Por Ramón Durón Ruíz (†)

En el siglo VI, el Papa Gregorio Magno habló de los siete pecados capitales, mismos que posteriormente serían utilizados magistralmente en la obra del poeta Dante Alighieri, “La divina comedia” y esgrimidos durante siglos en la búsqueda de una moral pura por los cristianos y por cientos de artistas europeos.
Los siete pecados capitales: 1. Lujuria, 2. Gula, 3. Avaricia, 4. Pereza, 5. Ira, 6. Envidia y 7. Soberbia. De acuerdo a Santo Tomás de Aquino, estos pecados adquieren la categoría de capitales no por la magnitud de los mismos, sino porque tienen la fuerza de generar a la vez otros pecados y más vicios.
Los pecados capitales tienen virtudes para vencerse: “La Soberbia, que se da ante el deseo de honores y gloria, se ataca con la Humildad, que nos conduce a reconocer que de nosotros mismos sólo tenemos la nada y el pecado; La Avaricia, que es el deseo de acaparar riquezas, se vence con la Generosidad, que no es otra cosa que dar con gusto de lo propio a los pobres y a los que necesiten.
La Lujuria ante el apetito sexual, se vence con la Castidad, que es el dominio sobre los apetitos carnales; La Ira ante un daño o dificultad, se vence con la Paciencia, que se da al sufrir con paz y serenidad todas las adversidades; La Gula ante la comida y bebida, se vence con la Templanza, que no es otra cosa que la moderación en los excesos.
La Envidia que es el resentimiento de las cualidades, bienes o logros de otro, se combate con la Caridad, que es desear y hacer siempre el bien al prójimo, y finalmente, la Pereza que es el desgano para obrar en el trabajo y responder a los bienes espirituales, se combate con la Diligencia, que es la prontitud de ánimo para obrar bien.”1
Pero en fin, viejo y ajetreado por los vaivenes de la vida, el Filósofo, cree a pies juntillas, que la mejor manera de vencer a los siete pecados capitales es a través del amor y del humor, porque ambos además de dar plenitud y armonía a tu vida, te acerca a la divinidad interior que reina en ti.
A propósito, el humor me recuerda aquella vieja carta que circula entre el colectivo social que un pela’o le envió a la afamada Dra. Corazón:
“Apreciable doctora:
Como muchos de mis paisanos le quito el tiempo, porque usted es una mujer llena de la sabiduría que la vida y los años otorgan; acudo en busca de su consejo ante una situación harto difícil que se me presenta.
Resulta que estoy enamoradísimo de mi novia y por lo mismo tengo hartos deseos de casarme con ella. Sólo que tengo un grave problema: Mi padre está preso debido a que borracho atropelló a 23 señoras que iban en una peregrinación. Él conoció a mi madre en el table dance “El Capitán” y la sacó de esa vida.
Ella en fin mujer, inteligente, puso su propio negocio; ahora tiene su table dance con más de 100 mujeres y hombres y ya no tiene que ejercer la prostitución… aunque ella dice que si de vez en cuando se “avienta una canita al aire”, es para no perder “la condición física” y seguir asimilando experiencia.
Tengo tres hermanos y dos hermanas. Uno es diputado federal; el segundo está preso por asalto a mano armada y violación. Mi hermano el más pequeño es homosexual y trabaja vendiendo carnalidad en las noches en el boulevard.
Mi hermana, la mayor, es lesbiana y recién acaba de casarse con su novia, 30 años más chica que ella, tienen su propia empresa vendiendo partes de carros robados.
La menor trabaja con mi mamá en el table y dicen que a pesar de su corta edad es muy buena en el oficio más antiguo del mundo.
Algo compungido y lleno de pena le pregunto. ¿Cree usted apropiado que le cuente a mi novia que… ¡TENGO UN HERMANO QUE ES DIPUTADO FEDERAL!?”
1http://www.corazones.org/diccionario/pecados_capitales.htm

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