Jorge Volpi

Editorial Alfaguara

México, 2016

pp. 289

Volpi escribe este libro para rendir tributo a su padre, que muere en 2014, pero en realidad es, en buena medida, una autobiografía y también una mirada crítica de algunos de los grandes problemas del país. Son diez capítulos con el nombre de un órgano o parte del cuerpo. El padre de Volpi era cirujano. Cada texto inicia con la historia de la medicina relacionada con ese órgano. Después habla de su padre, de él y luego desarrolla un tema de la realidad mexicana. El autor dice que “es el libro más personal, emocional e íntimo que he escrito”.

En este texto, dice Volpi, quería “hablar del cuerpo, hablar de mi padre y de mí mismo, y hablar de México”. El autor en la historia sobre los órganos o partes del cuerpo muestra una gran erudición sobre el tema. Es el hijo de un médico que hablaba de medicina con su padre. De su padre y de él se expresa de manera directa, “no hay ningún enmascaramiento, no hay ficción alguna, excepto la ficción que da la propia memoria y cómo recuerdas tú a alguien que probablemente era distinto a como mi hermano Alejandro lo recuerda. Lo escribo sin ninguna especie de pudor ni de resistencia”.

En el aborde que hace de su padre dice que “traté de retratarlo más o menos como lo recordaba, un recuerdo muy cariñoso sin el más mínimo intento de rencor o de venganza. Pero al mismo tiempo, intenté ser duro con él y conmigo mismo, y ser duro con México”, y de él afirma que “fue un gran, gran cirujano. Su felicidad era operar y ayudar a la gente. Nunca le interesó el dinero, nunca quiso tener una consulta privada”. Y añade, como lo hace ver en el libro, que él “era perfeccionista al extremo; cuando se dio cuenta de que la agilidad de sus manos no era ya lo que él pensaba, se jubiló y no volvió a ejercer. A partir de ahí no fue capaz de reinventarse”.

Volpi en su autorretrato da cuenta de su relación con sus padres, de cómo ve la relación entre ellos, de sus años escolares en el CUM con los maristas en la Ciudad de México, de sus amigos, de sus años en la universidad y de su primer trabajo. De su encuentro con la literatura. De su pasión por la música que aprendió de su padre, que era un amante de los clásicos. Dice que “mi vida es la literatura porque es a lo que me dediqué desde los 16 años. Pero fue un error; si yo hubiera podido, eso lo hubiera cambiado por estudiar música y ser director de orquesta. Hoy soy un director de orquesta frustrado”. En uno de los capítulos muestra su gran erudición musical. Habla también de lo que ha significado para él la muerte de su amigo Ignacio Padilla.

En la radiografía de los grandes problemas y tragedias del país, en su réquiem por México, reflexiona de manera crítica sobre los hechos de 1968 y el gobierno de Díaz Ordaz; el incendio de la guardería ABC de Hermosillo, que causó la muerte de decenas de niños en 2009; el caso del orfanato de Mamá Rosa, en Zamora, Michoacán; la matanza de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, Guerrero; los manifestantes muertos en Nochixtlán, Oaxaca; la absurda guerra contra el narcotráfico y los miles de muertos; las 30,000 desapariciones; el abusador sexual Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo; la situación de los 12 millones de indígenas que viven en México como extranjeros en su propia tierra; la realidad de las migraciones en el mundo en particular la de los mexicanos y centromericanos.

El libro, en sus diez capítulos, que son otros tantos ensayos, es un diálogo o entrelazamiento entre el espacio privado y el espacio público. Volpi escribe el libro en el transcurso de un año, un capítulo cada mes. El tiempo del “luto por mi padre y no quise que durara más de un año”. Me llama la atención la mirada abierta, el examen sin concesiones, que hace de su padre. Y el mostrarse a sí mismo en algunos momentos de su vida. Su visión-reflexión sobre las tragedias y problemas del país me resultó menos interesante. Es, en todo caso, su punto de vista.

@RubenAguilar