Gentrificación. Por Pedro Chavarría. El Disector.

En los últimos días este término ha resaltado y ha ocasionado mucho ruido, aunque no es un fenómeno nuevo. Se refiere a cómo un grupo poblacional es desplazado por otro de mayor poderío económico. Desde la Roma antigua, el fenómeno es conocido y registrado, solo que ahora los medios de comunicación lo han destacado más, y ha dado lugar a protestas, desbordadas en forma delincuencial e injustificada, a todas luces, condenable.

Hace mucho que sucede. Tomemos el caso de un cierto barrio, como algunos que hemos visto en nuestra ciudad, aunque no precisamente invadidos por extranjeros, como ha resultado más notorio en estos últimos acontecimientos. Yo crecí en un barrio muy cercano al centro de Xalapa, apenas a tres cuadras del primer cuadro de la ciudad. Era un barrio tranquilo, con casas de altos techos, tejados, sostenidos por vigas de madera. La calle, abierta a la circulación, era nuestro patio de juegos, pues pocos carros la transitaban.

En esa época, hará unos 60 años, o poco más, jugábamos futbol, beisbol y muchos otros pasatiempos. Nos avisábamos cuando se aproximaba un vehículo, para suspender temporalmente el juego. A la voz de “Aguas”, la actividad se interrumpía temporalmente. Pasado uno, o máximo, dos vehículos, todo se reanudaba. En una cuadra había algunos terrenos no ocupados y todos los vecinos nos conocíamos. En muchas casas se desarrollaban actividades con las que la familia se sostenía económicamente.

En esa cuadra había zapateros, tenderos, lavanderas y planchadoras, costureras, vendedoras de antojitos fritos, tortilleras, una inyectadora y una enfermera, dos ventas clandestinas de alcohol, dos cantinas, un zapatero remendón, un carbonero, un carnicero, un panadero, una fabricante y vendedora de combustibles, un fabricante de papalotes, dos sastres, un expendio de petróleo, una frutería, dos polleros (un varón por un lado y un mujer por el otro), un fontanero y alguna vez, hasta un guardaespaldas y dos taxistas, un ferrocarrilero (mi padre) y un pagador de “Caminos” (mi padrino). De todos ellos, quizá solo los tenderos rentaban un local y pagaban por ello.

En esa época casi todos trabajaban en sus casas, hasta el carbonero. Había un patio de vecindad y otro muy cercano, y a la vuelta de la esquina un kínder y una primaria. En la siguiente cuadra una maestra daba clases particulares por las tardes, para regularizar alumnos de primaria en problemas. En esa época, los taxis no se llamaban así, se les conocía como “carros de alquiler”, o “coches de sitio”o “libres” (cuando no llevaban pasaje). Hoy, quizá el 90% de todos esos personajes y actividades han desaparecido. Queda una tienda, quizá un sastre, creo que la frutería. En lugar de las casas con tejados, aparecieron los de concreto, de dos o tres plantas, surgieron locales comerciales, oficinas y despachos.

¿Qué fue de aquellos personajes y servidores, que al tiempo que se ganaban la vida, nos la facilitaban?. Sus viviendas eran al mismo tiempo sus centros de trabajo y alrededor de 25 muchachos jugábamos en la calle. Nunca nadie fue atropellado, pues casi no pasaban autos. Hoy ni siquiera se puede cruzar la calle con tranquilidad y hay tres largas filas de autos estacionados, unos voluntariamente y otros obligados por el lento tráfico. La mayoría en esa cuadra pagaba renta, desde muy barata, hasta moderada para los estándares de esa época. Solo tres familias teníamos auto y en alguna época, cuando yo tendría unos seis años, solo había tres televisores en toda la cuadra y un número similar de refrigeradores y lavadoras; lo que siempre había, eran lavaderos y pilas para almacenar agua. Para lavarse las manos o la ropa, se usaba un bote de conservas ya consumidas y con él se sacaba el agua de la pila y se vertía en el lavadero, que era de ladrillo y piedra.

El caso es que todo eso, no solo los habitantes, desapareció: fueron desplazados. Y no llegaron gringos, ni otros extranjeros. Personas con mayor poder económico los desplazaron. El barrio e transformó. Casas sencillas y antiguas fueron sustituidas por otras más modernas, incluso locales comerciales, oficinas y despachos, que en esos años eran impensables. ¿Oficinas? ¿Despachos? Las del Palacio de Gobierno. Los de la calle principal de la ciudad. Aunque sigue siendo habitacional la zona, es más bien, mixta: comercial también. Ya no vive el mismo tipo de personas ahí. Impensable buscar un carbonero, o una vendedora de pollo. ¿Un fabricante de papalotes? ¿Una persona que inyecte?

La gentrificación es un proceso social normal. En algunos casos, la presión social desplaza a unos por la llegada de otros, que van imponiendo nuevas costumbres, o nuevos estándares de vida. Las casas antiguas tuvieron que transformarse para albergar autos en su interior. El patio de juegos comunal, que también servía de calle, desapareció, engullido por el tráfico vehicular. Ya no pueden vivir ahí las personas de antaño. A veces ya no pueden pagar la renta, a veces sus casas cedieron su lugar a locales comerciales, o despachos.

El fenómeno no obedece a un complot perverso. Sucede casi imperceptiblemente al principio. Una vivienda se desocupa. Es solicitada por una persona que luce con mayor potencial económico. Está dispuesta a pagar más porque el lugar le parece atractivo. El casero obtiene mayor beneficio. El trato se cierra. Y así seguirá sucediendo. El nuevo vecino atrae a otros como él, con intereses y potencial similar. Otros dueños ven la oportunidad de remodelar para rentar más caro, inclusive para vender, ahora a mayor precio, pues la zona se está revaluando. Con mayor presión si nuevos servicios aparecen: mercados, restaurantes, escuelas, edificios con nuevos comercios, etc.

En otro caso, que pude atestiguar: abre un gran hospital. De inmediato aparece la necesidad de nuevos servicios, como farmacias, funerarias, restaurantes. Las casas abren improvisados locales comerciales en la cochera. Una taquería que se vuelve exitosa y necesita crecer. Al poco, la cochera es ya insuficiente. Los dueños transforman toda la casa en un restaurante y emigran a vivir en otra colonia. Es más lucrativo explotar la casa como negocio, que vivirla. En el más sencillo de los casos, conviene más rentarla para uso comercial, que vivir ahí: con la renta o la explotación comercial, rentan, compran o construyen en una nueva unidad habitacional, o residencial.

La oportunidad de negocio surgió de la gentrificación. La posibilidad de cobrar renta más alta, o vender a mayor precio, viene de los nuevos vecinos con mayor impacto económico. Si la zona se “acredita” como deseable para personas que pueden y desean pagar más por las ventajas que ahora representa la zona, ¿por qué no aprovechar la oportunidad? Si la zona se ha vuelto comercial, gracias a la iniciativa de nuevos vecinos, ¿por qué no abrir un negocio propio y obtener legítimos beneficios? O al menos rentar como uso comercial, que reporta más beneficios que el habitacional. Se entiende que la gentrificación es un proceso social, pero, para disecar este, llamemos “gentrificador” al que llega con mayor potencial económico y que puede desplazar al antiguo vecino. Surgen varios escenarios posibles.

Primer escenario. El gentrificador llega por sí solo y busca rentar/comprar. Como está interesado y de algún modo se revela su potencial (aspecto extranjero, vestimenta, actuación, etc), el propietario ve la oportunidad de obtener mejores beneficios. ¿Debe detenerse porque no es el mismo tipo de persona que ya habita/renta ahí? ¿Debe rechazarlo porque es extranjero? ¿Xenofobia? Es claro que no. Obtiene una ganancia legítima.

Segundo escenario. Se abren nuevas facilidades, gubernamentles o privadas, y la zona se recategoriza y adquiere potencial comercial. ¿El propietario está obligado a permanecer como simple habitante? Tiene el derecho de explotar el uso comercial y transformar su casa en local para negocio, habida cuenta de cubrir trámites, permisos y adecuaciones pertinentes. Sea que abra un comercio propio, o que rente a otro. En ambos casos es muy factible que abandone la zona e inclusive, que él mismo se vuelva gentrificador en otra parte de la ciudad.

Tercer escenario. Condenable, ciertamente. Desarrolladores voraces y corruptos intentan apoderarse de terrenos y propiedades, desplazando a los propietarios originales, pagando bajos precios y con presiones de todo tipo, a fin de construir y reorientar el uso del suelo. En este caso solo gana la corrupción. Este tipo de gentrificación es condenable.

Obviamente el proceso de gentrificación es complejo y habrá mezcla de los tres escenarios. Al gobierno le corresponde asegurar que el tercer caso no se dé y que existan las facilidades adecuadas para que los desplazados puedan reubicarse de manera digna y con todos los servicios y facilidades necesarias, más allá de falsos nacionalismos y xenofobia, pues el concepto histórico de nación está cambiando aceleradamente. Los países actuales los podríamos clasificar en dos grandes grupos, según el atractivo por su nivel de vida.

Existen países de más alto y más bajo nivel. Lo cual es muy relativo. En donde hay más desposeídos, voltean a ver a otro país con mayores recursos y posibilidades de mejor nivel de vida, sin perjuicio de que los habitantes de este, encuentren atractivos en otro con menores recursos. Esto explica, por ejemplo, la migración entre EEUUAA y México. Nos quejamos de que nos gentrifican (¿se puede conjugar la gentrificación como verbo personal?) Nosotros, que también emigramos hacia allá: ¿los desgentrificamos, o antigentrificamos?, dado que también formamos y ocupamos colonias amplias y desplazamos, pero no tenemos mayor potencial económico.

¿Cómo llamar a este fenómeno? Sucede cuando en un barrio donde domina un grupo étnico, van llegando poco a poco los de otro y terminan apoderándose de un área significativa, pero no con mayor poderío económico, aunque, sin embargo, terminan desplazando a los de mayor nivel, así sea por la razón contraria. Los blancos no quieren vivir en barrios con gente de color, o quizá latina. Complejos fenómenos sociales, sin duda. La gentrificación está muy relacionada con la migración. La gente ya n se queda necesariamente donde nació. Ya antes pasó, si recordamos la colonización q          ue invadió grandes territorios y conformó nuevas composiciones nacionales, como el caso de México y EEUUAA, con la diferencia que aquí hubo mestizaje y allá, exterminio. Las nacionalidades modernas son muy diferentes a las del pasado. Los “güeros” del norte han tenido que ajustar su imagen para incluir negros, latinos y asiáticos, imagen donde se incluyen irlandeses e italianos, aunque no aparecen explícitamente. Españoles e indígenas dieron lugar a nuestro pueblo. Alguna princesa europea es de origen brasileño. A veces la migración da lugar a gentrificación.