Y si Martín Aguilar Sánchez voluntariamente, desoyendo los malos consejos de su pariente cercana, de Jaqueline Jonguitud, de Alafita, de Ernesto Isunza y de Manuel Huerta Ladrón de Guevara, tuviera una toma de real conciencia del valor de la dignidad, del decoro, del juicio de la historia, de la comprensión  de que por una ambición personal, alejada de la tradición y de la normatividad universitaria, ha provocado una inédita crisis en la Alma Mater dónde se ha desarrollado laboralmente en su vida,  y decidiera hacerse a un lado  del conflicto y del escándalo, qué bueno sería para casi todo el mundo. Foto de «Universo».