Ese sabio por viejo y santo por ser hombre de Dios, llamado San Francisco de Asís, afirmó: “Comienza haciendo lo que es necesario, después lo que es posible y de repente estarás haciendo lo imposible”
La frase se aplica a su vida querido lector… ¡y a la mía!, cuando nos damos cuenta que en el universo nada es imposible, sólo se necesita intentar, y si es necesario volver a intentar, ¡jamás claudicar! porque no naciste para la derrota, y como por arte de magia las cosas llegan, las puertas se abren.
Es importante vivir con confianza, confianza viene de CON FE, ten fe en que nada es imposible… si estás decidido, si estás resuelto, sólo es necesario fluir con el río de la vida, darse tiempo para “Hacer con soltura lo que es difícil a los demás, he ahí la señal del talento; hacer lo que es imposible al talento, he ahí el signo del genio.”
Generalmente a la gente que logra lo “imposible” le suceden dos cosas con antelación:
1.- Hacen a un lado al fantasma de lo imposible y van más allá de los límites, acarician sus sueños, creyendo profundamente en ellos mismos, porque “CREER ES CREAR”
2.- Dejan a un lado los miedos y temores, y
3.- No han dejado que su alma escuche tres palabras de voz de los mediocres: ¡ESO ES IMPOSIBLE!
A propósito de genio, cuenta mi estimado maestro y amigo Don Armando Fuentes Aguirre “Catón”, que: “cierto fin de semana decidió ir a su rancho ubicado en los hermosos parajes de ‘Potrero de Ábrego’ en el municipio de Arteaga, Coahuila, ahí donde se funde indisolublemente el tiempo y el amor, con la sana alegría de los niños, la fe de las mujeres, el vigor de los hombres y la sabiduría de los abuelos.
En el justo instante que llegaba, iba saliendo en una carreta el caporal del rancho a vender al mercado sobre ruedas, las frutas que afanosamente cultivaba.
Don Armando, con esa sencillez que siempre le ha caracterizado, se subió a la carreta y se fue a acompañarlo a la venta. Al llegar al pueblo, el campesino se apersonó con el líder del mercado, quien les dio permiso de vender las verduras, indicándoles se colocaran en la parte final del tianguis.
Para regocijo de ‘Catón’ y sorpresa de los comerciantes de a un lado, la gente se amontonaba para comprar las frutas, que por ser de excelente calidad y ser cultivadas orgánicamente, se vendieron como ‘pan caliente’.
Varios meses después, don Armando regresó a su rancho (donde cada fin de año lleva un festín de alegría y regalos a todos los niños, hasta los perros lo conocen pues se le acercan rozando su pantalón y meneando la cola en señal de afecto).
Al llegar en su camioneta último modelo, el ranchero se aprestaba a ir al mercado sobre ruedas a vender las frutas de su huerta; amablemente don Armando le ofreció subiera a la las cajas llenas de productos a la caja de la camioneta, para ir más cómodos, y nuevamente lo acompañó a ofertar sus productos.
Llegaron al tianguis, y el ranchero, le pidió fueran con el líder del mercado sobre ruedas a efecto de solicitarle permiso para vender; el líder de los vendedores ambulantes al verlos en la camioneta, dejó lo que estaba haciendo, se dio tiempo para lleno de curiosidad recorrer con su vista la camioneta de un lado a otro, le ‘hecho un vistazo’ a la carga y luego con la diestra masajeándose la barbilla se dirigió a ellos, les dijo:
— ¡Mmmmmm! ¡Les ha ido muy bien cabrones!”
La historia de mi maestro y amigo “Catón” me cae como anillo al dedo: ¡¡ME HA IDO MUY BIEN!!… en distintas partes de la geografía nacional quieren conocer de viva voz el genio y el ingenio, la obviedad, el sentido común y de vida del campesino de Güémez y me han hecho el honor de aceptarme para escribir en nuevos periódicos y de contratarme para dar Talleres y Conferencias.
Este viejo Filósofo hace suyo el humor del mexicano que dice:
“El que es cabrón, es cabrón; el que se muere, es difunto; y el que es pobre, es todo junto… ¡POBRE, CABRÓN Y DIFUNTO!
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