En la línea de las utopías o creencias se ha hablado del hombre nuevo y del ser bueno. Se ha pensado que por medio de algún sistema social y político o de alguna religión es posible contar con mejores seres humanos. En la crisis de las ideologías y la reafirmación del capitalismo, en un sentido más pragmático, los intentos similares han quedado en el planteamiento de ciertas políticas públicas o intentos de manejos presupuestales con fines benefactores. La historia nos enseña que los experimentos de uniformidad social han derivado en tiranías y descenso de los derechos y la dignidad humanas. Mucho tiene que ver el ejercicio del poder en los niveles de desarrollo social en todos los sentidos, sobre todo en nuestro continente, marcadamente en América Latina. Hay un rezago importante en buenas actitudes y prácticas en la convivencia social. Me parece que lo que impacta todos los ámbitos de las sociedades es nuestro nivel de civilización. Lo vemos en los niveles de violencia en general, en el trato a las mujeres, en la relación con los ancianitos, en el manejo de los asuntos públicos, en la discriminación a los indígenas, en la homofobia y en un evidente clasismo.

La naturaleza humana requiere Educación permanente y entornos sanos para volverse sociedad de tolerancia y armonía. En la crianza y la enseñanza inicial están las bases de un crecimiento normal y mejor. La condición humana se muestra y abre paso con los filtros de la educación y las reglas sociales o impacta directamente cuestionando los valores fundamentales de la comunidad. La condición humana será determinante siempre, contra la lógica y el sentido común constantemente nos dará muestras de su vigor y persistencia. Las sorpresas que dan los comportamientos bárbaros, arbitrarios, antisociales y divisorios apenas se reponen una vez para volverse a presentar. Si algún comportamiento individual o colectivo rompe las reglas básicas de convivencia, desafía al sentido común y cuestiona la calidad de las relaciones personales, tiene que ver directamente con la condición humana.

Existe, es fuerte, está presente en cada quien y en las comunidades la calidad humana. Es el nivel de desarrollo humano y social que da equilibrio a la sociedad. Que empuja la evolución ciudadana, que logra justicia, progreso y educación. Con calidad humana se genera convivencia sana, armonía, cooperación, solidaridad, tolerancia, inclusión y compañerismo. Todo eso, cualidades, se expresan en lo individual y en lo colectivo. Decir calidad humana tiene un sentido sustancial, nada que ver con posesiones o roles de poder. Es la condición de quienes son humildes, autocríticos, empaticos y aportan a su colectividad. En el sentido ciudadano tiene que ver con las prácticas democráticas, las libertades, el medio ambiente y la cultura.

Las aspiraciones sobre el buen comportamiento y las buenas personas en función de un proyecto político que no tengan sustentabilidad institucional quedan en los riesgos y la volatilidad ya conocidas del voluntarismo. Si la única garantía del logro de esos propósitos radica en las cualidades de un líder u hombre fuerte y providencial, las posibilidades del fracaso son enormes en mediano o largo plazo. No hay actualmente en México, tal vez nunca la hubo, una formación partidista o un discurso político que inspiren la confianza y certeza de que habrá mejores ciudadanos. Por supuesto ayuda para que eso ocurriera el que exista un Estado de Derecho, Gobiernos honestos y austeros, apertura y transparencia en los asuntos públicos, superación de la pobreza y la violencia. Es decir, si puede haber desarrollo social, requisito para mejores personas, siempre y cuando se entienda y atienda lo fundamental, o sea, inclusión y libertad. Si se opta por lo viejo y los juegos de poder, si se pospone la ciudadanía y se crean masas clientelares, no habrá avance. Eso sí, veremos escenografías monumentales del siglo pasado, estampas de masas anónimas. Se generarán seres humanos precarios, desechables, que, en su entorno privado, harán lo propio.

Prácticamente en ningún ámbito donde haya instancias de poder o control, desde lo religioso hasta lo deportivo, pero mucho más en lo político, se es ajeno a las manifestaciones de la condición humana. Sin reformas, sin vigilancia y sin estructuras institucionales prácticamente es imposible que sean mejores, plenas, de calidad y con esperanzas.

Recadito: pobre Educación mexicana, está apunto de ser maltratada por el primitivismo y la demagogia.

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