Gracias al interés de los lectores, ha ido creciendo la serie que he denominado “Más trampas de la fe”, en las que hemos revisado los abusos dentro de una aparente “legalidad” que cometen contra sus clientes muchas grandes empresas en México.
Son fraudes o engaños que se cometen a mansalva, con el consentimiento y quién sabe si la complicidad de las autoridades, pues dependencias que deberían investigar y sancionar esas conductas -como la Procuraduría Federal del Consumidor- no hacen nada efectivo en realidad.
El ciudadano mexicano está indefenso ante los excesos en su contra, y en la mayoría de los casos, emprender una demanda o una denuncia es entrar en un tortuoso laberinto de trámites, con lo que perdemos nuestro tiempo, nuestro dinero y nuestra paciencia.
De ahí tanta impunidad.
El legendario periodista de sociales Andrés Landa, el Jajuso Mayor, me hace el favor de escribirme al respecto, y llama la atención sobre los excesos de los restaurantes de lujo.
Le dejo la palabra:
“Muy buenos comentarios. Cuánto más no sabremos.
“Sucede lo mismo cuando vas a un restaurante de especialidad. Digamos, carnes argentinas. De por sí los platillos son muy caros, pero piensas que el sabor, la decoración del lugar y el ambiente los valen
“El problema llega cuando empiezas a padecer el encaje de los dientes. Por ejemplo, cuando ves en la carta que en el platillo de carne que te ofrecen. la guarnición tiene un precio aparte.
“Si quieres acompañar tu platillo con una ensalada de lechuga bañada en salsa mil islas, son 70 pesos, cuando una bola de lechuga te cuesta cinco pesos. Te ofrecen unos chiles toreados: tres o cuatro chiles serranos asados que te cuesta la orden 45 pesos, cuando en el producto y su elaboración no gastan ni tres pesos.
“Y así te van ofreciendo otras guarniciones, y cuando te das cuenta pagas un monto exagerado.
“Ya no te digo de los famosos restaurantes de espadas «brasileñas», que te ofrecen una gran variedad de carnes, ensaladas y caldos por 150 pesos en promedio, pero con tanta sal en las carnes hay que pedir el refresco o la jarra de agua de limón. Una Coca Cola de bote te la cobran en 35 pesos (¡y ni siquiera tu nombre trae!) y la jarra de agua en 140 pesos, pero resulta que para cuatro personas hay que pedir de menos dos jarras.
“No conforme con eso, al final pasa la hostess para ofrecerte un postre… y pues ya entrados. le vas al dulce. Pero, ohhhhh, ése también se cobra aparte y son de menos 60 pesitos por cada uno.
“Como te das cuenta, todos buscan el extra, abusando en muchos casos pues se supone, por ejemplo, que la guarnición debería ser parte del platillo. En los restaurantes de lujo, que de por sí son carísimos, no deberían timar así al cliente.
“Así las cosas, ya te aparecerás en esos restaurantes por el festejo de algún amigo y no sólo porque se te antojó ir a comer con la familia. Y así tendrás que pagar…
“¡Saludos!”
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