*Bill Clinton lo llamó un ‘icono americano’. Bill Gates lo comparó con Bach. Jay-Z lo llamó ‘un compositor genial que cambió la música’. Y la Agencia Espacial de Estados Unidos lo elogió al llenar la estación espacial Mir con ‘Good Day Sunshine’. Camelot.

EL GRAN LIBRO DE PAUL MCCARTNEY

Hace no mucho comencé a leer un libro. Lo comenté en estos espacios. Uno de esos libros que lo empiezas y no quieres que se termine, de lo bueno y lo interesante. Escrito por Philiph Norman, quien ya había hecho una biografía única de Los Beatles y de John Lennon, le faltaba la de Paul, el gran sobreviviente del cuarteto, el músico que junto a Lennon llenaron de gloria la música y crearon un parteaguas de un antes y un después, desde que aparecieron en un lugar llamado Cavern de Liverpool. Biografías y libros se han escrito, películas se han hecho, el encumbramiento y la tragedia que llegó a sus vidas, cuando un loco llamado Marck Chapman mató a Lennón en Nueva York, cerca del edificio Dakota, en Central Park, donde vivía los días más felices de su vida al lado de Yoko Onno, haciéndola de papá y criando a su hijo, Sean, hasta los encumbramientos de esa música que llegó para quedarse, como el lema de aquella 6.20, la estación de radio con la música que llegó para quedarse.

EL YESTERDAY

El libro es de 768 páginas y costó como setecientos y algo de pesos, casi un peso por página, pero los vale. Leer a Norman es una delicia. Había veces que me daban las doce y la una y las tres, pero había que aventajar en la lectura. Toca todos los temas de los Beatles y toca fibras sensibles de sus peleas, por los títulos, por los derechos de las canciones que unas veces eran de ellos y otras de Michael Jackson, que llegó a comprarlas, porque Lennon y McCartney componían juntos, pero una gran mayoría eran de ellos, como Yesterday lo fue de Paul, que solito y su alma una mañana comenzó a rasgar la guitarra y se encontró con esa joya maestra del pop. Al principio no la querían, porque se alejaba del ritmo Beatles. Pero Paul le tenía confianza. Cuando la cantó en el Ed Sullivan Show en Nueva York, tuvo una audiencia estimada en 73 millones de personas, la misma que les vio cuando los cuatro llegaron a presentarse a ese show televisivo. Yesterday es la canción más elogiada. Se calcula que a finales del Siglo XX se ha interpretado siete millones de veces y ha inspirado dos mil versiones, hasta desafiar el record que durante años estuvo en poder de Blanca Navidad (White Christmas) de Bing Crosby. Una encuesta de la BBC en 1999 la consagró como la mejor canción del siglo y la revista Rolling Stone y, mas tarde el canal MTV, la nombraron la canción pop número uno de todos los tiempos. No está nada mal para un joven de 22 años que había recordado un sueño, explica Norman.

UN LIBRO PARA LEERSE

Un libro para leerse. El escritor pidió permiso para consultar al biografiado, Paul le dijo que adelante, y por medio de una secretaria escudriñaba donde tenía dudas. Se entrevistó a gente grande de la música pop, a familiares, fue a Liverpool a caminar esos caminos que caminaron de jóvenes él y John Lennon, hay una película ahora en Netflix, ‘Mi nombre es John Lennon’, muy conmovedora, porque ambos músicos perdieron a sus madres muy jóvenes. El autor: “El 4 de diciembre de 1965, los Beatles se presentaron en el ayuntamiento de Newcastle-on-Tyne durante la que sería su última gira británica.

En aquella época yo tenía veintidós años y trabajaba como reportero en la oficina de Newcastle del Northern Echo, un periódico que se distribuía por todo el nordeste de Inglaterra. La orden que recibí de la redacción fue:

«Ve e intenta hablar con ellos».

Emprendí la misión sin ninguna esperanza. En los dos años anteriores, los Beatles se habían convertido en la noticia más grande del pop —y, cada vez más, también en los ámbitos exteriores de la propia música—. ¿Qué novedad podía añadir yo desde mi limitado punto de vista? En cuanto a «hablar» con ellos, la gira tenía lugar después del lanzamiento del álbum Rubber Soul, del estreno de su segunda y exitosísima película Help!, de su histórica actuación ante cincuenta y cinco mil personas en el Shea Stadium de Nueva York y de su nombramiento como miembros de la excelentísima Orden del Imperio Británico por parte de la reina. Tendría que competir no solo con los poderosos medios locales del distrito de Tyneside, sino también con los periódicos y emisoras nacionales que tenían oficinas allí. Incluso si conseguía acercarme a ellos, ¿por qué iban a perder un solo segundo con un don nadie del Northern Echo? Como casi todos los hombres jóvenes del hemisferio occidental, yo albergaba la fantasía cotidiana de intercambiar mi vida con la de un beatle. Y no había dudas de cuál era el elegido. Paul, que me llevaba un año, era, evidentemente, el más apuesto; a pesar de su magnetismo, John jamás habría sido calificado de guapo, mientras que George poseía una buena complexión, pero unos dientes horrorosos y Ringo era… Ringo. Si los frenesís adolescentes femeninos que los asaltaban tenían algún objetivo racional, ese era el bajista zurdo, cuyo delicado rostro y ojos grandes y dulces no llegaban a darle un aspecto afeminado gracias a la sombra de barba que le surcaba las mejillas a la altura de la mandíbula. Paul lucía los atavíos de un beatle con la mayor elegancia”.

Así comenzó ese acercamiento, que lo llevó a escribir esta excelente biografía.

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