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EFE

La tienda-museo DMW, en la localidad de Nimega del este de Holanda, ofrece a sus aficionados peculiares taxidermias y momificaciones que van desde un bebé de hace 900 años procedente de Chile hasta una cabeza de un indio del Amazonas, pasando por una momia egipcia, mariposas, jabalíes y tortugas.

“En un museo cualquiera se puede ir a ver lo que se expone y luego pasarse por la tienda a comprar piezas, que suelen ser de juguete y suvenires. Aquí exponemos pero también vendemos piezas reales procedentes de la propia naturaleza”, explicó hoy a Efe Emma van Grinsven, del equipo del establecimiento.

Hace ocho años que este museo, que también expone sus piezas en línea en la web museumwinkel.com, abrió sus puertas. El proyecto fue una idea de dos amigos que años antes vendían algunas piezas por encargo en su propia casa.

Sus artículos son peculiares y sus clientes “no solo son holandeses” sino que proceden de diferentes partes del mundo, desde personas que “aman a los animales, a los que quieren usar estas piezas para decorar sus restaurantes, o comerciantes que adquieren taxidermias para su reventa” en otros países.

El museo comenzó con solo tres empleados que se dividían entre la tienda, el museo y el taller, todos situados en la ciudad de Nijmegen, pero ahora el equipo asciende a 15 personas que atienden tanto en la tienda física como en línea, para vender desde objetos históricos hasta momias, calaveras y esqueletos.

“Funcionamos como un zoológico, pagamos por los animales fallecidos y luego los exponemos. Trabajamos con profesionales bien preparados, que pueden estar ocupados durante días con un solo animal”, dice otra empleada, Nicolette Naphausen, quien considera que este museo muestra a niños y adultos “lo bonita que es la naturaleza”.

Las momias humanas vienen del extranjero. Se compran a museos o arqueólogos, pero también provienen de una herencia o de una compañía de seguros que se lo entrega al museo, pero siempre “por vías legales”, insiste Van Grinsven.

El precio de venta de la cabeza de momia egipcia asciende a unos 47 mil euros, pero también se puede pagar sólo un euro para adquirir un insecto pequeño.

Algunas de las piezas tienen años de historia, como es el caso de una cabeza reducida y que tiene 150 años.

“Es la cabeza de un hombre que fue decapitado por los indios en el siglo XIX. Después de que le cortaran la cabeza, le quitaron el cráneo y le cocinaron la piel para que se encogiera. Luego, le cerraron la boca con la creencia de que así la mente del hombre no podría escapar”, relata Naphausen.

Desde el equipo, hay quien es consciente de que tener un humano momificado puede sonar sorprendente, pero lo explican como “una manera de descubrir a las personas porque esto forma parte de la historia”.

Más allá de los que están dispuestos a colocar en su salón la cabeza de un indio reducida, la mayoría de los clientes están interesados en animales con mucho pelo y las momias por interés en la historia o en coleccionar seres vivos momificados.

Van Grinsven subraya que cada pieza cuenta con sus certificados y documentación propia porque todo lo que hace este museo “es totalmente legal” y subraya que “es la vía más correcta para aquellos que quieren tener un trozo de la historia o naturaleza” en sus propias casas de manera responsable.

Sin embargo, desde el Rijkmuseum en Ámsterdam no ven muy ética la venta de restos de humanos.

En declaraciones a RTL Nieuws, su director Wim Weijland, considera que este museo no debería “existir” porque “hay que tener cierto respeto por ese tipo de restos y añadió que, como responsable del Rijkmuseum, “no pensaría éticamente en comprar o venderlos”.

Para Van Grinsven, el objetivo de esta tienda-museo es “mostrar las piezas al público para informar y para educar” y no como ocurre en algunos museos, donde “muchas piezas” no acordes a la política del museo se guardan en el sótano y nunca salen a la luz.