El acceso al internet es masivo en México; cada vez se suman en millones quienes están conectados a las redes virtuales; en casas o en las oficinas, en los cafés y plazas comerciales, en los parques públicos, en escuelas y muchos más lugares, tanto con costo como gratuito. Se ha democratizado el internet de tal manera que es un fenómeno social y revolución informativa. Hasta en un teléfono celular se tiene en la mano la posibilidad de estar en contacto con el mundo, recibir datos e interactuar con la gente. La información es masiva y rápida, en muchos casos en tiempo real, con un impacto mayor que en los medios impresos y tradicionales que se vuelven lentos y prescindibles. La crisis de los periódicos tiene que ver fundamentalmente con la expansión del internet, presente en muchas plataformas. Al no poder competir con la inmediatez del internet, cierran diarios, despiden trabajadores en general y extinguen a los entrañables voceadores. Los periodistas mudan a lo digital y ponen a prueba su incidencia pública.

Tenemos la posibilidad de saber mucho más, siendo cantidad lo que recibimos; nos informamos y aprendemos, exponemos ideas y ocurrencias, hacemos denuncias, le hablamos al familiar, al vecino y al amigo a la hora que lo deseamos. Transmitimos en vivo actos públicos y privados. Vamos tan rápido en las redes que, de pronto, el mundo virtual se sobrepone al real, haciendo difícil distinguirlos. Son mayores las virtudes de estar conectados aunque hay problemas, riesgos y retos. Estamos en un proceso cultural y tecnológico, aprendiendo a estar en las redes con eficacia y respeto. Es tan fácil decir lo que se quiera que es difícil resistir la tentación del fatalismo y el insulto, teniendo un déficit en el diálogo tolerante y positivo.

Las redes reflejan lo que somos como sociedad y personas, muestran nuestra educación, la cultura tecnológica, la calidad humana, el nivel democrático y la diversidad de facetas que asumimos como ciudadanos. Hay quienes hablan de política, otros de religión, alguien más anuncia comercio, los más charlan con amigos y familia, hay de todo para todos. Vivimos esta época de la información, vamos muy acelerados por el estímulo científico y tecnológico pero más por las demandas de comunicación de los niños y jóvenes. A muchos nos vino encima la revolución del internet, teniendo que apurar el aprendizaje y la adaptación. De hecho, si estás fuera de las redes desciendes a una categoría social menor. Ese analfabetismo tecnológico conspira contra los derechos, las libertades y la democracia. Si no estás informado difícilmente tendrás opinión, sin está no hay criterio y tampoco una posición clara y firme sobre los asuntos públicos.

Hay varios problemas en las redes que se tendrán que atender y superar gradualmente, como la tendencia al insulto anónimo y las posturas de la llamada postverdad. Esto significa la tendencia al engaño y su reproducción sin control; en esa posición se anuncian muertes, hechos fantásticos y se afectan honras. El equilibrio vendrá con el tiempo y el empuje de las nuevas generaciones hacia la calidad informativa, la verdad y la utilidad positiva del manejo del internet. En tanto, es un mundo nuevo, de conquista, de ensayo y error, de excesos y de muchos riesgos que requieren nuestra atención. Esta modernidad concreta, que nos pone a todos en el mismo nivel, por tanto democrática, llegó para quedarse y es la ruta cierta del futuro inmediato. Más nos vale entender estos nuevos códigos de convivencia y redes sociales para estar dentro del mundo. Lo contrario es la marginación y el aislamiento. Estar conectados mejora nuestros rasgos humanos y nos plantea el reto de la creatividad y la honradez; decir algo positivo o no, dar rienda suelta a las bajas pasiones y perder el tiempo con amarguras es la tendencia de ciertas corrientes de usuarios. En la balanza sobrevivirá lo más útil y será mayor el efecto positivo.

Ufa.1959@nullgmail.com

Recadito: Un mal ejemplo del uso de las redes lo dan algunas escorias como «el trastupijes» y el «tolentino»….