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Crónica del Poder

El Prólogo de Lucas. En este día, 27 de enero de 2019, celebramos el tercer domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo C, en la liturgia de la Iglesia Católica. El pasaje evangélico de hoy es de San Lucas, el cual dice en su primera parte (1, 1-4): “Muchos han tratado de escribir la historia de las cosas que pasaron entre nosotros, tal y como nos las trasmitieron los que las vieron desde el principio y que ayudaron en la predicación. Yo también, ilustre Teófilo, después de haberme informado minuciosamente de todo, desde sus principios, pensé escribírtelo por orden, para que veas la verdad de lo que se te ha enseñado”. Este prólogo es de un vocabulario escogido y de un estilo muy cuidado. Lucas escribe como los historiadores griegos y se dirige a un destinatario ilustre al que llama Teófilo, o amado por Dios. La vida y las enseñanzas de Jesús se han trasmitido a través de la tradición de la comunidad cristiana. No se trata del reportaje histórico de un hecho pasado, sino de una catequesis para crecer en la fe.

La Palabra profética. La segunda parte del texto de Lucas (4, 14-21) continúa así: “Jesús, impulsado por el Espíritu, volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región. Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: ‘El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor’. Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”. Lucas presenta el inicio del ministerio público de Jesús en la sinagoga de Nazaret, durante la liturgia del sábado. Jesús tiene ya treinta años y tiene el derecho de leer y comentar la lectura de Isaías (61, 1-2). Su primer discurso ante su pueblo es una homilía litúrgica. Jesús aparece como un judío piadoso capaz de asumir la tradición de los profetas en la perspectiva de su cumplimiento, el cual se realiza en su propia persona y misión.

Palabra y Eucaristía. El pasaje evangélico de la sinagoga de Nazaret nos muestra en Jesús, de manera ejemplar, lo que es una auténtica liturgia de la Palabra de Dios. La celebración de la Misa cristiana consta de dos partes: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia Eucarística, tan estrechamente unidas entre sí, que constituyen un solo acto de culto en el que los fieles encuentran tanto el mensaje divino como el alimento cristiano. Cuando se leen en la Iglesia las Sagradas Escrituras es Dios mismo quien habla a su pueblo, y Cristo, presente en su Palabra, es quien anuncia la Buena Noticia. Las lecturas de la Palabra de Dios deben ser escuchadas por todos con devoción y veneración. La homilía actualiza y concretiza las lecturas a la realidad de la vida presente.

El programa de Jesús. El discurso de Jesús en la sinagoga de Nazaret tiene una dimensión religiosa y social muy relevante, que se extiende a todo su Evangelio. Jesús reconoce que el Espíritu de Dios se ha posado sobre él y lo ha ungido como Mesías, como Cristo, por eso se siente enviado a cuatro tipos de personas que son los pobres, los cautivos, los ciegos y los oprimidos. El Reino de Dios pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir, a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús anuncia la liberación a los cautivos que están dominados por el pecado, por el poder del demonio o por las rejas de una prisión. Jesús restituye la vista a quienes tienen dañados los ojos corporales y a los que no son capaces de contemplar la dimensión espiritual de la existencia humana. Jesús devuelve la salud corporal y espiritual a los que están oprimidos por la enfermedad, la depresión y la desesperanza. Los discípulos de Cristo hacemos realidad el programa de Jesús a través de la pastoral social o de la caridad.

+Hipólito Reyes Larios
Arzobispo de Xalapa

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