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Crónica del Poder

Hemos llegado al segundo domingo de ADVIENTO en este periodo en el que la Iglesia Católica se prepara para celebrar la Navidad. La liturgia dominical nos presenta una de las figuras emblemáticas de este tiempo, se trata de Juan el Bautista que hace un llamado fuerte a la conversión: “conviértanse porque está cerca el reino de los cielos”.
Juan el Bautista es un maestro del desierto, vive con mucha sobriedad y le toca
anunciar la llegada del Mesías.
La venida del Señor para un creyente no puede pasar desapercibida, su llegada es una
invitación a entrar en un periodo de transformación. Por ello la llamada del Bautista a
convertirse resulta muy apropiada para este tiempo en el que por una parte nos
disponemos interiormente para celebrar el nacimiento de nuestro salvador y por otra
porque estamos empezando un nuevo gobierno.
Todos somos conscientes de la situación que guarda nuestro Estado de Veracruz,
estamos como en el desierto experimentando una de las peores crisis de nuestra
historia: viviendo los efectos perversos e inhumanos de la corrupción y de la impunidad.
Esta crisis ha dejado numerosas víctimas. Por ello la experiencia del Adviento y de una
nueva administración en el gobierno representa una posibilidad de transformación, una
oportunidad para renovarse.
Los primeros cristianos, como es el caso del evangelista San Mateo, identificaron a
Juan el Bautista con el mensajero que anunció Isaías (Is 40, 37), o con Elías (2 Re 1,
8) que según la tradición judía sería el precursor del Mesías (Mt 11, 14; 17, 11; Mal 3,
23-24).
Convertirse (metanoia) equivale a una transformación profunda de la propia vida, es
distinto al arrepentimiento. El que se arrepiente lo hace normalmente porque
experimenta un malestar interior causado por haber hecho mal alguna cosa o porque ha
faltado a alguien o a sí mismo. En ese sentido el arrepentimiento es el primer paso para
la conversión. Puede ser que el arrepentimiento dure mientras el malestar hace ruido en
la conciencia. Por ello para encontrarse verdaderamente con Dios no sólo basta
arrepentirse, es necesario pasar a la conversión. El que se convierte es una persona
que toma conciencia de su maldad y con la ayuda de Dios trata de corregirlo, entonces
cambia de dirección y de conducta para volver por el sendero justo.
La conversión toca nuestro modo de proceder, nuestros pensamientos, nuestros
sentimientos y todo lo que somos. Mediante la conversión uno se vuelve a Dios y
empieza a actuar conforme a su voluntad y al proyecto de vida que nos ha revelado por
medio de su Hijo Jesús. La vuelta a Dios trae consigo nuevas relaciones con los
hermanos. Por ello, la conversión cristiana no puede quedarse sólo en una experiencia
personal o intimista, para que sea auténtica necesita también proyectarse en los
ambientes donde se desarrolla nuestra vida. Ahí es donde viven y trabajan otros
hermanos cuya vida también se transforma cuando nos convertimos.
Ahora que Veracruz se encuentra sin recursos económicos y que las arcas estatales
están en ceros debido a los malos manejos de los bienes públicos, debemos reconocer
que no todo está perdido; aún existen fortalezas muy grandes: su cultura, su gente, sus
riquezas naturales y la firme determinación de transformarnos. La situación ciertamente
es grave y grande la responsabilidad de quienes ahora toman entre manos los destinos
de este Estado. La responsabilidad en la reconstrucción de nuestra realidad no sólo es
tarea de la autoridad, también de todos los que formamos la sociedad.
Felicitamos al Lic. Miguel Ángel Yunes Linares y a todos los funcionarios que
colaborarán con él en el gobierno; esperamos de todos ellos su mejor aportación de
servicio, honradez, eficiencia y creatividad para enderezar el rumbo de nuestro Estado.
Que los ejes rectores anunciados el día de la toma de posesión pronto se traduzcan en
resultados, lo desean y lo merecen los 8 millones de veracruzanos. Que Veracruz sea
una tierra de oportunidades y nos vaya bien a todos.
Por todo esto, quienes somos creyentes estamos también llamados a convertirnos para
ser agentes de cambio en una sociedad que desea y necesita transformarse, cultivando
los valores que ha traído el reino de Dios: justicia, verdad, solidaridad y amor. La
llamada de Juan el Bautista a la conversión vale para todos, cada uno desde el
desempeño de sus responsabilidades debe dar lo mejor de sí para crear condiciones
mejores y sanar los ambientes donde vive. La conversión nos hace bien a todos.
Pbro. José Manuel Suazo Reyes
Director
Oficina de Comunicación Social
Arquidiócesis de Xalapa