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EFE

El vertedero de Victoria Falls, la turística población a pie de las Cataratas Victoria en Zimbabue, es una trampa mortal para los elefantes que habitan en una de las maravillas naturales del planeta.

Los paquidermos que habitan esta reserva de 23 kilómetros cuadrados se abren paso a mordiscos entre las bolsas de plástico que inundan algunas de sus zonas y el vertedero de Victoria Falls, la localidad situada al pie de las cataratas y reconvertida en un complejo turístico de lujo.

No hay ninguna barrera física que separe la reserva natural del vertedero, al que los animales acceden con facilidad atraídos por olores orgánicos de unos residuos que confunden con alimentos.

Algunos animales, como las hienas, perciben la trampa, pero los elefantes caen con facilidad. Según diferentes conservacionistas consultados por Efe, al menos siete de estos mamíferos han muerto en los últimos meses por la ingesta de plástico.

Se sienten atraídos por el “intenso olor” de las bolsas que pocos días antes han sido utilizadas para guardar pan y otros alimentos, explica a Efe Trevor Lane, de la fundación Bhejane Trust.

“Acabamos de perder otro elefante. Era grande, con bellos colmillos. Lo perdimos frente a una cabaña, y fue debido al plástico”, lamenta la directora de la ONG Environment Africa, Charlene Hewat.

“Son sobre todo los elefantes adultos los que se alimentan en el vertedero”, añade.

Lane, Hewat y otros conservacionistas han puesto en marcha el proyecto comunitario Victoria Falls Elefence (término que juega con las palabras “elefante” y “valla”, en inglés), que aspira a levantar una alambrada electrificada y alimentada con energía solar.

Esta iniciativa, que requiere una inversión de 50 mil dólares, pretende mantener a los elefantes alejados del vertedero y a salvo dentro de los límites del parque.

“También queremos limpiar el parque. Está lleno de plástico”, asegura Lane, como demuestra un vídeo difundido a través de internet por la comunidad Elefence.

Las imágenes exhiben la belleza de las Cataratas Victoria, una de las siete maravillas del mundo, y cómo los elefantes que las habitan enfilan el camino hacia el vertedero municipal, apartando desechos de plástico con las patas.

Un paquidermo aparece muerto tras haberse tragado una bolsa de plástico. “Debe de ser una muerte terrible”, aventura Lane.

Zimbabue ha intentado reducir el número de residuos de plástico en los últimos años. Los principales supermercados ya obligan a sus clientes a pagar por las bolsas, pero muchos artículos, como el pan, se siguen vendiendo envueltos en este material.

Las bolsas de plástico no son el único elemento dañino para los elefantes, que incluyen en su menú elementos tan insólitos como latas de metal. “Se han encontrado latas en el estómago de uno de ellos”, indicó Hewat a Efe.

La población de elefantes en Zimbabue está gravemente amenazada por la caza furtiva, que ha reducido considerablemente su número en algunas áreas del país surafricano.

En el interior y los alrededores del Parque Nacional de Hwange, situado a un centenar de kilómetros al sur de las Cataratas Victoria, los furtivos envenenaron al menos a 60 elefantes con cianuro el pasado año.

Aunque no pueda protegerlos de los cazadores sin escrúpulos, Elefence aspira a hacer más fácil la vida de los elefantes en Zimbabue. La valla, dicen, “se levantará tan pronto como consigamos el dinero”.

Sospechan, no obstante, que la batalla para salvar a los elefantes de los furtivos y de la creciente marea de basura va a ser larga y difícil.