Traigo una indigestión crónica que ya no aguanto más. Apenas puedo conciliar el sueño. Si antes dormía seis (6) horas, ahora ando en las cuatro (4) en promedio. Esa indigestión es un cuadro muy severo que hasta cierta sensación como de “asquito” me ha llegado a provocar, al punto de la regurgitación, perdónenme el exabrupto, pero no encuentro otro vocablo más pertinente. Estoy peor que Antoine Roquentin, el personaje central de la novela “La náusea” de Sartre, y es que en estos días previos al Mundial y a las elecciones en México, hay una especie de vaciedad en esto que estamos viviendo en estas horas que definitivamente me rebasa.
Mire, yo estoy tocado futbolísticamente hablando desde el Mundial del 70. Aquel 4 a 1 que nos encajó casi caminando la Squadra Azzurra en el estadio Bombonera de Toluca, es como una puñalada que me dejó indeleblemente marcado para toda la vida. La esperanza se esfumó en aquel fatídico partido de octavos de final, en donde a México le tocó la desgracia de enfrentarse a Italia. En los primeros minutos la selección nos hizo soñar cuando José Luis “el Calaca” González abrió el marcador en un rebanón que hizo cimbrar a todo México, pero en especial a la casa de los choriceros, la Bombonera se caía a pedazos. Después vendrían 4 goles de los herederos del emperador Marco Aurelio que harían añicos nuestro orgullo nacional. Todo comenzó aquel desgraciado día con un autogol de Gustavo “el Halcón” Peña, después vendrían uno de Luigi Riva y dos más de Gianni Rivera, par de tremendos gladiadores. Cómo no nos iban a ganar, traían armadura, espada y escudo para la lucha cuerpo a cuerpo.
Hasta parece que estoy escuchando gemir la derrota a los dos portentos de la crónica en México: Fernando Marcos y Ángel Fernández.
Después vendrían las derrotas ante Bulgaria en el 94, en donde los búlgaros comenzaron ganando con un disparo cruzado de Hristo Stoichkov. Parece que estoy viendo la endemoniada descolgada del veloz delantero y su disparo venciendo a Jorgito Campos con tremendo zurdazo. Luego empataría el capi Alberto García Aspe, terminó el tiempo reglamentario y después vendrían los tiempos extra y Mejía Barón sin hacer cambios. Al final los malditos penales que nunca se nos han dado, pánico escénico tal vez, total, la cosa es que fuimos eliminados. En el 90 no fuimos al Mundial de Italia por el tema de los cachirules. Qué cosas chingao.
Luego en el 98 que se nos atraviesa Alemania, a la que le pudimos ganar si el de Poza Rica Luis Hernández no falla el 2 a 0 de México contra los teutones que, al final, no nos perdonaron ganándonos 2 a 1. Otra vez la mala suerte de nuestro lado. En el 2002 en el Japón-Corea los Estados Unidos nos eliminó dolorosísimamente. Fue como un escupitajo en la cara. En 2006 la cita fue en Alemania, y ahora Argentina se nos atragantó en octavos de final. Comenzamos ganando a los pamperos con gol de Rafa Márquez, luego nos empatarían por conducto de Borgetti que anotó en propia puerta. Empatados nos fuimos al descanso, después vendría otro desgraciado gol de volea de Maxi Rodríguez que nos dejó Fuera. México jugo al tú por tú con los argentinos. Ese gol de Rodríguez es la fecha en que todavía no lo digiero.
Después, pues después lo mismo, la decepción nacional. Yo estoy muy desencantado del fútbol mexicano tan mediocre que tenemos. El Cruz Azul, el otrora mi equipo de mis amores no da pie con bola. Parece que cruzazulearla es su destino. ¿Que qué espero de Rusia 2018?, la verdad es que nada, somos de media tabla y con Osorio no creo que las cosas sean distintas. No lo voy a ver a menos de que ocurra algo milagroso. Cada vez pienso más que el fútbol (de México) si antes era lo menos importante de la más importante, hoy creo que es lo menos importante de lo menos importante. En mi escala de valores personales está en lo más bajo.
Pasa como la política. Estoy saturado. Me aterra pensar que vaya a ganar finalmente ya saben quién. Soy un profesional de la Administración Pública y el análisis político es mi fuerte, por eso no soporto el panfleto, detesto las simplezas como dizque el medio en que, taumatúrgicamente, se van a solucionar los problemas de este país.
Me despido con el recuerdo de aquel grito desesperado al punto de la súplica de Fernando Marcos a Enrique Borja, después de una escalofriante escapada por la banda izquierda de Aarón Padilla y el centro al Cirano: ¡Borja no falles… métela por favor! En aquel juego terminaría anotando para un salomónico y agonizante empate.

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@gonzalezga