“La conciencia es como un vaso, si no está limpio ensuciará todo lo que se eche en él.” Horacio
Sin duda que acontecimientos que se suscitan a nuestro alrededor son importantes, y mucho más cuando se involucra a las nuevas generaciones, en las cuales ponemos nuestras esperanzas en la conservación de lo realizado en beneficio de todos, así como del mejoramiento de esos hechos. Por ello al inicio de este ciclo escolar 2016-2017, con sus controversiales posturas y opiniones, todas válidas, que solo con capacidad, inteligencia y lucidez se podrá resolver; lo que dudamos, ya que en cada una de las posturas hay negligencia y necedad, lo que no es bueno para el país. Admirando la postura de los docentes que han regresado a las aulas –a pesar de saber que las autoridades que manejan los destinos del Sistema Educativo Nacional están errados- para cumplir con su encomienda social y humana, vital para los mexicanos, como siempre lo han hecho. Por ello hoy comparto experiencia y hechos que seguramente coadyuvarán al mejoramiento de todo eso que amamos,: La docencia y el quehacer educativo. Lo que no deja de ser imprescindible para la continuidad de nuestras sociedades y especial para el mejoramientos de las nuevas generaciones el abordar la problemática que representa el aula y la práctica docente, preocupación no solo de gobernantes, autoridades educativas, escuelas de capacitación de docentes, padres de familia y población en general, sino que es y debe ser una constante de los buenos maestros, interesados en proporcionar lo mejor de ellos en su desempeño, como una cuestión ética, pero principalmente como una cuestión de honor. Por ello veamos que el aula no es un compartimiento estancado y aislado, del mismo modo que la escuela no es un edificio en el desierto, en ella se vive y convive con un grupo de niños y jóvenes que le demanda educación. Este es el punto de partida de la razón de ser de la existencia escolar. Por eso, es necesario que como docentes tengamos claro el concepto de universalidad de la acción educativa. Ésta no se puede dividir ni aislar; la educación es un campo indivisible e integral, lo mismo que el ejercicio de la profesión docente. Y comprender esto, es condición “sine-qua-non” para ser un profesional, de lo contrario, jamás podremos actuar bien en el campo de la docencia. Hemos sostenido que la docencia no se aprende, se comprende. Se puede aprender su teoría y su técnica, pero ya señalamos que enseñar es algo superior, para lo cual, es necesario comprender lo que venimos desarrollando. En consecuencia, a la docencia no se la puede mirar en pequeño, porque es una actividad integral. Todo, necesariamente, está comprendido por la educación; a modo de ejemplo: (mirado desde los deberes indelegables tanto del Estado como de los padres, que son cuatro: Justicia, Salud, Seguridad y Educación) la educación forma médicos, jueces y funcionarios y agentes del orden, vale decir; que estas tres funciones dependen de la educación y no existe dependencia alguna de la educación con esas funciones. Por ello, los pueblos que no prioricen la educación, inexorablemente, quedarán sumergidos en la miseria material y espiritual, esta última es la peor de las miserias. Del mismo modo que la educación es la mayor actividad integradora de la Nación, lo es también de una escuela, de un aula y de una familia, de la persona que aprende y de la que enseña, de los conceptos, de los procedimientos, de las actitudes efectivamente enseñados y aprendidos. Por esto, no se debe dividir al docente ni al alumno en partes. Se enseña y se aprende integralmente. Porque enseñar es un hecho eminentemente educativo, no se puede enseñar a una persona en partes, debido a su integralidad intelectual, volitiva, afectiva y corporal; individual y social; inmanente y trascendente, en suma, material y espiritual. En otras palabras, no se puede comprender cabalmente a la enseñanza, desde nuestra óptica: enseñanza-aprendizaje, si no se tiene un panorama integral de la educación, que es universal e indivisible, pero que uno si la puede penetrar y comprender. Otro aspecto que es necesario comprender para realizar una buena tarea educativa es, saber valorar la importancia de la intuición. El racionalismo ha desacreditado a la intuición, como modo pleno de conocimiento. Por ejemplo: una madre, muchas veces, no conoce una necesidad de su hijo a través de especulaciones racionales, sino por medio de la intuición. Afortunadamente es así, porque si ellas hubieran pretendido conocer con la sola razón las necesidades de sus hijos, la humanidad ya hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Para la tarea docente, la intuición es fundamental, porque proporciona datos y conocimientos que la especulación intelectual jamás podría alcanzar “a priori”. Además, la intuición que todos poseemos por nuestra naturaleza humana, es el estímulo permanente de la creación. Es decir: que desarrollando la intuición nos estamos preparando, casi sin darnos cuenta, para ser creativos. El conocimiento intuitivo es mucho más eficaz y seguro que el conocimiento por especulación racional. Esto visto desde la creación, desde el desarrollo histórico de la humanidad, desde la misma enseñanza. De manera que, aquellos que nunca se atrevieron a ser creativos o que anularon esta capacidad por ser puramente racionales, ejercitando la capacidad natural de la intuición pueden volver a recuperar esa facultad humana de la creación. Además, en este ejercicio, también se desarrollan las seguridades que la práctica profesional requiere. Es imposible aprender la docencia, son tan cuantiosos los casos que la docencia plantea, que quién quiera aprenderlos a todos, se moriría antes de haber aprendido la milésima parte. Es decir: que la experiencia docente es comprensible para el entendimiento de los hombres, para construir el criterio profesional necesario para enfocar los problemas y resolverlos educativamente pero no para memorizarla. Jamás uno debe pretender acordarse de todos los casos que han pasado en la historia, que se asemejen al que se debe resolver, o que es lo que en teoría dice como principio a aplicar. Eso no tiene ningún valor; es el conocimiento, análisis y comprensión del problema lo que va a dar la solución De cualquier situación fluye, teniendo en cuenta el proyecto áulico, que es lo que hay que hacer para que caminemos de la situación presente (actual) a la situación objetivo que perseguimos en el proyecto áulico. El camino surge de la experiencia de la situación. Y, eso hay que mirarlo objetivamente (Aunque el mayoriteo de entes insensibles y sin Eros pedagógico –en las referidas academias y consejos pedagógicos- ha originado una serie de atrocidades que avergüenzan a la profesión). Es difícil también en este campo, establecer algo concreto, algo ajustado a la realidad concreta. En este tipo de actividad nada hay que sea concreto, salvo la situación educativa actual que plantea cada caso, es decir: la situación que plantea cada alumno, y para resolverla, los caminos son muchos, pero hay sólo uno que es el más adecuado. La sabiduría del docente está en “saber” encontrarlo. Frente a las situaciones educativas, el docente es un constructor de éxitos. El éxito se traduce en el logro de los objetivos propuestos en el proyecto educativo áulico. No depende de la suerte, tampoco de la casualidad y no es designio del destino. El éxito se construye, se realiza. Es decir: que el éxito en la enseñanza se concibe, se prepara se organiza, se realiza y, finalmente, se difunde, aunque esto que suena de manera optimista se ve oscurecido por entes ignorantes y perversos que tratan de destruir (recordemos que destruir es mucho más fácil que construir). Esa es la mejor definición que se pueda decir de un docente. En este sentido, el docente es un profesional que recibe una situación y un objetivo curricular, más las demandas regionales, entonces, es de su exclusiva responsabilidad construir el éxito, y para lograrlo, deberá acompañar a sus alumnos en sus respectivos procesos de construcción de los propios saberes para que, individual y comunitariamente realicen el proyecto áulico. Para ello, deberá implementar metodologías didácticas originales que se adecuen a las necesidades del aula. En este sentido, los métodos son sólo instrumentos, se utiliza el que sirve y, si no sirve ninguno, se construye uno nuevo. Los docentes debemos tener la plena libertad de utilizar los instrumentos que más convengan al proceso, ello lo determinaremos de acuerdo a la circunstancia educativa que debamos enfrentar. Entonces, La práctica docente es, lisa y llanamente, la construcción de éxitos educativos y, el docente es el responsable de que ello ocurra. Por eso, al utilizar técnicas, inspiración y la propia capacidad para enseñar, le puede salir una buena realización; si tiene también inspiración, puede resultarle excelente; pero si además, tiene talento, entonces, sale una gran realización educativa, la que no siempre es apreciada en nuestro medio por los demás, pues para ello es importante ser amigo o familiar de algún alto funcionario, lo que nunca ocurrirá, pues estos no “desperdician” su tiempo enseñando, para ellos hay puestos importantes en niveles superiores ¡Ilusos! En síntesis, lo primero que se necesita es contar con un criterio amplio y descartar los sistemas, rutina y recetas anquilosadas, es decir; que en la actividad docente no se puede copiar, es necesario crear, porque el arte es creación. Nadie se ha hecho famoso copiando cuadros o esculturas, ni tampoco copiando ejemplos, porque a veces también, se copian los malos ejemplos. Es cuestión de discernimiento, y en consecuencia, crear. Tenemos que poner en juego el criterio, no la memoria, no las recetas ni los sistemas, tenemos que evitar la rutina. Para la docencia no hay estructuras que sean infalibles y que perduren en el tiempo. Todos los métodos, cualquiera sea, sólo son útiles en la medida en que desarrollemos nuestro criterio docente. ¡Cada día es un nuevo día en el ámbito pedagógico! La práctica profesional, es uno de los aspectos de la vida del docente que es imposible sistematizar; no puede haber sistematización. Esa es la enseñanza que surge de la teoría de la construcción de éxitos. Por otra parte, es necesario pensar que lo que el docente enfrenta es una situación concreta, única e irrepetible, porque sus actores son únicos e irrepetibles y necesita una solución para esa situación determinada por el tiempo, el espacio y los actores. Esa solución no la encontrará en ninguno de los casos de la Historia de la Educación o de la Teoría de la Enseñanza, aunque por necedad, más que por desconocimiento algunas autoridades se atreven aconsejar a quienes diariamente estamos frente a los alumnos -para actuar en base a otros escolapios- lo que se me hace un atrevimiento mayor. Debemos tener claro que los principios de la Teoría de la Enseñanza han surgido de las grandes obras, de las obras maestras de la práctica docente, de manera que siendo principios empíricos, no los podemos fabricar nosotros, sino que surgen de los hechos. Por eso enseñar no es exclusivamente técnica, sino que es auténticamente un arte, y de allí, es que el docente no es solo técnico, sino un artista. Por ello, el docente debe vivir concientemente su propio proyecto de vida. Hay que darse cuenta de los inconvenientes con que se tropieza en la realización de una obra educativa, los malos ratos que hay que pasar, las presiones generadas por conciencias mediocres, la falta de equipamiento escolar, la inestabilidad laboral, la envidia del fracasado, la calumnia del incapaz, la indiferencia de los padres, la falta de estructura edilicia, la vergonzante retribución salarial, el manipuleo de la política educativa, la mediocridad de los gobernantes; noches y días enteros tristes, pero al final, a pesar de todo esto, se llega a una solución que posibilitará la construcción de un éxito educativo, entonces, la satisfacción personal compensa todos los malestares. ¡Pésele a quien le pese! Otro aspecto que es necesario destacar, es que la experiencia propia en el arte de enseñar, generalmente, llega tarde y cuesta cara, porque casi siempre, se aprende más de los errores que de los aciertos realizados, por ello hay que tratar de aprender de la experiencia de los demás ¿Lo que parece contradictorio, no?. De manera que esta gimnasia espiritual permanente, que es el estudio de todos los hechos, de todos los casos y sus respectivos análisis. De tal forma, se van acopiando los conocimientos necesarios. No se estudian estas situaciones concretas para volverlas a aplicar, por si el caso se repite, no. Se estudian con la mayor profundidad posible para lograr un buen entrenamiento, para formar el criterio docente, pura y exclusivamente para realizar un ejercicio de la docencia, y de tal forma, crecer en sabiduría asumiendo la experiencia de los demás. Este es el valor de los ejemplos, para trasvasar la experiencia ajena a la propia, es decir: hacerla nuestra, como si nosotros hubiéramos vivido esa situación, de tal manera, adquirir el conocimiento de los hechos para ser más sabio frente a las ocasiones que se nos pudieran presentar en el ejercicio de la profesión, en la práctica cotidiana del arte de enseñar. Es necesario saber lo que se quiere, lo que verdaderamente le da sentido a la práctica docente. En la Historia de la Educación y en nuestro presente debemos ser más los docentes que no debemos ser conducidos por los acontecimientos, porque entre otras cosas, no sabríamos lo que queremos, y en consecuencia, no sabríamos lo que tenemos que hacer para actuar con propiedad frente a los hechos áulicos, los que muchas veces son violentados por agentes nocivos para este quehacer. Otro factor que como docentes no debemos olvidar, es que en todas las acciones de la enseñanza hay hechos que son determinantes o principales y hechos que son circunstanciales o secundarios, que no inciden en la enseñanza. El secreto está en observarlos bien, analizarlos bien y comprenderlos bien, luego dominar los fundamentales y dejar de lado los secundarios, que no tienen mayor importancia. O cuanto mucho, atender los objetivos fundamentales con medios fundamentales y los secundarios con medios secundarios. Como docentes en el ejercicio de la profesión, no debemos ocuparnos de objetivos de segundo orden y dejar de lado los verdaderamente importantes. Esto, también, es muy común entre los docentes, que se preocupan más por la formalidad burocrática que por enseñar, lo que es una práctica constante en el medio. Esto sucede, porque el hombre no sólo tiene criterio para discernir, sino que también tiene pasiones que lo arrastran. Y, las pasiones lo llevan, generalmente, hacia objetivos secundarios. Por ejemplo: dejarse llevar por críticas destructivas destinadas a la Institución o a los directivos, etc., que pueden tener un fundamento cierto pero la metodología de la crítica palaciega, es destructiva; De modo, que uno no debe dejarse llevar en este juego engañoso, porque no alimenta nuestra labor docente, más bien alimentan nuestras pasiones y nos distrae de nuestra responsabilidad, aunque el fundamento de la crítica sea cierto corremos el riesgo de perder toda nuestra acción educativa, porque perdemos de vista el objetivo principal. Este es un asunto muy importante, porque contiene la razón misma de ser de la docencia y también está en la naturaleza del hombre. El hombre suele ser apasionado por naturaleza y aún por costumbre. Ahora bien, el docente no puede tener esa clase de defectos; si bien es cierto, que son propios de la naturaleza humana, no es menos cierto, que el docente supone un proceso educativo por el cual, debe haber superado esas debilidades, debemos saber que muchos otros, desean y critican al docente para quitarles méritos y prestigio, pero esos son los malvados, que responden a intereses políticos y económicos de tipo oscuro y retrograda. Además, ese proceso educativo permite que los docentes cultivemos y poseamos ciertas cualidades y calidades, sin las cuales se verá siempre obstruido la labor por propia personalidad. Hay cosas que los docentes no debemos olvidar jamás, ya que el olvido de ellas acarreará una serie de inconvenientes y factores desagradables que se sumarán a los factores negativos que los hechos van a presentar y, que a medida que los vayamos expresando en la práctica, se irán multiplicando geométricamente hasta que el cúmulo de errores y factores desagradables anulen toda posibilidad de enseñar. ¡Por ello es importante la disciplina, al establecer códigos de conducta! Esto implica, además, que debe organizar a sus alumnos para que todos realicen el proyecto educativo áulico, reconociendo en esta organización, el proceso de cada sujeto. De tal manera, resultará previsible que no todos llegarán a concluir el año lectivo con el mismo nivel de aprendizaje. Pero también, resultará significativo, que todos poseerán los Contenidos Básicos Comunes habiendo desarrollado al mismo tiempo las cualidades particulares de cada uno. Es decir: que en el proceso personal cada alumno habrá construido su propio saber y desarrollado sus propias habilidades, que lo distingue de los demás. En síntesis, organizar al grupo. Establecer las normas de convivencia, celebrar el contrato de enseñanza-aprendizaje y finalmente, ejercer la docencia. Por ello los docentes debemos ser más que un conductor de acontecimientos educativos, saber además, organizar a los alumnos, para que el proceso que comienzan a desplegar sea verdaderamente constructivo. Algunos dicen para justificarse, que los docentes solamente nacen, pero se equivocan, porque también se hacen. Los docentes de excepción nacen y no se hacen; pero también es posible llegar al “genio” a través del método. El genio, en el fondo, es el trabajo de campo, en gran parte. La condición está al alcance de todos los estudiantes y, sostener lo contrario sería sostener una enseñanza negativa. Como lo era antes, con los resultados de antes. El estudiante se capacita para la docencia, en distintos grados, pero se capacita. Es decir: la docencia supone capacitación y, ésta a su vez, supone aprender. Dicho de otro modo: educar la inteligencia, la voluntad y la afectividad; la razón y el espíritu. En consecuencia, la docencia es materia de capacitación. Formar el criterio docente por el ejercicio permanente de la inteligencia, la voluntad y la afectividad en el marco de los valores morales. De tal forma, se capacita para la docencia. En cuanto a nuestros valores espirituales como docentes, lo que se puede afirmar en este sentido es que, puede carecer de una profunda formación académica, pero no puede carecer de valores morales. Si carece de éstos, no es un docente. Los valores morales en los docentes deben estar por encima de los intelectuales, porque en la educación la realización está siempre por encima de la concepción. La concepción intelectual puede ser transferida con las palabras, pero la realización educativa necesita del testimonio profesional y personal del docente, porque así se constata la teoría. Muchas veces una mala concepción realizada con esfuerzo y honestidad, llega a buen resultado pero, una buena concepción con mala realización no llega nunca a nada. Como docentes debemos ser prudentes, es decir: debemos saber cuando es necesario jugarse todo a una carta (aún en contra de las malas autoridades que pululan en este sistema educativo mexicano), porque el que arriesga poco, gana poco. Por ésta razón, el carácter del docente es la fuerza motriz fundamental en el arte de enseñar. Los hombres que sostienen la teoría de que para no sufrir grandes reveses es menester no exponerse mucho. Ellos no llegan nunca a nada. Es decir: que en la docencia se eligen los grandes objetivos, los más grandes, con decisión, con fe en sí mismo y con optimismo. Como docentes se debe crear el deber de vencer, que va acompañado con la abnegación. Éste deber es indispensable en la docencia. Aquel educador que no sienta el deber de vencer, difícilmente supere algún desafío, seguramente los problemas lo apartarán de su tarea, se verá superado por la situación llegando indefectiblemente a padecer el fracaso. Resultado, que muy pocos docentes nos hacemos responsables, porque generalmente, trasladamos ésta responsabilidad a los alumnos, convirtiéndolos en los artífices del fracaso. Por consiguiente el docente debe ser una persona decidida a vencer. Pero si no vence, debe saber soportar los golpes de las circunstancias, con entereza y con la disposición reflexiva para superarse, creciendo así, en sabiduría. Para evitar estos adversos resultados es necesario ser prudente, actuar con cautela, analizar el material utilizado, verificar las cifras, valorar las experiencias, cuantificar los objetivos y evaluar el desempeño aúlico, lo que seguramente servirá para revalorar la práctica educativa, la que es y seguirá siendo lo más importante en cualquier proceso educativo. Esperamos que todo vuelva a la normalidad y que aquellas posturas extremas lleguen a un punto de conciliación que a todos los mexicanos interesan, porque es evidente, que ninguna de las partes tiene la verdad absoluta ¡Estamos! alodi_13@nullhotmail.com

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EL AULA Y LA PRÁCTICA DOCENTE Marco Antonio Figueroa Quinto “La conciencia es como un vaso, si no está limpio ensuciará todo lo que se eche en él.” Horacio Sin duda que acontecimientos que se suscitan a nuestro alrededor son importantes, y mucho más cuando se involucra a las nuevas generaciones, en las cuales ponemos nuestras esperanzas en la conservación de lo realizado en beneficio de todos, así como del mejoramiento de esos hechos. Por ello al inicio de este ciclo escolar 2016-2017, con sus controversiales posturas y opiniones, todas válidas, que solo con capacidad, inteligencia y lucidez se podrá resolver; lo que dudamos, ya que en cada una de las posturas hay negligencia y necedad, lo que no es bueno para el país. Admirando la postura de los docentes que han regresado a las aulas –a pesar de saber que las autoridades que manejan los destinos del Sistema Educativo Nacional están errados- para cumplir con su encomienda social y humana, vital para los mexicanos, como siempre lo han hecho. Por ello hoy comparto experiencia y hechos que seguramente coadyuvarán al mejoramiento de todo eso que amamos,: La docencia y el quehacer educativo. Lo que no deja de ser imprescindible para la continuidad de nuestras sociedades y especial para el mejoramientos de las nuevas generaciones el abordar la problemática que representa el aula y la práctica docente, preocupación no solo de gobernantes, autoridades educativas, escuelas de capacitación de docentes, padres de familia y población en general, sino que es y debe ser una constante de los buenos maestros, interesados en proporcionar lo mejor de ellos en su desempeño, como una cuestión ética, pero principalmente como una cuestión de honor. Por ello veamos que el aula no es un compartimiento estancado y aislado, del mismo modo que la escuela no es un edificio en el desierto, en ella se vive y convive con un grupo de niños y jóvenes que le demanda educación. Este es el punto de partida de la razón de ser de la existencia escolar. Por eso, es necesario que como docentes tengamos claro el concepto de universalidad de la acción educativa. Ésta no se puede dividir ni aislar; la educación es un campo indivisible e integral, lo mismo que el ejercicio de la profesión docente. Y comprender esto, es condición “sine-qua-non” para ser un profesional, de lo contrario, jamás podremos actuar bien en el campo de la docencia. Hemos sostenido que la docencia no se aprende, se comprende. Se puede aprender su teoría y su técnica, pero ya señalamos que enseñar es algo superior, para lo cual, es necesario comprender lo que venimos desarrollando. En consecuencia, a la docencia no se la puede mirar en pequeño, porque es una actividad integral. Todo, necesariamente, está comprendido por la educación; a modo de ejemplo: (mirado desde los deberes indelegables tanto del Estado como de los padres, que son cuatro: Justicia, Salud, Seguridad y Educación) la educación forma médicos, jueces y funcionarios y agentes del orden, vale decir; que estas tres funciones dependen de la educación y no existe dependencia alguna de la educación con esas funciones. Por ello, los pueblos que no prioricen la educación, inexorablemente, quedarán sumergidos en la miseria material y espiritual, esta última es la peor de las miserias. Del mismo modo que la educación es la mayor actividad integradora de la Nación, lo es también de una escuela, de un aula y de una familia, de la persona que aprende y de la que enseña, de los conceptos, de los procedimientos, de las actitudes efectivamente enseñados y aprendidos. Por esto, no se debe dividir al docente ni al alumno en partes. Se enseña y se aprende integralmente. Porque enseñar es un hecho eminentemente educativo, no se puede enseñar a una persona en partes, debido a su integralidad intelectual, volitiva, afectiva y corporal; individual y social; inmanente y trascendente, en suma, material y espiritual. En otras palabras, no se puede comprender cabalmente a la enseñanza, desde nuestra óptica: enseñanza-aprendizaje, si no se tiene un panorama integral de la educación, que es universal e indivisible, pero que uno si la puede penetrar y comprender. Otro aspecto que es necesario comprender para realizar una buena tarea educativa es, saber valorar la importancia de la intuición. El racionalismo ha desacreditado a la intuición, como modo pleno de conocimiento. Por ejemplo: una madre, muchas veces, no conoce una necesidad de su hijo a través de especulaciones racionales, sino por medio de la intuición. Afortunadamente es así, porque si ellas hubieran pretendido conocer con la sola razón las necesidades de sus hijos, la humanidad ya hubiera desaparecido de la faz de la tierra. Para la tarea docente, la intuición es fundamental, porque proporciona datos y conocimientos que la especulación intelectual jamás podría alcanzar “a priori”. Además, la intuición que todos poseemos por nuestra naturaleza humana, es el estímulo permanente de la creación. Es decir: que desarrollando la intuición nos estamos preparando, casi sin darnos cuenta, para ser creativos. El conocimiento intuitivo es mucho más eficaz y seguro que el conocimiento por especulación racional. Esto visto desde la creación, desde el desarrollo histórico de la humanidad, desde la misma enseñanza. De manera que, aquellos que nunca se atrevieron a ser creativos o que anularon esta capacidad por ser puramente racionales, ejercitando la capacidad natural de la intuición pueden volver a recuperar esa facultad humana de la creación. Además, en este ejercicio, también se desarrollan las seguridades que la práctica profesional requiere. Es imposible aprender la docencia, son tan cuantiosos los casos que la docencia plantea, que quién quiera aprenderlos a todos, se moriría antes de haber aprendido la milésima parte. Es decir: que la experiencia docente es comprensible para el entendimiento de los hombres, para construir el criterio profesional necesario para enfocar los problemas y resolverlos educativamente pero no para memorizarla. Jamás uno debe pretender acordarse de todos los casos que han pasado en la historia, que se asemejen al que se debe resolver, o que es lo que en teoría dice como principio a aplicar. Eso no tiene ningún valor; es el conocimiento, análisis y comprensión del problema lo que va a dar la solución De cualquier situación fluye, teniendo en cuenta el proyecto áulico, que es lo que hay que hacer para que caminemos de la situación presente (actual) a la situación objetivo que perseguimos en el proyecto áulico. El camino surge de la experiencia de la situación. Y, eso hay que mirarlo objetivamente (Aunque el mayoriteo de entes insensibles y sin Eros pedagógico –en las referidas academias y consejos pedagógicos- ha originado una serie de atrocidades que avergüenzan a la profesión). Es difícil también en este campo, establecer algo concreto, algo ajustado a la realidad concreta. En este tipo de actividad nada hay que sea concreto, salvo la situación educativa actual que plantea cada caso, es decir: la situación que plantea cada alumno, y para resolverla, los caminos son muchos, pero hay sólo uno que es el más adecuado. La sabiduría del docente está en “saber” encontrarlo. Frente a las situaciones educativas, el docente es un constructor de éxitos. El éxito se traduce en el logro de los objetivos propuestos en el proyecto educativo áulico. No depende de la suerte, tampoco de la casualidad y no es designio del destino. El éxito se construye, se realiza. Es decir: que el éxito en la enseñanza se concibe, se prepara se organiza, se realiza y, finalmente, se difunde, aunque esto que suena de manera optimista se ve oscurecido por entes ignorantes y perversos que tratan de destruir (recordemos que destruir es mucho más fácil que construir). Esa es la mejor definición que se pueda decir de un docente. En este sentido, el docente es un profesional que recibe una situación y un objetivo curricular, más las demandas regionales, entonces, es de su exclusiva responsabilidad construir el éxito, y para lograrlo, deberá acompañar a sus alumnos en sus respectivos procesos de construcción de los propios saberes para que, individual y comunitariamente realicen el proyecto áulico. Para ello, deberá implementar metodologías didácticas originales que se adecuen a las necesidades del aula. En este sentido, los métodos son sólo instrumentos, se utiliza el que sirve y, si no sirve ninguno, se construye uno nuevo. Los docentes debemos tener la plena libertad de utilizar los instrumentos que más convengan al proceso, ello lo determinaremos de acuerdo a la circunstancia educativa que debamos enfrentar. Entonces, La práctica docente es, lisa y llanamente, la construcción de éxitos educativos y, el docente es el responsable de que ello ocurra. Por eso, al utilizar técnicas, inspiración y la propia capacidad para enseñar, le puede salir una buena realización; si tiene también inspiración, puede resultarle excelente; pero si además, tiene talento, entonces, sale una gran realización educativa, la que no siempre es apreciada en nuestro medio por los demás, pues para ello es importante ser amigo o familiar de algún alto funcionario, lo que nunca ocurrirá, pues estos no “desperdician” su tiempo enseñando, para ellos hay puestos importantes en niveles superiores ¡Ilusos! En síntesis, lo primero que se necesita es contar con un criterio amplio y descartar los sistemas, rutina y recetas anquilosadas, es decir; que en la actividad docente no se puede copiar, es necesario crear, porque el arte es creación. Nadie se ha hecho famoso copiando cuadros o esculturas, ni tampoco copiando ejemplos, porque a veces también, se copian los malos ejemplos. Es cuestión de discernimiento, y en consecuencia, crear. Tenemos que poner en juego el criterio, no la memoria, no las recetas ni los sistemas, tenemos que evitar la rutina. Para la docencia no hay estructuras que sean infalibles y que perduren en el tiempo. Todos los métodos, cualquiera sea, sólo son útiles en la medida en que desarrollemos nuestro criterio docente. ¡Cada día es un nuevo día en el ámbito pedagógico! La práctica profesional, es uno de los aspectos de la vida del docente que es imposible sistematizar; no puede haber sistematización. Esa es la enseñanza que surge de la teoría de la construcción de éxitos. Por otra parte, es necesario pensar que lo que el docente enfrenta es una situación concreta, única e irrepetible, porque sus actores son únicos e irrepetibles y necesita una solución para esa situación determinada por el tiempo, el espacio y los actores. Esa solución no la encontrará en ninguno de los casos de la Historia de la Educación o de la Teoría de la Enseñanza, aunque por necedad, más que por desconocimiento algunas autoridades se atreven aconsejar a quienes diariamente estamos frente a los alumnos -para actuar en base a otros escolapios- lo que se me hace un atrevimiento mayor. Debemos tener claro que los principios de la Teoría de la Enseñanza han surgido de las grandes obras, de las obras maestras de la práctica docente, de manera que siendo principios empíricos, no los podemos fabricar nosotros, sino que surgen de los hechos. Por eso enseñar no es exclusivamente técnica, sino que es auténticamente un arte, y de allí, es que el docente no es solo técnico, sino un artista. Por ello, el docente debe vivir concientemente su propio proyecto de vida. Hay que darse cuenta de los inconvenientes con que se tropieza en la realización de una obra educativa, los malos ratos que hay que pasar, las presiones generadas por conciencias mediocres, la falta de equipamiento escolar, la inestabilidad laboral, la envidia del fracasado, la calumnia del incapaz, la indiferencia de los padres, la falta de estructura edilicia, la vergonzante retribución salarial, el manipuleo de la política educativa, la mediocridad de los gobernantes; noches y días enteros tristes, pero al final, a pesar de todo esto, se llega a una solución que posibilitará la construcción de un éxito educativo, entonces, la satisfacción personal compensa todos los malestares. ¡Pésele a quien le pese! Otro aspecto que es necesario destacar, es que la experiencia propia en el arte de enseñar, generalmente, llega tarde y cuesta cara, porque casi siempre, se aprende más de los errores que de los aciertos realizados, por ello hay que tratar de aprender de la experiencia de los demás ¿Lo que parece contradictorio, no?. De manera que esta gimnasia espiritual permanente, que es el estudio de todos los hechos, de todos los casos y sus respectivos análisis. De tal forma, se van acopiando los conocimientos necesarios. No se estudian estas situaciones concretas para volverlas a aplicar, por si el caso se repite, no. Se estudian con la mayor profundidad posible para lograr un buen entrenamiento, para formar el criterio docente, pura y exclusivamente para realizar un ejercicio de la docencia, y de tal forma, crecer en sabiduría asumiendo la experiencia de los demás. Este es el valor de los ejemplos, para trasvasar la experiencia ajena a la propia, es decir: hacerla nuestra, como si nosotros hubiéramos vivido esa situación, de tal manera, adquirir el conocimiento de los hechos para ser más sabio frente a las ocasiones que se nos pudieran presentar en el ejercicio de la profesión, en la práctica cotidiana del arte de enseñar. Es necesario saber lo que se quiere, lo que verdaderamente le da sentido a la práctica docente. En la Historia de la Educación y en nuestro presente debemos ser más los docentes que no debemos ser conducidos por los acontecimientos, porque entre otras cosas, no sabríamos lo que queremos, y en consecuencia, no sabríamos lo que tenemos que hacer para actuar con propiedad frente a los hechos áulicos, los que muchas veces son violentados por agentes nocivos para este quehacer. Otro factor que como docentes no debemos olvidar, es que en todas las acciones de la enseñanza hay hechos que son determinantes o principales y hechos que son circunstanciales o secundarios, que no inciden en la enseñanza. El secreto está en observarlos bien, analizarlos bien y comprenderlos bien, luego dominar los fundamentales y dejar de lado los secundarios, que no tienen mayor importancia. O cuanto mucho, atender los objetivos fundamentales con medios fundamentales y los secundarios con medios secundarios. Como docentes en el ejercicio de la profesión, no debemos ocuparnos de objetivos de segundo orden y dejar de lado los verdaderamente importantes. Esto, también, es muy común entre los docentes, que se preocupan más por la formalidad burocrática que por enseñar, lo que es una práctica constante en el medio. Esto sucede, porque el hombre no sólo tiene criterio para discernir, sino que también tiene pasiones que lo arrastran. Y, las pasiones lo llevan, generalmente, hacia objetivos secundarios. Por ejemplo: dejarse llevar por críticas destructivas destinadas a la Institución o a los directivos, etc., que pueden tener un fundamento cierto pero la metodología de la crítica palaciega, es destructiva; De modo, que uno no debe dejarse llevar en este juego engañoso, porque no alimenta nuestra labor docente, más bien alimentan nuestras pasiones y nos distrae de nuestra responsabilidad, aunque el fundamento de la crítica sea cierto corremos el riesgo de perder toda nuestra acción educativa, porque perdemos de vista el objetivo principal. Este es un asunto muy importante, porque contiene la razón misma de ser de la docencia y también está en la naturaleza del hombre. El hombre suele ser apasionado por naturaleza y aún por costumbre. Ahora bien, el docente no puede tener esa clase de defectos; si bien es cierto, que son propios de la naturaleza humana, no es menos cierto, que el docente supone un proceso educativo por el cual, debe haber superado esas debilidades, debemos saber que muchos otros, desean y critican al docente para quitarles méritos y prestigio, pero esos son los malvados, que responden a intereses políticos y económicos de tipo oscuro y retrograda. Además, ese proceso educativo permite que los docentes cultivemos y poseamos ciertas cualidades y calidades, sin las cuales se verá siempre obstruido la labor por propia personalidad. Hay cosas que los docentes no debemos olvidar jamás, ya que el olvido de ellas acarreará una serie de inconvenientes y factores desagradables que se sumarán a los factores negativos que los hechos van a presentar y, que a medida que los vayamos expresando en la práctica, se irán multiplicando geométricamente hasta que el cúmulo de errores y factores desagradables anulen toda posibilidad de enseñar. ¡Por ello es importante la disciplina, al establecer códigos de conducta! Esto implica, además, que debe organizar a sus alumnos para que todos realicen el proyecto educativo áulico, reconociendo en esta organización, el proceso de cada sujeto. De tal manera, resultará previsible que no todos llegarán a concluir el año lectivo con el mismo nivel de aprendizaje. Pero también, resultará significativo, que todos poseerán los Contenidos Básicos Comunes habiendo desarrollado al mismo tiempo las cualidades particulares de cada uno. Es decir: que en el proceso personal cada alumno habrá construido su propio saber y desarrollado sus propias habilidades, que lo distingue de los demás. En síntesis, organizar al grupo. Establecer las normas de convivencia, celebrar el contrato de enseñanza-aprendizaje y finalmente, ejercer la docencia. Por ello los docentes debemos ser más que un conductor de acontecimientos educativos, saber además, organizar a los alumnos, para que el proceso que comienzan a desplegar sea verdaderamente constructivo. Algunos dicen para justificarse, que los docentes solamente nacen, pero se equivocan, porque también se hacen. Los docentes de excepción nacen y no se hacen; pero también es posible llegar al “genio” a través del método. El genio, en el fondo, es el trabajo de campo, en gran parte. La condición está al alcance de todos los estudiantes y, sostener lo contrario sería sostener una enseñanza negativa. Como lo era antes, con los resultados de antes. El estudiante se capacita para la docencia, en distintos grados, pero se capacita. Es decir: la docencia supone capacitación y, ésta a su vez, supone aprender. Dicho de otro modo: educar la inteligencia, la voluntad y la afectividad; la razón y el espíritu. En consecuencia, la docencia es materia de capacitación. Formar el criterio docente por el ejercicio permanente de la inteligencia, la voluntad y la afectividad en el marco de los valores morales. De tal forma, se capacita para la docencia. En cuanto a nuestros valores espirituales como docentes, lo que se puede afirmar en este sentido es que, puede carecer de una profunda formación académica, pero no puede carecer de valores morales. Si carece de éstos, no es un docente. Los valores morales en los docentes deben estar por encima de los intelectuales, porque en la educación la realización está siempre por encima de la concepción. La concepción intelectual puede ser transferida con las palabras, pero la realización educativa necesita del testimonio profesional y personal del docente, porque así se constata la teoría. Muchas veces una mala concepción realizada con esfuerzo y honestidad, llega a buen resultado pero, una buena concepción con mala realización no llega nunca a nada. Como docentes debemos ser prudentes, es decir: debemos saber cuando es necesario jugarse todo a una carta (aún en contra de las malas autoridades que pululan en este sistema educativo mexicano), porque el que arriesga poco, gana poco. Por ésta razón, el carácter del docente es la fuerza motriz fundamental en el arte de enseñar. Los hombres que sostienen la teoría de que para no sufrir grandes reveses es menester no exponerse mucho. Ellos no llegan nunca a nada. Es decir: que en la docencia se eligen los grandes objetivos, los más grandes, con decisión, con fe en sí mismo y con optimismo. Como docentes se debe crear el deber de vencer, que va acompañado con la abnegación. Éste deber es indispensable en la docencia. Aquel educador que no sienta el deber de vencer, difícilmente supere algún desafío, seguramente los problemas lo apartarán de su tarea, se verá superado por la situación llegando indefectiblemente a padecer el fracaso. Resultado, que muy pocos docentes nos hacemos responsables, porque generalmente, trasladamos ésta responsabilidad a los alumnos, convirtiéndolos en los artífices del fracaso. Por consiguiente el docente debe ser una persona decidida a vencer. Pero si no vence, debe saber soportar los golpes de las circunstancias, con entereza y con la disposición reflexiva para superarse, creciendo así, en sabiduría. Para evitar estos adversos resultados es necesario ser prudente, actuar con cautela, analizar el material utilizado, verificar las cifras, valorar las experiencias, cuantificar los objetivos y evaluar el desempeño aúlico, lo que seguramente servirá para revalorar la práctica educativa, la que es y seguirá siendo lo más importante en cualquier proceso educativo. Esperamos que todo vuelva a la normalidad y que aquellas posturas extremas lleguen a un punto de conciliación que a todos los mexicanos interesan, porque es evidente, que ninguna de las partes tiene la verdad absoluta ¡Estamos! alodi_13@nullhotmail.com

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