Cada quien toma su lugar sin pensarlo mucho. Quien se sienta y relajadamente toma una cerveza no pertenece al mismo género que quien se queda de pie, recoge los abrigos y se dirige a la cocina a preparar algo para la comida. Aunque nos suene anacrónico, la realidad es que en muchos hogares el trabajo doméstico sigue siendo una tarea considerada femenina.
¿Conoce “Lección de Cocina”, de Rosario Castellanos? El cuento debe rebasar ya los 50 años, y aun así… “Mi lugar está aquí. Desde el principio de los tiempos ha estado aquí. (…) Yo anduve extraviada en aulas, en calles, en oficinas, en cafés; desperdiciada en destrezas que ahora he de olvidar para adquirir otras”, dice la narradora de Castellanos en una cocina refulgente de blancura. Habla de la mujer, cada vez más educada y, por lo tanto, más profesionalizada que, sin embargo, no cesa de pertenecer al fuego y a sus labores.
Si vive en pareja, si ya ha establecido una familia, incluso si vive con uno, dos o más roomies, ¿quién se encarga de los cuidados de la casa? ¿Quién cocina, quién lava los trastes, quién pone y recoge la mesa, quién se encarga de que el baño no parezca abandonado?
De acuerdo con el Inegi (2014), el total de horas semanales dedicadas por las mujeres al trabajo no remunerado es de 45, contra las 15 de los hombres… Éstas no incluyen solamente las labores del hogar, sino también las invertidas en el cuidado a otros: hijos, enfermos, abuelos… ¿Y esto, en qué resulta? No solo en una doble jornada laboral, sino en menos horas de ocio… Esto –de acuerdo con México Social– podría, incluso, constituir una violación al artículo 24 de la Declaración de los Derechos Humanos, referente al derecho de toda persona al descanso y al disfrute del tiempo libre… Después de todo, mientras las mujeres de la casa se afanan por conservarla habitable, los demás inquilinos disfrutan a su costa de relajamiento y recreación.
Desde muchas trincheras se levanta una misma voz: es hora de que los hombres participen más y “ayuden” menos. Porque no se trata de ser condescendientes y sentirse bien por levantar algún plato de vez en cuando, podar el jardín y pasear al perro, mientras en casa la mujer cuida a los niños, revisa sus tareas, prepara el lunch para el día siguiente y plancha la ropa que usarán todos los miembros de la familia aquella semana… Recordemos que el trabajo doméstico es lo que se hace y lo que se planea: desde el quehacer físico hasta la logística de quien divide las tareas del hogar e interviene en los desacuerdos familiares.
Realizar un par de tareas puntuales, periódicamente o de vez en cuando, no exonera cuando la cantidad invertida por la otra parte supera por mucho la “ayuda”. Y esto no solo se refiere a las parejas de las mujeres, sino a todos los miembros de la familia que vivan con ellas. Hijos e hijas, sobrinos y sobrinas, tíos y tías, hermanas o hermanos… Todos tenemos la obligación de ser más activos y equitativos en el hogar que todos habitamos.
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