Es una obviedad decir que los políticos están (estamos) profundamente desprestigiados en México y, si estiramos la liga informativa, en el resto del mundo. Mucho tiene que ver la herencia de la revolución convertida en partido de Estado, el reparto plural de vicios en todo el sistema de partidos y nuestra desnutrida democracia. Sin embargo, es lo que hay y con eso hay que buscar el entendimiento y las reformas nacionales. Ante tal degradación política es relativamente sencillo adoptar el discurso de la anti política, en la mayoría de los casos por genuina inconformidad, aunque también hay una parte de oportunismo y demagogia entre quienes postulan la condena sin matices y alternativas a la impresentable clase política que vive en la burbuja de los privilegios y a enorme distancia de los ciudadanos.

Salvo los colores, sus grados de escándalos y mayor o menor histrionismo los líderes; igual ocurre con los partidos, donde su vida interna es de monólogos, con poca o nula deliberación y métodos anacrónicos de designación de candidatos. Por sus mecanismos electivos los conoceremos, con esencia idéntica en todos, sin respeto a sus bases (si existen) y a sus militantes. En todos se cuecen habas, en algunos decide un pequeño grupo y en otros una sola persona. La crisis del sistema de partidos obstruye a la democracia, degrada a las instituciones y niega el cumplimiento de su rol constitucional. Sin embargo, no hay forma súbita y milagrosa para mejorar a los partidos y sacar de un laboratorio a políticos decentes y preparados. Con lo que existe realmente hay que trabajar, a la vez que se le da centralidad a las reformas que requiere el sistema político y el mismo régimen.

A propósito de los comentarios anteriores hay que señalar que ya se avizoran conflictos que pueden concluir en rupturas en casi todos los partidos, con acento en los que puntean en las encuestas; obviamente, no hay mayor problema donde hay poco que disputar. En los grandes algo de polémica se presentará por la candidatura presidencial pero también en las designaciones de aspirantes a Gobernadores y Senadores. De pronto, la audacia de los impulsores del Frente Democrático por México, movió las correlaciones e introdujo una sana dosis de incertidumbre. A partir de esa irrupción tanto el PRI como MORENA tendrán que cuidar sus movimientos, un paso en falso y pueden perder sus posibilidades mayoritarias.

Sin duda, el PRI ira unido en lo fundamental con la deserción natural de los excluidos en los ámbitos locales; el PAN tiene un serio problema en su definición de la candidatura presidencial pero sin poner en riesgo sus posibilidades reales; el PRD puede jugar estratégicamente y mantener el gobierno de la Ciudad de México, entre otros; MORENA va a vivir un anticipado golpe de realismo con la definición de algunas de sus candidaturas, entre ellas principalmente la de la Ciudad de México, donde han tratado con dureza a Ricardo Monreal. En este último caso aventuro una hipótesis: AMLO está comprando un seguro de continuidad en caso de perder, sabe que si se presenta ese resultado y Monreal ganara, iría a la jubilación automática como él lo practicó con el Ing. Cárdenas; con Claudia Sheinbaum tiene mayor garantía de apoyo y relativo continuismo. Se pueden envolver las designaciones en general de discursos determinados, al final solo buscarán justificar imposiciones y arbitrariedades.

Lo que queda es la más amplia e informada convocatoria a los ciudadanos a participar electoralmente y seguir haciéndolo en la vida pública siendo exigente con sus autoridades y representantes; darle valor político y democrático al voto, emplearlo para elegir y exigir.
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Recadito: Sabrán si hay representante popular federal en Xalapa, es pregunta…