COLUMNA INVITADA

Eduardo Ruiz-Healy

De los 11 millones de extranjeros que viven ilegalmente en Estados Unidos, 4.5 millones llegaron a ese país como turistas y decidieron quedarse ahí después de que se les venciera el permiso de estancia temporal.

Para los que no tienen la posibilidad de entrar a suelo estadounidense como turistas, México se convierte en la única ruta por donde pueden pasar ilegalmente los miles de centro y sudamericanos, caribeños y hasta asiáticos, africanos y mediorientales.

Nadie abandona su tierra sin razón. Hacerlo no debe ser cosa fácil y, aparentemente, esto no lo entienden ni Donald Trump ni quienes lo apoyan con su política antiinmigrante.

La ironía del caso es que el abuelo de Trump era un alemán que huyó de su país para evitar ser soldado durante la Primera Guerra (años después, su nieto evadió servir en las fuerzas armadas durante la Guerra de Vietnam), que su mamá fue una inmigrante escocesa y que dos de sus tres esposas nacieron en Europa, la primera en lo que fue Checoslovaquia, y la actual en Eslovenia, de donde aparentemente llegó como turista a la ciudad de Nueva York para trabajar como modelo sin tener los permisos necesarios para hacerlo.

La realidad es que el presidente gringo no se opone a los inmigrantes, siempre y cuando éstos provengan de países europeos y sean blancos. Su actitud cambia cuando se trata de inmigrantes de tez morena, oriundos de naciones subdesarrolladas.

El germano-escocés ve en la ola migratoria morena una amenaza para la mayoría blanca a la que él pertenece. Por eso ha propalado la falsedad de que en la frontera México-Estados Unidos se está generando una crisis que pone en riesgo la seguridad nacional de su país.

Con base en esa falsedad, Trump amenaza con cerrar la frontera e impedir que desde México entren personas y vehículos por un periodo indeterminado, si es que México, Guatemala, El Salvador y Honduras no hacen algo, y pronto, para detener a las decenas de miles de personas que en estos momentos se dirigen hacia Estados Unidos.

Desde noviembre pasado, Trump empezó a amenazar. Ese mes tuiteó lo siguiente: “México debería regresar a sus países a los migrantes que agitan banderas, muchos de los cuales son criminales endurecidos. Que los saquen en aviones, que los saquen en autobús, que lo hagan como quieran, pero no van a ingresar a EU. Cerraremos permanentemente la frontera si es necesario. ¡Congreso, financia el muro!”.

Ayer aseguró que no está jugando y que sus amenazas no deben ignorarse. Dijo estar enojado con México y que castigará económicamente a nuestro país si el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador no detiene, como sea, a los invasores morenos.

Al ser cuestionado sobre el asunto, AMLO respondió que no va a confrontarse con Trump y que deben prevalecer la paz y el amor. El problema es que su contraparte gringa no piensa como él.

Cerrar la frontera será catastrófico para la economía de ambos países, y más para la mexicana, que de por sí está creciendo raquíticamente.

Ojalá que ahora mismo el gobierno de Andrés Manuel esté diseñando un plan de emergencia para enfrentar la crisis económica que causaría el cierre de la frontera, que podría o no darse esta misma semana o en un futuro cercano.

Ojalá esté preparado nuestro país para enfrentar un cierre fronterizo.

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Tomado de El Economista.