Siempre será una decisión complicada optar por lo consecuente, estar en el lugar que te dicta tu conciencia e ir contra la corriente. La historia política de México, se nutre de partido de Estado, clientelismo, oposiciones paleras, unanimidades y el presidencialismo, entre otros elementos negativos. Lentamente se ha avanzado en un sentido plural y democrático. Pero no todo es irreversible, si no se consolidan y cuidan las avances puede haber regresiones con envoltura nueva. En esta coyuntura electoral ha irrumpido con mucha fuerza el pragmatismo electoral en casi todos lados. Es claro que para muchos simplemente el fin justifica los medios; quienes se mueven por pulsaciones románticas supuestas o reales, con algunas vagas referencias a ideologías, dirán que lo hacen por una causa superior, seguramente pensando en los asaltos al Palacio de invierno Ruso, al cuartel de Madera mexicano o al cuartel Moncada cubano.

Están a la vista la reedición del famoso fenómeno de “la cargada”, las poses de lo políticamente correcto, el hombre fuerte y una especie de pensamiento único que se nutre de ocurrencias y consignas. Ocurre ante nosotros, tiene su legitimidad, estará a prueba y puede ser un fracaso histórico. Es relativamente sencillo nutrir a la base política de líneas victimistas e inconformidades pasajeras; eso da para actos masivos y encuestas; el problema es que el voto no se inventa, no es eterno, cambia y debe seguir cambiando; un voto sin algún sentido, sin razones es un sufragio errático, confuso e inútil. La figura de un hombre fuerte, de tipo providencial, sobre todo en un país empobrecido y engañado, puede ser impactante para grandes sectores de la población, hasta nublar cualquier juicio crítico; lo mismo es una solución mágica para el marginado que el relevo de esfuerzo del más pensante.

Las condiciones se dieron para el ascenso de un movimiento que revive el viejo espíritu, estilo y pensamiento del decadente partido tricolor; sexenios fallidos, escándalos sin fin, lentitud en los resultados de las reformas y hartazgo de las mayorías dibujaron un escenario favorable para quien tenía muchos años de trabajar la plaza, de ser omnipresente y ofrecer salidas rápidas y fáciles a los problemas nacionales. La clave de cualquier sacudida estará en crear o consolidar instituciones democráticas, de equilibrios, y en el fortalecimiento de la sociedad civil, que deberá participar de manera más activa y comprometida. No hay que perder de vista que, en buena medida, las tendencias favorables para el puntero en las encuestas se deben a sus alianzas con grupos de poder y de control corporativo a nivel nacional y en muchas regiones de nuestro país.

Nada positivo vendrá del culto a la personalidad, que supone inhibición de lo colectivo y de la crítica, alineación sumisa y repetición incesante de consignas. Así ha sido en la historia mundial. Ese culto no es espontáneo, se ha fomentado en forma deliberada; el sujeto del culto por tener esa visión de sí mismo, como salvador; los cercanos, por conveniencia, por poder; la base, el pueblo, por nuestra historia de Tlatoanis, Virreyes y Presidentes. Ese culto se nutre de alusiones y elementos religiosos. El movimiento que rodea al culto deviene en características sectarias, es hueco y coyuntural, se alimenta de discursos emotivos y se conforma con ocurrencias. Esas masas parecidas ya las vimos antes, en los tiempos de gloria del partido tricolor.

Vienen tiempos duros para la libertad, la crítica, la rebeldía y la disidencia. Vienen tiempos de unanimidades, de lo políticamente correcto, de las causas superiores que lo justifican todo, de intoxicación de seudo ideologías, de la presencia abrumadora del hombre fuerte y de las pruebas mayores para la pluralidad de estos tiempos. Desearía equivocarme. Será una prueba para los espíritus libertarios, hasta para uno solo, quien basta para pensar diferente, para no alinearse. Estos son nuestros tiempos. Los que de siempre hemos levantado banderas de libertad, los que remamos contra la corriente, los que nos resistimos a seguir caudillos de antes, los que enfrentamos al sistema en las peores condiciones, los que fuimos testimoniales, los rebeldes, los solidarios, los de lucha, los compañeros, ellos, otros y nosotros, seguiremos igual, en la convicción y dando la cara ante cualquier despotismo del color que sea.

Recadito: son días de reflexionar en serio y a fondo antes de emitir el voto.

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