“En política, algo muy importante es la discreción. Su contrario, la lengua suelta, es veneno puro. No hay funcionario público moderado, eficiente, si tiene diarrea en la boca. Es mejor tener un zipper entre los dientes que una pecera llena de cangrejos que quieren caminar para allá y para acá. Los hombres, los varones no deben andar en chismes ni chistoretes. Los huevos los deben traer bien amarraditos. sentir aquello bien fajado en el bajo vientre es tinte de caballero y exigencia de un funcionario público”. Se lo dijo el entonces Secretario de Gobernación, Enrique Olivares Santana, al autor de libro: “Nada como el Poder”, Raúl Cremoux, al entrar éste a laborar a esa dependencia.