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La Jornada / Juan Pablo Duch, corresponsal

“Que Estados Unidos, antes de aconsejar a otros de dónde deben irse, cumpla con tranquilidad su propio plan de retirarse por ejemplo de Siria, y no se preocupe por esto”, con esta punzante frase María Zajarova, portavoz de la cancillería local, respondió este jueves a la exigencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de que el Kremlin ordene el regreso inmediato del centenar de militares que llegaron a Venezuela el fin de semana anterior.

“Están ahí (los militares) de conformidad con las relaciones normales con un gobierno legítimo”, se sumó a la respuesta oficial Yuri Ushakov, asesor para política exterior del presidente Vladimir Putin.

Ushakov coincidió con Zajarova en que los militares permanecerán en suelo venezolano “el tiempo que sea necesario”, si bien ninguno de los dos precisó cuál es el motivo de su repentino viaje en dos aviones –un Antonov 124 y un Iliushin 62– bajo el mando del general Vasili Tonkoshkurov, comandante en jefe de las tropas terrestres del ejército ruso.

“Son parte de los acuerdos bilaterales entre las dependencias castrenses, pregunten en el ministerio de Defensa ruso”, recomendaron ambos a la prensa.

No hace falta llamar ahí para saber que ese tipo de entendimientos, cual corresponde a los acuerdos entre militares, no es del dominio público, por lo cual nos quedamos con la versión, difundida de modo extraoficial por supuesto, de que se trata de “unas consultas”.

La Cancillería local, en un comunicado previo, reiteró que “respeta plenamente la Constitución (venezolana)”, por lo cual “los especialistas (del ministerio de Defensa) se encuentran ahí de acuerdo con el convenio de cooperación militar y técnica, firmado por ambos países en 2001”.

En el mismo sentido se manifestó José Torrealba, agregado de defensa de la embajada de Venezuela en Rusia, quien dijo este jueves que la cooperación con Rusia forma parte de las relaciones normales entre ambos países.

“Insisto en el hecho de que solo se trata de cooperación militar y técnica. La presencia militar rusa no está en ningún caso vinculada con posibles operaciones militares”, afirmó, en declaraciones a la agencia rusa Interfax.

Al mismo tiempo, la presencia en Venezuela de los uniformados rusos –simbólica por su número, contundente por el arsenal nuclear que los respalda– es una especie de escudo humano para frenar los ánimos de quienes promueven una solución de fuerza para derrocar al presidente Nicolás Maduro.

Tensa la cuerda cada vez más, el Congreso estadunidense aprobó de urgencia de una ley para “luchar contra la amenaza de Rusia y Venezuela”, que obliga al secretario de Estado, Mike Pompeo, a comparecer cada cuatro meses para informar cómo se está combatiendo el “peligro” que representan los nexos entre Moscú y Caracas.

“No estamos interfiriendo en absoluto en los asuntos internos de Venezuela y esperamos que otros países sigan nuestro ejemplo y permitan a los venezolanos decidir su futuro por sí solos”, agregó el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov.

Rusia espera en nombre del “respeto mutuo” que nadie le diga como tiene que llevar su política exterior, igual que nadie le dice a Estados Unidos lo mismo, señaló el portavoz.