Ayer, en comida con buenos amigos, conté la anécdota que después de tomar posesión como Secretario de Finanzas y Administración de la UV en 1997, se presentó conmigo, bien trajeado, a saludarme y felicitarme un amigo que me dijo «No me voy a ir de aquí hasta que me des un cargo». Como él había sido mi maestro en la Facultad y era una de las personas más talentosas que yo había conocido, hice un esfuerzo para que se le otorgara, de inmediato, una Dirección General, pero no tuve éxito. Viene a cuento porque uno de los presentes en la comida nos contó que por la noche viajaría a la CDMX a saludar a un amigo veracruzano que estaba entregando su cargo en el gobierno federal, porque le iban a dar otro mejor. Le recomendarmos que se fuera bien trajeado y que dijera lo mismo que nos dijo nuestro maestro en aquella ocasión.








