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El evento no político de la semana tuvo que ver con el hackeo que ocurrió en el sistema bancario de nuestro país y que significó la desviación de muchos millones de pesos hacia otras cuentas, de las que los ciber delincuentes sólo pudieron extraer alrededor de 400 millones.

Banxico informó que hackers intentaron atacar el sistema de pagos electrónicos interbancarios (SPEI) y que ellos desconectaron del sistema a varios bancos al detectar algunas vulnerabilidades en los servicios de un proveedor.

Fueron varias las instituciones bancarias las directamente afectadas y el mensaje “oficial” es que el daño financiero no alcanzó a los clientes. (aplausos)

Lo interesante del incidente bancario está en que se puso en evidencia la vulnerabilidad que se tiene de resultar víctimas de ciber ataques y que éstos pueden ser de distinta naturaleza, con distintos propósitos y a cualquier institución, dependencia, empresa o persona.

Y cuando hemos mencionado los “riesgos” de ciber ataques, siempre hemos chocado con el escepticismo apoyado por el desconocimiento de quienes piensan y aseguran que “eso no es posible”.

Pero vale la pena hacer un poco de historia para considerar el diseño de algunas políticas públicas que persiguen un fin sin considerar todos los factores que intervienen en el proceso y que podrían complicar el éxito del proyecto.

Todo comenzó en tiempos de Fox (2000 – 2006) que lanzó una estrategia para fiscalizar a las micro y pequeñas empresas, con la ayuda de la televisión y la banca comercial, bajo el disfraz de un programa de premios llamado “Boletazo”, que buscaba la bancarización de la economía con fines de fiscalización y para ello motivaron a los consumidores al uso de tarjetas de débito y crédito, con lo que podrían ganar importantes premios: desde dinero, productos, viajes, autos, etc.

Crearon un Fideicomiso para generar ahorros tributarios a la banca por 600 millones de pesos anuales, además del financiamiento de una Plataforma Tecnológica y la emisión de 40 millones de tarjetas plásticas, además de la campaña de difusión en medios, con un costo total de mil millones de pesos. Adicional a esto, un Fondo de Terminalización para financiar la instalación de 300 mil terminales punto de venta como un brazo fiscalizador de la SHCP en tiendas de abarrotes, pequeños restaurantes, refaccionarias, gasolinerías, establecimientos de comida rápida y hasta cines.

La televisión puso su programa llamado “de Boletazo” como para hacer atractivo el tema y que la gente no maliciara lo que en el fondo se perseguía: La Fiscalización.

No es necesario decir lo que fácilmente se puede afirmar: el programa fracasó rotundamente. Y las razones importantes fueron: la poca familiaridad con la tecnología; la desconfianza de los propietarios de las micro empresas que recibían el estímulo fiscal para adquirir equipamiento sin tener claro sobre quien asumiría la propiedad del bien; la ambición de los bancos que a pesar de tener directamente beneficios fiscales y financieros, todavía quisieron cobrar comisiones por cada operación y eso complicó la aceptación por parte de las empresas, pues venían de un programa similar en el que la SHCP impuso por Ley el uso de cajas registradoras que motivó a un forcejeo legal y a fuerza ni los zapatos entran.

El gobierno federal, fiel a su costumbre, presumió su programa exaltando los beneficios económicos que tendrían todas las empresas y los enormes beneficios que tendría la sociedad en materia de comodidad y seguridad de manejar su economía sin dinero en efectivo, pura tarjeta y todo con el poder de su firma.

Al finalizar el sexenio y quedar cancelado el programa Boletazo, todos perdimos, por el altísimo costo que tuvimos que pagar con recursos públicos tirados a la basura. Los únicos ganones, (como en el tiempo de Zedillo con el Fobaproa) fueron los dueños del dinero; los ricos que se hicieron más ricos; los bancos, mientras que los pobres siguieron pobres. Porka Miseria. (viene el segundo round)