¡Qué bonito! Pero de verdad qué bonito se escucha la canción de Veracruz cuando es interpretada por la banda de música de la Marina. Suena a perfección, tanta que pensé que era playback y que nos estaban tomando el pelo a todos los asistentes, al Estado Mayor Presidencial, a los generales, capitanes, coroneles, tropa, gleba, pelones y hasta al propio Presidente en la ceremonia de este lunes en el Puerto de Veracruz. No era playback, estaban tocando en vivo pero la banda estaba semiescondida y fuera del alcance de mi vista.

Los acordes que inundaron la Plaza de Armas fueron una serenata que nos trasladaron a escenas en blanco y negro de Agustín Lara cantándole a esta tierra. Eso solito valió el viaje pues hasta las palmeras se contoneaban por el Norte gracias a la música en un baile pendulante embriagador. Mientras, este su columnista trovador traía su propio baile interno, un dilema que era más bien una danza propagandística: si se me acerca el Presidente ¿Le pediré una selfie? ¿Y si la tomo, la publicaré en mi feis? ¿Y si la publico, me tacharán de algo? ¿Y si me tachan de algo, me importará demasiado? ¿Y si me importa demasiado, entonces tendré problemas de autoestima? ¿Y si tengo esos problemas, culpo al Estado? Al final –yo creo que Peña me vio muy preocupado- el Presidente no pasó lo suficientemente cerca de mí y eso me quitó un enorme peso de encima.

Hay, eso sí, muchos que estuvieron muy emocionados de estar en la ceremonia conmemorativa del Día de la Armada de México que encabezó Enrique Peña Nieto. Yo estaba contento sin llegar a la exultación. Los que sí parecían Rugrats en guardería eran los legisladores federales que parecían pepitas brincando en sus asientos. Cuando el Presidente se acercó con ellos parecía que estaba regalando boletos para el partido del Tiburón porque se abalanzaron hasta la cinta divisoria con la intención de saludarlo, darle la mano, tocarle el hombro, tomarse la foto, que les hiciera aunque se un guiño. Al final, para que no se pelearan porque ya les estaba saliendo lo jarochos y estaban a punto de llegar a las trompadas, Peña Nieto se tomó una foto grupal para que no hubiera sentidos. Sólo la diputada Sofía de León Maza tuvo el arresto (a cualquier mortal eso sí le hubiera valido la cárcel) de rodar debajo de la cinta y tomar del brazo al Presidente para tomarse la foto que, estoy seguro, ya debe haber mandado a imprimir, enmarcar y colgar en su oficina de San Lázaro.

Todos ellos buscaban algo, más bien de tinte político. Nadie, pero nadie traían la inocencia de las hermanitas que se sentaron delante de mí y que sus padres tuvieron el buen tino de llevar. La mayor, como de cinco años se notaba más seria. La pequeña, como de cuatro, estaba muy emocionada. Cuando llegó el Presidente aplaudió como aplaudieron todos. Cuando lo presentaron aplaudió como todos. Pero luego, a cada dos o tres oraciones del Presidente, la pequeña volvía a aplaudir, mientras que su hermana mayor se sonrojaba y le decía “ya estate”. Cuando se acercó el Presidente la pequeña brincó ágilmente las dos hileras que tenía delante y lo saludó de mano. La abuelita, loca de la emoción, como gallina cacareaba “Le tomaron foto a la niña cuando saludó a Peña Nieto ¿No? ¡Ay! No me digan”. La pequeña estaba radiante y le decía a su papá Aquí papá, aquí me tocó, y le extendía la mano para que la viera de cerca sin dejar que él se la tocara.

He asistido a varios eventos presidenciales y aunque me tachen de algo le diré que siempre los he considerado bastante recordables. Sin embargo, a un evento con la Marina, jamás. Son requetebonitos dirían en mi pueblo; los marinos con sus uniformes blancos e impolutos, y las marinas gráciles, saben llevar con gallardía casi doscientos años de historia. Este pedacito de Patria que es Veracruz, también sabe y ha sabido ser heroica, gracias, en mucho, a la Marina. Los legisladores olvidarán este día porque para ellos no hubo nada trascendental, pero esa niña, pese a su corta edad, llevará la impronta del saludo del Presidente en su memoria. Yo no, a mí no me saludó, pero sí espero recordar por lo que me resta de vida, esas maravillosas notas de Veracruz de Agustín Lara entonadas por la banda de música de la Marina pues tocan requetebonito.

Tome nota: entre el 15 y el 20 de diciembre podría definirse el candidato a la gubernatura del 2016.

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