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Excélsior

Un pequeño cubículo improvisado que fue instalado de manera provisional entre el taller de vestuario y el taller de iluminación, que servía como bodega de diferentes materiales flamables y del que ya se había alertado a la gerencia del Palacio de Bellas Artes, fue el origen del conato de incendio que aconteció la madrugada del 1 de julio pasado en el recinto de mármol.

De acuerdo con la versión de los trabajadores del que es considerado el máximo recinto artístico del país, en esa bodega, donde se almacenaban focos, cartón, utilería y otros materiales que se utilizan en el foro, surgió la chispa que detonó el incendio alrededor de las 5:00 horas. El incidente, dicen, se suma a la serie de focos rojos que existen en el edificio y que deben sortearse con grandes esfuerzos: con escasos e inadecuados materiales, que poco importan a la autoridad.

Los trabajadores han decidido hablar, pero lo hacen de manera anónima, dentro de sus propias instalaciones, pero con el temor a sufrir represalias. Tienen claro que de no haber sido por el jefe de turno de ese momento y de un compañero del área de mantenimiento que decidió pasar la noche en el lugar para cumplir con su turno al otro día, el incendio hubiera sido mayor. Junto con ellos, esa noche en Bellas Artes había sólo cinco personas.

El jefe de turno fue avisado de que un compañero se quedaría a pasar la noche en el inmueble, su presencia acabó siendo fundamental: a pesar de que no estaba en servicio, él ayudo a quitar el suministro eléctrico del área norponiente, justo en la esquina de avenida Hidalgo y Ángela Peralta, donde sucedió el incendio. Las diferentes áreas de mantenimiento del inmueble ya habían alertado a la gerente del Palacio, Silvia Carreño; y al administrador, Jesús Sánchez Herrera, sobre la existencia de objetos y materiales que obstruían diferentes instalaciones eléctricas.

La bodega improvisada donde surgió el conato de incendio, por ejemplo, fue instalada sin la autorización de los departamentos de mantenimiento y obras del recinto. Servía a los talleres donde estaba instalada y la autorización para colocarla provino de personal encargado del foro. Los de mantenimiento dicen que tampoco ellos conocían a ciencia cierta de qué se trataba: “la veíamos físicamente, pero no sabíamos qué era, los del foro son muy celosos, ahí tenían material, había focos, cartón, ahí los fueron acumulando”.

Un primer percance en Bellas Artes volvió necesario alertar a las autoridades de los riesgos que representa obstruir las instalaciones eléctricas: el 27 de mayo pasado, cuando se presentaría la Orquesta Sinfónica del Estado de México, un transformador del Palacio tronó y debió suspenderse la función. Las advertencias no sólo surgieron de ese hecho, sino que las realizan los trabajadores una y otra vez, después de llevar a cabo su plan de mantenimiento preventivo.

Incluso para los dos simulacros de evacuación que se llevan a cabo anualmente en el recinto, los trabajadores ya habían advertido a las autoridades que la bodeguita improvisada estorbaba la libre circulación. Pero la presencia de objetos obstruyendo los centros de carga y otras instalaciones eléctricas, es constante: dicen que siempre hay objetos de utilería o de tramoya fuera de su lugar y que, incluso, con fotografías en mano, han acudido a las autoridades.

El sistema eléctrico en el Palacio de Bellas Artes funciona a través de centros de carga independientes ubicados en cada piso, así se diseñó desde su origen. La renovación del sistema eléctrico era uno de los planes que contemplaba la remodelación a que fue sometido el Palacio de Bellas Artes durante tres años, previo a las fiestas del Bicentenario de la Independencia en 2010, pero formaba parte de una segunda etapa que jamás se llevó a cabo.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), su Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropma) determinó que el incendio no dejó afectaciones patrimoniales severas y que las llamas sólo alcanzaron el techo de cuatro camerinos, del taller de vestuario y de iluminación. Sin embargo, la Procuraduría General de Justicia lleva a cabo en este momento investigaciones para determinar las causas del percance.

A los trabajadores se les ha solicitado entregar informes puntuales de cada una de las áreas más sensibles del edificio, así como una relación detallada de todas las zonas del Palacio que deben permanecer con energía eléctrica por las noches. Además de esas áreas, en el recinto existen otros lugares de riesgo como los talleres de carpintería o bodegas en las que se acumulan materiales inflamables como solventes, pinturas, maderas o telas.

En el Palacio de Bellas Artes, dicen los trabajadores, no hay personal permanente que por las noches pueda auxiliar en caso de siniestro y los materiales con los que deben trabajar son escasos: “hemos hecho maravillas con el poco material y equipo que nos dan”, dicen.