Cierto día, una amistad ya mayor, cercana al que esto escribe –debe andar rondando las ocho décadas-, me comentaba a propósito de no sé qué cosa, con cierto dejo de presunción “¡En mi casa cuando yo era joven se tomaba café de greca y se preparaba comida energética!”, por supuesto que ante tan modesta afirmación no pude evitar poner mi cara de ¡Qué!, pero no solo eso, y aunque no es mi costumbre rebatir, pero ese día, ¡no faltaba más!, me vi obligado a rebatir: “¡Que qué, café de greca y comida energética, pues en dónde creció usted, en Nueva York!”, -para agregar: “¡Porque aquí en los ranchos, cuando uno era joven se comía como se podía y lo que había!”, y pensé para mis adentros: “¡Café de greca y comida energética, como si no hubiera sido yo niño alguna vez!”, y lo anterior lo comento porque la costumbre del café en grano, tostado y molido, es una costumbre relativamente nueva. Antes, y estoy hablando de hace 45 o 50 años, en las casas, en casi todas, como la de usted y la mía, lo que se acostumbraba para ‘pintar’ el agua caliente y medio engañarnos de que estábamos tomando café era el famoso Nescafé, un poquito después, cuando ya empezó a venderse el café de grano, tostado y molido, éste se preparaba en olla de barro, después, probablemente a finales de los 60, ya como una señal de modernidad, en las casas empezó a haber cafeteras de aluminio a base de coladera y chorro hirviente, de esas que tenían -usted lo recordará- tapa de centro de cristal, mucho tiempo después vinieron las cafeteras eléctricas. Ahora, ¿en lo que hace a que hace setenta años se comiera comida energética?, pues yo no viví en aquella época, pero cuando yo fui chamaco en mi pobre casa se comía lo que había y como se podía, es decir, sopa de pasta, el fideo cambray o corbatita que se compraban 10 o 20 centavos en la tienda del barrio, arroz, blanco o rojo, y una o dos veces a la semana carne, primordialmente de puerco, el pescado muy de vez en cuando. Y a mí todavía me tocaron las planchas de hierro fundido que se calentaban en las brasas del carbón y en casa de una tía hermana de mi mamá, las estufas de petróleo diáfano. Bah, ¡café de greca y comida energética, pues ni que haya vivido en Nueva York! Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.