiar) carrera en la que ha alternado grandes éxitos comerciales, batacazos sonoros y desconcertantes cambios de dirección. Ahora Moby revisa el periodo que va de 1989 a 1999 en unas memorias en las que, con un estilo cercano y adictivo, pasa revista a sus contradicciones, penurias y golpes de suerte.

La editorial Sexto Piso publica este mes de noviembre “Porcelain” y nosotros tenemos la oportunidad de hablar telefónicamente con él. Responde desde su casa en Los Ángeles, justo la mañana siguiente de las elecciones a la Presidencia de los EU que han convertido a Donald Trump, contra el que Moby ha hecho campaña donando una canción para 30 Days 30 Songs, en el hombre más poderoso de la Tierra.

-Inevitablemente la primera pregunta tiene que ser a propósito del gran tema: las elecciones en EU. ¿Cómo pasó la noche electoral?

-Aaaaaaaah… Sí, ese es el tema. Y no es sólo el gran tema para mí sino para nuestra especie, para la humanidad. Por la noche me reuní con una serie de amigos y estábamos totalmente convencidos de que Hillary iba a ganar. Todas las encuestas, todos los indicios lo aseguraban, así que pillamos algo de comida, nos sentamos alrededor del televisor y todo eran sonrisas y felicidad. Hasta que los resultados empezaron a aparecer en pantalla y comenzó a crecer el nivel de confusión, miedo, furia y tristeza entre nosotros.

Ha sido una de las noches más extrañas de mi vida, una de esas pocas noches en las que he pensado que en realidad estaba soñando… pero estaba despierto. De verdad, no veía el momento de despertarme porque no podía creer que en América haya tal cantidad de estúpidos racistas y misóginos.

-¿Cree que esa es la lectura correcta? ¿Cuál es el análisis que hace de lo que ha pasado?

-Claramente, nadie ha votado por Trump por su experiencia política. Nadie le ha votado por su inteligencia. Así que el único motivo por el que alguien ha podido hacerlo es porque es racista, misógino y no pueden votar por una mujer como presidenta, o porque realmente son estúpidos. No existe otro motivo por la que alguien votaría a este hombre. Es muy descorazonador ver a EU elegir una opción tan, tan terrible.

-¿Y qué piensa de la idea según la cual los políticos de izquierdas y también la intelectualidad o el mundo de la cultura, lo que incluye a músicos como usted, están desconectados de la clase trabajadora, que les percibe como personas ajenas a sus preocupaciones?

-Los seguidores de Trump son gente… no sé muy bien cómo explicarlo. Son básicamente gente de raza blanca que están aterrorizados con el futuro, con la gente de color, las mujeres y los latinos. Esta ola de ira, ignorancia y racismo es algo que está sucediendo ahora mismo en otros muchos países, que se puede comprobar echando un vistazo a las redes sociales. Es un día muy confuso para los norteamericanos.

Foto: ElDiarioEs

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-Vamos con el libro. ¿Por qué decidió escribir estas memorias parciales de su vida?

Por un lado tengo que decir que volver atrás en el tiempo y encontrarme conmigo mismo ha sido un excelente ejercicio de terapia.

-¿Cuándo empezó a escribirlo?

-Hace cosa de cuatro años. Me pareció interesante escribir sobre esa etapa de mi vida porque durante aquellos diez años, de 1989 a 1999, mis experiencias fueron muy extrañas. Si hubiera tenido una vida normal en esos años nunca me hubiera planteado escribir unas memorias, pero algunas experiencias fueron tan raras, únicas en cierto modo, que me pareció interesante y una buena idea escribir sobre ellas.

-Entonces no fue un encargo sino una elección personal.

-Sí, sí, totalmente. Tal vez resulte un poco narcisista, pero mi planteamiento era que incluso si nadie lee el libro sería fascinante el ejercicio psicológico de volver sobre aquellas experiencias y enfrentarme a la persona que yo era hace 25 años.

-Creo que ya está escribiendo una segunda entrega.

-Lo estoy intentando. La secuela cubrirá desde 1999 hasta 2009 y es una historia sobre la fama, el alcoholismo, las enfermedades mentales y la adicción a las drogas. El desafío es cómo escribirlo de una forma única, diferente a lo que hicieron antes Robbie Williams y Guns N’Roses.

-Me llama la atención que Porcelain se ha escrito con un estilo muy directo, reproduciendo conversaciones que tuvieron lugar hace 25 años, fiel al detalle y a sus pensamientos, aunque muchas de esas escenas tuvieron lugar en pleno estado de ebriedad. Es, por decirlo de algún modo, un libro de no ficción ficcionada.

-Intentaba ser honesto. Antes de empezar a escribir leí el mayor número de libros de memorias que pude y me di cuenta de que lo más importante de unas memorias para mí es cuando el escritor intenta ser honesto. Como especie, necesitamos conectar y sentir menos vergüenza del tipo de persona que somos. Yo no sabía si iba a ser capaz de escribir un buen libro, tampoco si iba a ser capaz de escribir un libro interesante, pero sí que sabía que podría escribir algo honesto.

Dicho esto, creo que tengo una buena memoria pero también hice el ejercicio de recrear sensaciones. Si yo te pregunto qué tipo de ropa vestías hace veinte años puede que no lo recuerdes específicamente, pero hay bastante posibilidades de que vistieras lo mismo todos los días. Hay algunas cosas sobre las que podía generalizar cuando echaba mano de mis recuerdos.

También hay otros momentos que recuerdo claramente. En cualquier caso la memoria nos juega malas pasadas, y sólo porque yo crea que algo sucedió de una manera determinada eso no quiere decir más que esos son mis recuerdos a día de hoy. De hecho el mismo mismo nombre del género literario se refiere a esto: memorias. No se trata de un género de ficción o no ficción, son sólo recuerdos.

-Porcelain tiene dos partes bien diferenciadas, con el año 1995 como ecuador. En la primera mitad la música es el centro de su vida. Sin embargo, cuando tras una crisis empieza a beber, tengo la sensación de que la música pasa a un segundo plano, y su vida se ve dominada por el alcohol y su obsesión por el sexo.

-Sí. He amado la música toda mi vida pero hubo un tiempo a finales de los 90 en que, tienes toda la razón y me avergüenza reconocerlo, pero el alcohol, las drogas y la degeneración me interesaban más que la música. La música todavía me apasionaba pero llegó un momento en la siguiente década en que cuando estaba sobre el escenario en vez de disfrutarlo pensaba en la juerga que iba a correrme después. Después todo eso cambió.

En 2008 escuché a David Lynch hablar y dijo algo que era muy simple: la creatividad es bella. Eso me hizo darme cuenta de que lo que más amo no es la fama, el dinero, beber, tener sexo ni nada de eso. Lo que de verdad amo es la manera que tenemos los humanos de expresar nuestro espíritu a través de la creatividad, el modo que tenemos de intentar encontrar un sentido a la condición humana, el modo en que intentamos encontrarle sentido al mundo a través de la comunicación. Ese es el objetivo en mi vida y esa es la manera más interesante para mí de gastar mi tiempo.

Actualmente no bebo, no tengo novia, así que se puede decir que carezco de vida sexual, no me importa lo que la gente opine sobre mi música, y lo que verdaderamente amo es la sensación de sentirme vivo, hacer música, leer libros, escribir libros e intentar entender el mundo en el que vivimos.

Foto: ElDiarioEs

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-¿Cree que entra dentro del terreno de lo imposible para una estrella del pop y el rock mantenerse toda su vida al margen del cliché de sexo, drogas y rock n’roll?

-Vivir eso es una gran experiencia porque te permite darte cuenta de que no hay nada malo en cosas como el sexo, las drogas o la fama, pero no son capaces de proporcionarte la felicidad. Y mi problema y el problema de mucha gente es que creí que teniendo las dosis adecuadas de fama, alcohol, sexo y dinero sería feliz para siempre. Pero cuanto más fama, alcohol, sexo y dinero tenía, desgraciadamente más infeliz me encontraba. Seguro que pude hacerlo mucho mejor de lo que lo hice, pero lo único que ahora sé es que cuanto más estrella del rock era, más miserable me sentía. Y esa es la razón por la que ahora no salgo de gira, sino que me quedo en casa o me dedico a hacer excursiones con mis amigos.

-En el libro, además de un gran sentido del humor, se muestra muy severo consigo mismo.

-Una de las cosas que he aprendido escribiéndolo es que he sido una persona muy crítica conmigo mismo, en ocasiones llegaba a ser hasta ruin. Y eso es algo que he intentado cambiar. He intentado mostrar la misma compasión conmigo que siento por los animales u otras personas.

-Tal vez el amor más fiel y duradero en “Porcelain” lo muestra por Nueva York. Curiosamente ha acabado usted viviendo en Los Ángeles, algo que por otra parte es una constante en la mayor parte de artistas neoyorquinos relevantes. ¿Me puede explicar el porqué de ese divorcio?

-Parte de culpa la tiene que Nueva York es una ciudad muy cambiante. Se ha convertido en un centro de las finanzas globales más que un centro global de la creatividad. Y en parte eso es así porque es una ciudad excesivamente cara y tanto los artistas que pintan como los músicos necesitamos espacio. Por eso Nueva York fue durante un tiempo la meca del arte, la escritura y la música: vivir allí era muy barato. Pero eso ha cambiado y la gente creativa simplemente no puede seguir allí.

Los Ángeles es una gran, extraña y confusa ciudad en la que siempre encuentras algún sitio barato donde un artista puede situar su gran estudio.

-El libro está construido a partir de una serie de anécdotas-historias. ¿Puede contarnos la de su colaboración en 2006 con Amaral en el tema Escapar? Al público español nos despierta mucha curiosidad.

-Yo soy fan de Amaral. En mi vida he podido colaborar con mucha gente, de David Bowie a Ozzy Osbourne, Michael Jackson o Metallica. Adoro colaborar con gente o bandas que hacen una aproximación a la música diferente a la mía, porque, como artista en solitario que soy, sólo puedo contar con mis propias ideas, y trabajar con otra gente me da la oportunidad de conocer de qué forma se aproximan ellos al proceso creativo, y eso es muy interesante y educativo para mí.

En el caso de Amaral creo que la primera vez que escuché su música fue cuando estaba de gira en España, posiblemente porque alguien de mi compañía me dio uno de sus discos. Amo las grandes voces. Creo que hay por un lado voces hermosas y otras que son interesantes, pero lo mejor es cuando ambas cosas suceden al mismo tiempo como en el caso de Amaral.

-Al leer “Porcelain” nos damos cuenta de que cada disco tiene detrás una historia, un estado de ánimo. Acaba de publicar “These Systems Are Failings” bajo el nombre de Moby & “The Void Pacific Choir”. ¿Puede contarnos cuál es la historia detrás de ese nuevo disco?

-Tengo 51 años y en este punto de mi vida no salgo de gira y no tengo expectativas de hacer dinero de la música. Así que cuando grabo solo me obsesionan dos cosas: disfrutar y convertir el disco en una oportunidad para llamar la atención sobre cuestiones que me parecen importantes. Para mí, sería estúpido creer a estas alturas que voy a ganar dinero con la música. Así que la música se ha convertido en una cuestión de amor, y yo intento expresar qué significa lo humano en 2016.