Según esto, leía que ayer 28 de mayo fue el Día Internacional de la Hamburguesa, e irremediablemente me quedé pensando cuando supe cosa tan inusitada, ¿será para tanto? Bueno, no sé, me parece algo intrascendente, no soy precisamente un fan de ese platillo, al que podríamos definir más y mejor como un emparedado de carne molida –de esta palabra supe por primera vez al leer Popeye-. No obstante a las buenas no les hago el feo. Antes de que llegaran a México las grandes cadenas, en CdMx comí las de Burger Boy y Tom Boy, que no eran nada del otro mundo, también había otras, las Kelly’s, sobre avenida Universidad había un restaurant, cerca de avenida Popocatépetl y la plaza comercial, para los que conocen bien la capital. Pero cuando me instalé para vivir y trabajar en Xalapa, había una negociación a la que asistía con mucha frecuencia porque hacían unas hamburguesas en verdad buenas, estaba en Ávila Camacho, era una cabaña, junto a pollos Lencero. Eran al carbón y les ponían piña, coloquialmente se las conocía como las hamburguesas de “la española”, porque la dueña creo que tenía esa nacionalidad. No sé qué fue de ella y de su negocio, pero tenía buen sazón. También había un carrito sobre mismo Ávila Camacho, exactamente en la boca calle de Betancourt, creo que las comí una vez, también les ponían piña. Las hamburguesas deben ser de res y ahora las hacen de pollo y hasta de pescado empanizado, nunca de cerdo. Parte de su clave está en el pan. En lo personal prefiero las tortas con bolillo de pierna blanca o de lomo enchilado, estas últimas a la suiza, y el pepito de filete como el que hacen en El Tabachín de mi tierra no tiene igual. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.