No hay experiencia más grata, al menos para un servidor, que observar el cielo despejado en una noche de estrellas. Entre la escuela secundaria y los primeros años de la prepa, solía ir con mucha frecuencia de campamento, pertenecía en aquel entonces a un grupo de voluntarios juveniles que dependían de la Cruz Roja Internacional (Red Cross Youth) y solíamos ir, como comúnmente se le llama, de campamento. Es de los mejores y más gratos recuerdos que tengo de esa etapa de mi vida, con todo y lo que eso conllevaba: fogata, casa de campaña, auto proveerte de tus alimentos, y la convivencia juvenil es lo que poéticamente se ha dado en llamar una ‘experiencia religiosa’ por lo que concierne a estar en contacto directo con la naturaleza, pero también por la oportunidad que uno tiene en una noche despejadas, observar en toda su magnitud el cielo estrellado y cómo de repente, lo atravesaba una estrella fugaz, instantes del misterio de espacio que apenas lograba uno a registrar precisamente por su fugacidad. Las madrugadas de antes de antier, antier y la de hoy se pudo observar en el cielo este fenómeno que nos es otra cosa que polvo sideral atravesando la barrera de nuestra atmósfera. Ahí he estado pendiente del cielo, las he podido observar, no con la frecuencia que hubiese querido, pero las pocas que he visto son un espectáculo por desgracia instantáneo pero no por eso menos espectacular. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.