Hace más de dos años, un 3 de junio, dejó de existir el que fue el boxeador más grande de todos los tiempos: Muhammad Ali, también conocido en algún tiempo por su nombre de esclavo Cassius Marcellus Clay Jr. Un hombre que fue construyendo su personaje, primero, a partir de sus indiscutibles dotes boxísticas, después, de su grandilocuencia, locuacidad, verborrea, histrionismo, actuación y genialidad. Fue campeón de peso semi completo en Roma 60, todavía conocido por el mundo como Cassius Clay, fue campeón del mundo de la máxima categoría del boxeo a los 22 años cuando arrebató el título a su compatriota Sonny Liston, un 25 de febrero de 1964 en el Convention Hall de Miami Beach, Florida, a partir de ahí cobró celebridad cuando se enfrentó a la pelea más dura de subida, contra su país al negarse a ser reclutardo para ir a combatir la guerra de Vietnam, esto le costó ser despojado de sus licencias para boxear y le fueron retirados los títulos de la Asociación Mundial de Boxeo. Se enfrentó a lo más granado de su tiempo, inclusive otras leyendas del cuadrilátero como Joe Frazier, Sonny Liston, George Foreman, Ken Norton, Jimmy Ellis, Oscar Bonavena, Bob Foster, Jerry Quarry, Ernie Shavers y a Chuck Wepnner. Dicen que fue la inspiración de Silvester Stallone para crear Rocky Balboa. Ali convirtió al boxeo en un espectáculo al que seguían millones a nivel mundial, en algo fantástico, grandioso, dramático y lleno de teatralidad y gesticulaciones vociferantes. Nadie como Alí, van a pasar muchos años para que vuelva a surgir una figura como él. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.