En México soplan fuertes vientos, el incremento de violencia y la nula estabilidad en materia de competitividad económica e inclusión social, ubica a nuestro país en una desesperada situación la cual no parece tener soluciones, a esto debemos sumar que la imperiosa necesidad de los gobernantes por el control económico, llámese indiscriminado uso de los recursos sin que sus gobernados vean reales resultados, pinta un panorama a 18 días de iniciado el año 2017 con desaliento y una crítica radiografía de lo que deparan los siguientes meses, sin duda alguna las y los mexicanos lamentan depositar su confianza en quienes pareciera no dan los resultados adecuados para una vida justa.
Si como sabemos, la confianza es un pilar fundamental de la vida social, la cual contribuye en muchos casos a generar redes indispensables para la realización de los individuos así como para el desarrollo de escenarios de la vida cotidiana, la acumulada confianza se transforma en un capital, ese capital social, del cual en cada campaña electoral la gran mayoría de candidatas y candidatos nombran, sin saber de fondo que es precisamente aquel desarrollado en los individuos, el que de forma subjetiva y como identidad cultural de los diferentes grupos o comunidades, empodera y valida a sus representantes.
Un capital social que nace del predominio de la confianza, el cual podríamos considerar a través de los valores comunes de lo que es positivo o negativo para el desarrollo y la convivencia, precisamente ese capital social es tan valioso como lo es un capital financiero, humano, tecnológico, de infraestructura o de recursos naturales, el cual se diferencia de otras formas de capital humano, ya que por lo general es creado y trasmitido mediante mecanismos culturales como son la religión, los hábitos, la tradición.
Así como para la debida relación familiar la cual se encuentra basada en una confianza que genera la construcción de un equilibrio y desarrollo adecuado emocional en sus niños y jóvenes, la confianza es un factor de resolución en los conflictos y la comunicación, sin la debida confianza todos los espacios de la vida ya sean del ámbito público o privado, estarían incompletos. En el desarrollo adecuado de un país, se requiere de esta para, reproducir en las instituciones, autoridades y en los modelos.
La confianza requiere, para su construcción de la debida percepción–interpretación de las situaciones y personas. Esta representación de lo que el otro/a es para uno/a está fundamentada en las experiencias tempranas de vida que se han constituido en referentes para dar significado al mundo. Las representaciones pueden cambiar a medida que cambian nuestras experiencias y significados; es posible dar espacios al desarrollo de una mayor confianza individual. la desconfianza tendría una de sus causas en la mentira y sería a la vez un producto de ésta, en especial si va de padres a hijos, de esposa o esposo, de amigo a amiga. El miedo, el autoritarismo, la falta de madurez y la desvalorización de lo que los otros hacen a los además, son generadores de desconfianza. En una sociedad como la nuestra, marcada por fuertes valores individualistas, donde los padres buscan reforzar el sentido individual de sus hijos requerido para sobrevivir. Pretenden que sus hijos e hijas confíen en sí mismos y desconfíen del entorno hostil y amenazante que los rodea; Se trata de protegerlos de eventuales agresiones, sin saber que en el fondo están reproduciendo el patrón cultural hegemónico. Todos los actores sociales señalan que la confianza es uno de los elementos más débiles y críticos en la sociedad actual. Existe desconfianza en los líderes políticos y educacionales, se vive a la defensiva en un clima de inseguridad social, de competitividad e individualismo. En el sector educativo los directores y directoras expresan que la escuela ha ido perdiendo credibilidad por parte de la sociedad.
En la sociedad se depende de todos aquellos que tengan grandes responsabilidades, las autoridades, el gobierno, los educadores, todos son personas que influyen mucho en la sociedad. Confianza no es una cosa que se dicte por decreto: “tengo que confiar en el otro”; es algo que se edifica en los diversos grupos sociales o institucionales (colegio municipalizado). Nos resulta complejo visualizar y comprender la vinculación confianza–sociedad–desarrollo. Desde lo Municipal hasta lo Estatal, la mayoría del sector particular subvencionado, no ven ninguna relación; su mirada se restringe al ámbito personal, individualista, en la importancia de creer y confiar en una o uno mismo, en sentirse capaz, ser mejor persona. Al confiar tratamos de hacer bien las cosas, pero es difícil con la sociedad en que estamos a la defensiva, sólo haciendo cosas por cumplir.
En la actual sociedad Mexicana cuesta mucho visualizarse como ciudadanos–constructores, lo que nos habla de una vivencia cotidiana en la cual la sociedad ha pasado a un segundo plano, un plano en el cual no hay sociedad y prevalece el individualismo y los espacios íntimos y cercanos de relación, restringiendo de esta manera la oportunidad de crecer en comunidad con muchos otros. Es común escuchar la expresión : No, yo no le tengo confianza a nadie, hay una sola persona que yo le tengo confianza y sé que no me va a defraudar nunca: Dios. Se constituye la confianza en un elemento central de la interpretación y relación con el entorno a nivel cognitivo, emocional y conductual: la mirada desde la confianza o desconfianza determina nuestro comportamiento. La confianza se vive en los grupos pequeños de relación, donde la convivencia ha cedido paso a las relaciones íntimas, a los círculos de familiares y amigos. Ya que el espacio público parece amenazante y ocupado por otro/a anónimo, y en ocasiones amenazador, vivimos una retracción de la sociabilidad. Por otra parte, lo público ha perdido significado y valor en los procesos individualistas de socialización. La juventud construyen confianza en pequeños grupos de amigos: se confía en aquel que es capaz de guardar secretos y que, por lo tanto, demuestra que es digno de confianza. En resumen es fundamental poder generar fuertes líneas de confianza en la sociedad en general, ya que un alto grado de confianza interpersonal es expresión del vigor del “nosotros” lo que regula nuestras relaciones, fortaleciendo, a través de este vínculo social, el crecimiento y el desarrollo. Atreves de la escuela puede hacerse una contribución importante en este sentido. Es competencia de la educación aportar a la construcción de la confianza, formar mejores ciudadanos, la entrega de valores; Los establecimientos tienen un deber y un desafío en este sentido, La formación ciudadana y la responsabilidad social cobran especial relevancia en el desarrollo de la confianza; Debemos potenciar el espíritu de asociación, de ayuda y solidaridad en la sociedad a un hacer concreto, construir una visión clara de la sociedad que queremos, del país que queremos y del cual todos somos responsables, confiar es una opción, una elección, una parte activa de nuestras vidas que involucra habilidades y compromiso. Es un mecanismo privilegiado para el desarrollo de una sociedad, ya que toda comunicación humana está traspasada por la confianza, la cual implica seguridad y riesgo; se aprende a confiar a través de cada uno de los actos simples y complejos que realizamos en interacción con otros, como país debemos crear una confianza y plasmarla con fuerza al interior de nuestro sistema para una construcción real del México que todas y todos queremos, el sistema escolar actual, debe ser ámbito y oportunidad óptimos para cultivar y desarrollar la confianza entre los jóvenes, lo cual dará como resultado; ciudadanos más seguros, responsables, libres y democráticos.