“Me miró… él sonriendo tomó mi mano y yo le di un beso con el corazón dolorido, las palabras enmudecieron en mi boca, también en la suya; mis ojos, la llovizna, que sé yo, no me dejaban verlo, lo abracé y le dije adiós. Estaba en su silla de ruedas, en Plaza Krystal, le acompañaban dos mujeres, una de ellas me preguntó si lo conocía, ¡claro que lo conocía! respondí. Lo admiro y lo quiero. Es nuestro gran querido Maestro, Sergio Pitol”. Lo escribe Gloría Rosellón de Morisini, en el Facebook.