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El País/Reforma

Con 6 votos contra uno, el Tribunal Superior Electoral (TSE) de Brasil rechazó este viernes la candidatura presidencial del ex Mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, preso por corrupción.

Al inicio de la sesión de casi nueve horas, el juez Luis Roberto Barroso, instructor del TSE, pidió que la candidatura fuese negada por su condición de condenado a prisión y con pena confirmada en segunda instancia.

“Voto por la procedencia de las impugnaciones” y en consecuencia “niego el registro de la candidatura del señor Luiz Inácio Lula da Silva”, declaró el juez.

También, según las normas electorales, propuso un plazo de diez días al Partido de los Trabajadores (PT) para que reemplace a Lula como candidato presidencial, lo cual puede encumbrar a esa posición a Fernando Haddad, compañero de fórmula del ex Mandatario.

Asimismo, subrayó que Lula no podrá aparecer en los espacios de propaganda política del PT en ningún medio, incluida la televisión, en la que la campaña de los candidatos presidenciales para las elecciones de octubre comienza este sábado.

Barroso negó cada uno de los argumentos de la defensa de Lula, en su mayoría apoyados en una cautelar del Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que pedía garantías para su participación en las elecciones, sobre la cual afirmó que “no es vinculante”.

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Lula da Silva, quien permanece como candidato puntero en las encuestas con el 36 por ciento de la intención de votos, se inscribió como candidato el 15 de agosto, en desafío a las leyes que prohíben la candidatura de condenados en la segunda instancia como él.

El ex Presidente está acusado de favorecer a la constructora OAS a cambio de un departamento. Sin embargo, su defensa alega una persecución política e irregularidades en el proceso, como falta de pruebas y que su proceso legal se aceleró y duró solo nueve meses, la mitad del tiempo que otros casos similares.

De serle negada la candidatura, se abrirían ante el ex Presidente dos caminos.

Uno de ellos es rechazar el veredicto y seguir la carrera hacia delante hasta las urnas. Aún tiene derecho a tres recursos más, ante el Tribunal de Justicia y el Supremo.

Y mientras se tramitan, nada en la ley le impide seguir haciendo campaña (o mejor dicho, que el Partido de los Trabajadores haga campaña en su nombre mientras él cumple condena), y apareciendo en la propaganda electoral. Pero se expone a que, si sigue así hasta el día de las elecciones, sus votos se consideren nulos.

Otra opción sería aceptar la sentencia y delegar la campaña y todo su proyecto político en su número dos, el ex Alcalde de Sao Paulo Fernando Haddad.

En Brasilia está muy extendida la teoría de que Haddad es el candidato real del Partido de los Trabajadores (PT) desde que Lula entró en prisión y se quedó virtualmente impedido de ir a las urnas.

Así, el ex Presidente solo estaría prestándole su nombre, en una candidatura que se organiza desde su celda, mientras él se da a conocer y gana músculo entre los votantes.

Pero la opción de dejarlo todo en manos de Haddad prematuramente también entraña riesgos. El ex alcalde no acaba de despegar en las encuestas.

En una de las más recientes, solo el 4 por ciento de los votantes de Lula dijo que le daría su voto si el ex Presidente fuese vetado por el Tribunal Electoral.

Una solución intermedia es extender su campaña hasta el 17 de septiembre, 20 días antes de la votación de primera vuelta y último día para pedir cambios en una candidatura.

Si Lula consigue encadenar recursos y estirar hasta entonces su condición de candidato -a la espera de que ese último recurso confirme que no puede serlo, como se prevé que ocurra-, podrá cambiar su inscripción a última hora y dejarlo todo en nombre de Haddad.

Habrá hecho, ahora sí, toda la campaña posible por su protegido y habrá mantenido al PT dentro de la legalidad.

Foto de EFE