Hace poco se publicó un retablo fascinante en el diario español El País (5 de mayo), sobre una serie de retratos de Marcelo del Pozo que hizo este fotógrafo sobre el diestro José Antonio Morante Camacho (La Puebla, Sevilla, 3 de septiembre de 1988). Llama la atención un pasaje de él que autorretrata de singular manera a este hombre que parece sacado de una pintura de Goya, mismo que pongo a su consideración, disculpándome de antemano con mis amigos y amigas antitéticos al arte de Cúchares. Dice así El País: “Fuma un habano porque es su costumbre. Y porque la combustión del tabaco, la ceniza, identifican la antiquísima liturgia del fuego y la catarsis. ‘Me ayuda a relajarme el puro’, confiesa. ‘Me gusta el tacto, el sabor, la estética. Me envuelve la humareda. Me distrae. Y hasta me marea. Por eso tengo que tener cuidado. Y me acompaño de una bebida azucarada. El puro me hace compañía’. Capital reflexión de este gitano conocido como Morante de la Puebla, y viene al caso recordar que, en ‘Mi último suspiro’, la autobiografía autorizada de Luis Buñuel, hay un pasaje memorable similar a la descripción que hace Morante de eso que algunos antes llamaban “el arte de fumar”. Como Morante, Buñuel era un fumador empedernido, decía el aragonés que no hubiera tenido la misma sensación al fumar si hubiera sido ciego, y es que el cineasta aragonés gustaba de ver el humo del cigarrillo, la ceniza y cómo se iba consumiendo el tabaco poco a poco entre sus dedos hasta que se apagaba el pitillo. ¿Usted qué opina?. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.