Mi primo Ulises y la Ítaca de Kavafis
Dedicado a Ulises González Ornelas
El día que nació mi hijo primogénito, Ulises, su mamá al verlo por primera vez, y después de algunas palabras amorosas para el, en ese entonces recién nacido, se volteó a verme y lo primero que me dijo tajantemente fue: «No se va a llamar Marco Aurelio», y el que esto escribe, sin inmutarse ni pensarlo dos veces, reviró, está bien, ¡Se llamará Ulises! Sin mayores desacuerdos. Esta historia personal la traigo a cuenta por varias razones, la primera, porque mi primo hijo acaba de regresar de un año de estadía en Suecia, en donde realizó un posgrado. Para plantearlo en términos homéricos, regresó a su Ítaca y ya está trabajando como consultor en la Organización de las Naciones Unidas para la Industria Sustentable. Aquel domingo 1 de diciembre de 1991 cuando le repliqué a su mamá que se iba a llamar como el personaje central de la Iliada y la Odisea, lo hice porque el nombre Ulises (que viene de Ulysses, que quiere decir «el que odia o el que genera odio») fue una de mis primeras lecturas siendo un niño, en una versión fantástica que me regaló mi hermana Conchis, que traía ilustraciones y textos. Era una hermosa edición que había publicado la Secretaría de Educación Pública, y de inmediato me atrapó ser una lectura fantástica y epopéyica. Y ahora que se acaba de estrenar en el cine la súper producción de Cristopher Nolan, me permito traer a colación el hermoso poema de Constantinos Kavafis, «Ítaca». Van a ver qué belleza de prosa: Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. / No temas a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón, seres tales jamás hallarás en tu camino, si tu pensar es elevado, si selecta es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. / Ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni al salvaje Poseidón encontrarás, si no los llevas dentro de tu alma, si no los yergue tu alma ante ti. / Pide que el camino sea largo. / Que muchas sean las mañanas de verano en que llegues -¡con qué placer y alegría!- a puertos nunca vistos antes. / Detente en los emporios de Fenicia y hazte con hermosas mercancías, nácar y coral, ámbar y ébano y toda suerte de perfumes sensuales, cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. / Ve a muchas ciudades egipcias a aprender, a aprender de sus sabios. / Ten siempre a Ítaca en tu mente. / Llegar allí es tu destino. / Mas no apresures nunca el viaje. Mejor que dure muchos años y atracar, viejo ya, en la isla, enriquecido de cuanto ganaste en el camino sin aguantar a que Ítaca te enriquezca. / Ítaca te brindó tan hermoso viaje. / Sin ella no habrías emprendido el camino. / Pero no tiene ya nada que darte. / Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado. /Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, entenderás ya qué significan las Ítacas.