“Soy humano, una criatura falible, con su fardo de pecados y de algunas cosas buenas. No me arrepiento de mi pasado ni me doy golpes de pecho. Lo único que puedo decir es que sigo amando a la vida”. Así se expresaba Octavio Paz dos años años antes de su muerte, el 19 de abril de 1998, ante la pregunta de Braulio Peralta de ¿cómo se contempla a sí mismo?. La poesía fue el destino de Octavio Paz, y como muchas otras actitudes de su vida, la defendió con las uñas de su palabra. “La gran poesía- decía el poeta-, la última o la mejor, debe ser clara y anónima, como la del Romancero Español, algo que se pueda beber a todas horas y en todas las épocas”. Descreía que la poesía moría con el poeta. De aceptarlo, decía, significaría aceptar la muerte de la humanidad”. Es parte de lo que sobre Paz escribe Luis Gastélum en su libro “Pasajeros con destino. De escritores y otros viajeros”, de Editorial “Hojas de papel volando”.