Por Ramón Durón Ruíz (†)

Dice un proverbio chino: “Tus maestros pueden abrir la puerta, mas sólo tú puedes entrar”. Es decir, que en el ejercicio de tu quehacer debes estar abierto para recibir los amorosos mensajes y señales que el camino te envía, afirmando que tu vida tiene un propósito y éste se concentra en que tú seas feliz… lo demás llega por complemento.
Todo conflicto o problema te lleva a tener dos visiones antagónicas; ten el buen tino de encontrar en cada adversidad el lado positivo de la vida, jamás estés con el desdén, el desánimo, el odio o el resentimiento, porque las oportunidades se te irán y dice otro viejo refrán que: “oportunidad que se va, bala que se tira y flecha que se dispara… no vuelven”.
Cuando alguien en tu casa, en tu trabajo o en tu vida, cometa un error, no hagas un drama; ten la capacidad de saber perdonar; disculpa, que como tú, son seres humanos susceptibles de caer en el error. Cuando ejerces la palabra adecuada para disculpar un error, las personas utilizarán lo mejor de ellas mismas para reparar su desacierto y ambos sacarán el mejor partido de la vida.
Sé de los seres excepcionales que animan a su familia, a su esposa, a su pareja, a sus hijos, a sus amigos, a sus compañeros a seguir adelante a pesar de cualquier adversidad, recordando que la fragilidad de la vida en cualquier momento puede detener tu camino; sé de esos seres maravillosos que aprovechan cada uno de los minutos de su tiempo para construir una historia de amor; de esos ejemplos de quienes diariamente reconquistan su vida.
La gente es de costumbres y frecuentemente tiende a complicarse la existencia, de tal manera que rechaza fácilmente la felicidad que da la simplicidad, se olvidan de crear un mundo propositivo, de explotar sus potencialidades y celebrar la magia de la vida.
Recuerda que tú y nadie más que tú, tienes el control de tu vida, el éxito o el fracaso, el acierto o el error, crecer o decrecer; sólo depende de ti. Únicamente se necesita que te entregues a la vida con toda la pasión, el entusiasmo, la potencialidad, la fe, el amor, con todo lo mejor que el universo ha depositado en tu carnalidad.
En este mundo todos venimos a una tarea de aprendizaje diario y fecundo; recuerda que nada sucede por casualidad; hay, sí, causalidades; por eso, el viejo Filósofo te invita a que con quienes convives, las relaciones sean de amistad, amorosas, profundas, que te lleven a ser libre, que son las experiencias para que te transformes en un ser sabio, en el maestro de tu vida, que encuentres en lo sencillo, en lo simple y en lo obvio, los mensajes que el universo tiene para ti y que forman parte del capital para que te reencuentres con tu guía interior y te encamines hacia la tarea a la que llegaste a esta vida, que no es otra que poner atención al saber que los años han sembrado en ti.
En el andar de la vida cada quien va creando su bagaje personal de sabiduría, ahí anida lo vivido y lo aprendido que te pueden señalar el mejor camino a seguir; si eres sabio tendrás la atingencia de escuchar el sonido de su amor, ahí está el secreto para enriquecer tu conexión con Dios.
Cuando permites que tus problemas sean más grandes que tú, llega el desequilibrio, llega la ausencia de armonía a tu vida, pero por el contrario cuando eres más grande que ellos, llega el entusiasmo, la actitud mental positiva, la abundancia de dones y de bienes porque este es el momento y hoy es el día en que: “no le digas a Dios que tienes un gran problema; dile a tus problemas que tienes un gran Dios”.
Apropósito de problemas, el viejo Filósofo de Güémez dice:
“De cada 100 problemas que tengo, 1 es por pendejo…y 99 por metiche”
“Arreglar los problemas económicos es fácil…sobre todo si hay dinero”
“En mi casa no tengo problemas; 15 días manda mi vieja… el resto obedezco yo”
“Cuando tengas problemas fija la vista hacia el frente, cállate el hocico y… hazte pendejo”
“Hay políticos que son como los libros de matemáticas… ¡están llenos de problemas!”
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