*De Juan Cruz: El escritor sabe que es alguien cuando cuenta con más enemigos que admiradores. Camelot.

EL OTRO SPACEY

Muy difícil se le ha presentado el panorama a Kevin Spacey. Le sacaron su antecedente de acosador sexual, a hombres, y Hollywood, que es el sitio donde hay más libertinaje y pecados, una Sodoma y Gomorra, pero cuando encuentran algo anormal pegan el grito en el cielo. Bien decía Marilyn Monroe: “En Hollywood te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma”. Cierto. Lamentable y doloroso, ahora todos aprovechan para decir que quisieron ser acosados, hasta un mugre guarura de Mariah Carey, dice que se le insinuó. Bah. Jaladas. Le hubiera metido un arrimón el burro. Todo mundo ahora quiere aparecer en las notas hollywoodenses. Duele porque el mundo pierde a un actor del tamaño de Kevin Spacey, y la moralista Sony le ha retirado su participación, que ya estaba filmada, de la película sobre el secuestro de aquel petrolero llamado Paul Getty (All the Money in the World), el marro y codo vejete que dejó que a un nieto le cortaran una oreja, cuando se negó a pagar un rescate millonario. Kevin era Getty en ese film del director Ridley Scott, otro genio. Pues que lo han cambiado y pusieron a otro en su lugar, lo mismo que House of Cards, que la moralista Netflix le cantó las golondrinas, como la Suprema Corte al Delegado mexicano que no acató un laudo laboral. Si Hollywood hiciera una limpia, no habría quién cerrara esa puerta. Ni celebrarlo. Ni defenderlo. Cosas vemos, mío Cid. Una más, ahora leo en El Mundo de España, que una jugadora de fútbol fue manoseada por el viejito Joseph Blatter, expresidente de la FIFA, que lideraba a un grupo de tentones sin antifaz. La chica, balón de Oro de la FIFA, llamada Hope Solo, de no malos bigotes, denunció ayer mismo que el tentón José, le metió mano por el trasero: “Le tuve agarrándome el trasero antes de subir al escenario”, dijo. La ex jugadora de la selección estadounidense de fútbol Hope Solo denunció el abuso sexual de Joseph Blatter, ex presidente de la FIFA, durante la ceremonia de entrega del Balón de Oro 2012, celebrada en enero de 2013, después de que el directivo suizo «tocase el culo» de la portera minutos antes de la gala. Viejito tentón y mañoso. No pasará nada, Blatter salió por piernas cuando el FBI se aposentó en Suiza para ver los robos y escándalos de corrupción de su equipo cercano, y desapareció del mapa.

QUÉ TRAEN CONTRA COLON

Cristóbal Colón no solo descubrió América, le pusieron a algunas calles su nombre, en Orizaba hay una donde está fijo el Palacio Municipal, y tiene una estatua muy pequeñita, un busto donde apenas se le ve la cara, además le cantaron canciones: Ay Colón, Colón y sus hijos cristobalitos. Pero en muchas partes del mundo ahora aborrecen su descubrimiento. Como a Hernán Cortés, que escasamente hay una calle en el Puerto de Veracruz. Leo al gran Arturo Pérez Reverte, en su columna del domingo, ‘En compañía de tontos’, donde escribe de eso: “Al pobre Colón, como digo, lleva tiempo cayéndole la del pulpo. Él sólo quería descubrir un mundo nuevo al otro lado del Atlántico, y se jugó el tipo para conseguirlo, gracias al apoyo que le dieron los reyes de España –ese país ahora de pronto inexistente– allá por el año 1492. Pero ya ven. Ha acabado comiéndose un marrón genocida como el sombrero de un picador: Cristina Kirchner le demolió la estatua en Buenos Aires, Ada Colau y la CUP quieren demolérsela en Barcelona, e innumerables cantamañanas de toda condición y pelaje andan buscándole las vueltas a don Cristóbal. Jugándole la del chino. La última que yo sepa, se la han montado en Los Ángeles, California, ciudad hispana por excelencia empezando por el nombre (Nuestra Señora Reina de los Ángeles) y por quienes la fundaron. Pues bueno. Allí, con el silencio cuando no el aplauso de la abrumadoramente mayoritaria comunidad hispana, o sea, gente que se apellida Sánchez y Martínez, han suprimido el Columbus Day o Día de Colón –con el único voto en contra de un concejal de origen italiano, para más guasa–, y colocado en su lugar el Día de los Pueblos Indígenas. Lo cual estaría muy bien en muchos sitios, sobre todo de México para abajo; pero en Estados Unidos suena a sarcasmo guarro, porque allí precisamente, en la pulcra América anglosajona, y a diferencia de la sucia y grasienta América hispana, los pueblos indígenas fueron sistemáticamente exterminados, y los escasos supervivientes confinados en infames reservas. Y así, el gran John Ford pudo decirle a Peter Bogdanovich en una entrevista: «Los indios son un pueblo digno incluso en la derrota, pero eso no está bien visto en los Estados Unidos. Al público le gusta ver cómo matan a los indios. No los consideran seres humanos».

UNA DE FEDERICO GARCIA LORCA

Contó el escritor Juan Eslava Galán, que cuando Federico García Lorca se encontró ante el pelotón de fusilamiento, dijo implorando a sus crimínales: “No me matéis, que yo también creo en la Virgen”. Fusilaron no solo al mejor poeta de ese siglo y de muchos más, fusilaron a un hombre que era inocente, que jamás perteneció a grupo o facción política alguna. Fusilaron una historia fea del franquismo que llegaba, con los falangistas, con los nacionalistas, con toda esa horda de salvajes que, en Víznar, en su Granada, caía el gran poeta acusado de ‘maricòn y homosexual’, en una parte de España que no perdonaba eso. Terminé de leer el libro de casi 500 páginas, que el autor aporta datos del peregrinar de los padres del poeta, familia adinerada que pagó, cómo pagó el mundo esa gran pérdida. La valentía de Vicenta Lorca, la madre que peleó por la vida del hijo Federico sin convencer a las bestias, en un entorno de odio, de envidias, de división de familias, donde el autor de la Casa de Bernarda Alba, Yerma y Bodas de Sangre, nacido en Fuentes Vaqueros y, una noche de maldad, camino de Víznar a Alfacar, un terrible 18 de agosto de 1936, desapareció ante el pelotón. Su tumba sigue siendo un misterio. Jamás apareció su cuerpo, un buen libro. “El caso Lorca, fantasía de un misterio”.

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