Por casualidad me encontré al célebre Tirso (Tito) Cházaro Rosario en una plaza comercial de Xalapa. Iba en compañía de su hermana Esther y de su esposo, mi amigo y paisano, el doctor Armando Balderas Carrillo, entre paréntesis especialista en aparatos médicos para problemas auditivos (sordera). Total que tuve oportunidad de intercambiar algunas impresiones con este hombre, casi una leyenda, al que he tenido pocas oportunidades de tratar en razón de los largos periplos que acostumbra este que es uno de los hijos del insigne poeta y decimero tlacotalpeño, el Lic. Guillermo Cházaro Lagos. Para no hacerles el cuento largo, Tirso, que no hace mucho ganó los titulares de los principales diarios italianos por un asunto del cual no voy a abundar aquí, pero que tiene tintes como de una novela escrita por John Le Carré, le prometió al que esto escribe platicarle cómo estuvo en realidad aquel asunto y qué fue lo que en verdad sucedió aquel ya lejano invierno del 2001 en el puerto mediterráneo de Portofino. Vamos a ver, pero el relato podría tener tintes como para un argumento de película estilo “La espía que me amó”. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.