Hay tres cosas en la vida –espectáculos les podría llamar- que me causan una gran afición pero que, muy probablemente, nunca voy a poder practicar. La primera, las competencias de caballos de carreras. Soy un seguidor de las grandes carreras de los Estados Unidos, de la Triple Corona: el Derby de Kentucky, que se desarrolla en la población sureña que huele a whiskey –así se escribe el bourbon, el escocés es whisky-, maíz y pollo frito en Louisville, Kentucky; el Preakness Stakes, en Baltimore, Maryland, la tierra de las oropéndolas y el Belmont Stakes, que se lleva a cabo en Elmont, Nueva York.

Nunca voy a correr un pura sangre, nunca voy a ser propietario de una cuadra, jamás voy a ser criador, pero la parafernalia que encierra este deporte hípico me fascina. He leído sobre caballos emblemáticos como Secretariat y American Pharoah, y hace poco mi amigo el restaurantero Laureano Martínez Sánchez me recordaba la historia de otro mítico caballo de la cuadra de Justo Fernández Ávila, ‘Beduino’, que se convirtió en toda una leyenda allá por los años 70 si no me equivoco. Pero desde joven me gustaba seguir las hazañas de los caballos de la familia Chaín de Orizaba, por cierto que hace poco toqué ese memorable tema con Hugo Chaín Maluly, ex alcalde orizabeño. Grandes historias escribieron los caballos de su padre don Jesús.

La otra afición es el golf, que aunque no está entre mis deportes a los que dice uno ¡qué bruto, pero lo que se dice qué bruto cómo me gusta!, me atrae sobre manera toda la parafernalia que hay atrás de este deporte que implica unos campos espectaculares, los bastones en donde los japoneses llevan mano en su fabricación y, en general, los grandes abiertos (Majors) como el de Augusta en Atlanta, que acaba de ganar el español Sergio García, y los otros 3 son el abierto de los Estados Unidos, el Open Británico de Golf (The Royals and Ancient Golf Club of St Andrews) que no tiene una sede definida y el Campeonato de la PGA, que se juega en cualquier campo de golf de ese país. El golf es mejor verlo por televisión que seguirlo in situ, bueno pues este deporte tampoco lo he practicado a pesar de que me han invitado a hacerlo algunos amigos, de esto por supuesto hace mucho.

Finalmente, está la Fórmula 1, también conocida como el Campeonato Mundial de Constructores de Autos Deportivos. Esta es una afición para ver desde la barrera y nada más, es una actividad de élite a la que no sé si considerarla como un deporte. Pero a la Fórmula 1 la vengo siguiendo desde muy chavo, desde que vi la película el ‘Grand Prix’ (1966) de Mónaco con James Garner, que fue una espectacular y grandiosa película que me dejó prendado de ese sofisticado mundo que es el de la máxima categoría de autos deportivos. Además los pilotos son otra cosa, en verdad se juegan la vida en cada competencia, y ahí habría que nombrar a algunos inmortales como: Alain Prost, Niki Lauda, Airton Senna DaSilva, Emerson Fittipaldi, Carlos Reutemann (argentino), Phil Hill, Juan Manuel Fangio (argentino), Jim Clark, el más grande para muchos, Nelson Piquet, Jack Brabham y Graham Hill, sin olvidar a los de la baraja de hoy entre los cuales se encuentran el español Fernando Alonso, Sebastián Vettel, Sergio Pérez, Louis Hamilton y Michael Schumacher. Un Fórmula 1 anda costando entre 600 y 1 millón de dólares, seguro nunca voy a manejar uno.

Pero este año el campeonato mundial de constructores como que recuperó punch. Para empezar a los autos se les devolvió ese maravilloso rugir solo equiparable al rugido que hacen los leones alfa en la selva, sin contar con que se les agregaron otras mejoras. Los cambios se han hecho para crear coches más impresionantes y rápidos. La mayor carga aerodinámica ha permitido reducir drásticamente los tiempos de vuelta en los circuitos. Adicionalmente, se incorporaron mejoras en los alerones delantero y trasero, cambios en el ancho en las cuatro ruedas. Las nuevas gomas, al ser más grandes, conseguirán un mayor agarre para mejorar los tiempos.

Y a lo mejor, eso opinan los conocedores, las mejoras más importantes están en los chasises y en los motores. Los primeros crecieron en su anchura y los segundos han ganado en potencia y rendimiento. Aunque usted no sea un conocedor y aficionado le recomiendo que siga la Fórmula 1 de este año, está espectacular, los cambios son perceptibles a simple vista, y los circuitos, los circuitos parecen aeroespaciales, son como de otro mundo, sobre todo los que se corren de noche.

gama_300@nullhotmail.com
@marcogonzalezga