Jesús J. Castañeda Nevárez – jjcastaneda55@nullgmail.com

Enmedio de una contienda electoral de las que nunca han sido totalmente ajenos, un grupo de empresarios movió sus fichas con la frialdad de quienes están acostumbrados a la toma de decisiones en las que va implícito el factor riesgo, pero con la confianza de que su movimiento ocasionaría una turbulencia emocional en su contrincante y sus siguientes acciones pudieran representar su derrota.

Jugadas antes habían sido sorprendidos con un jaque al rey por la posible cancelación del proyecto del NAICM lo que motivó la intervención urgente de uno de los principales inversionistas, generando un efecto inesperado porque despertó a todos los espectadores que habían estado indiferentes y que descubrieron que una de las principales fuentes de financiamiento provenía de sus Afores.

La ficha amenazante retrocedió un poco pero no se movió de la zona y el riesgo latente continuó, por eso entraron refuerzos del CMN (Consejo Mexicano de Negocios) quienes al parecer (5 de ellos) se reunieron con otro candidato para un posible plan “B” para hacer frente al puntero en la contienda.

La reacción brotó desde las vísceras de éste último en una descalificación a los hombres de negocios a quienes acusó de ser “los responsables de la tragedia nacional y de no querer que haya un cambio de régimen”.

El conflicto de 1 vs 5 se etiquetó como el de 1 contra toda la IP del país y la defensa se hizo desde el CCE con la participación de 400 organizaciones empresariales, quienes hicieron un llamado a la unidad, manifestando su rechazo a la división y asegurando que los empresarios no son los causantes del problema, sino de la solución. Y esa resulta ser la única verdad de todo éste rollo.

Porque el papel que representa la empresa frente a la sociedad como una organización dedicada a actividades industriales, mercantiles o de prestación de servicios con fines lucrativos en un vínculo indisoluble con la sociedad en la que se desarrolla, porque constituye junto con ella un círculo virtuoso en el que tiene un papel importante, pues es la empresa la célula que genera riqueza y la redistribuye a través del empleo y el pago de sus impuestos se traduce en gobernanza y gobernabilidad.

La empresa, además de ser una célula económica, es una célula social. Está formada por personas y para personas. Está insertada en la sociedad a la que sirve y no puede permanecer ajena a ella.

Pero el asunto relevante es que el 99% de todas las unidades económicas del país están en el rango de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (MiPyme), en donde se generan 8 de cada 10 empleos con una contribución muy importante en la contención del tejido social.

La mayor parte de ellas dentro del sector terciario (comercio y servicio) y como resulta muy fácil suponer, ésta empresas no forman parte del CMN, donde el puñado de empresarios que lo conforman son de avión, mientras que todos los demás somos de vocho. Pero para el pleito si fuimos todos convidados como iguales. (aplausos)

Que importante será que la empresa sea tomada en cuenta y su valor sea estimado por los gobernantes, así sea un proyecto de emprendedor, una micro empresa familiar o una Pyme. Todas representan la fortaleza económica del país y merecen ser respetadas.

Maltratar a las empresas en éste país es cerrar las puertas del empleo y con ello abrir más las puertas de la inseguridad por el automático crecimiento de las actividades delictivas ocurridas por necesidad.

Y el mal trato incluye la sobre carga fiscal y administrativa, la falta de oportunidades de competencia y participación en las compras gubernamentales que se consolidan y se destinan a la macro empresa; la falta de pago oportuno a los proveedores del estado; la competencia desleal en licitaciones amañadas para beneficio de los cuates del poder; y muchas otras formas negativas que inhiben la creación y crecimiento de las empresas y los beneficios que para la sociedad representan.

Y, por otro lado, invitarnos a la élite de quienes se ostentan como “cúpula empresarial” sólo para acuerpar sus reclamos y servir así a sus intereses, no resulta ser un trato digno, porque en éste caso los de arriba arrojan sus migajas y nosotros todavía se los agradecemos en una notoria falta de dignidad. Es mi pienso.