CAJA FUERTE

Luis Miguel González

México se libró de una tormenta y el tipo de cambio del peso frente al dólar estadounidense reaccionó con fuerza. Ganó casi 40 centavos durante el fin de semana, pero nadie puede apostar porque la paridad nominal de 19.22 pesos por dólar se mantendrá mucho tiempo. La película no ha terminado: estamos en temporada de huracanes y vendrán más tormentas.

Un frente de nubes provendrá de las calificadoras y otro está relacionado con el T-MEC, que en un mundo ideal debería aprobarse en el Congreso de Estados Unidos en los próximos noventa días. Las calificadoras de riesgo crediticio traen en la mira a Pemex, CFE y la deuda soberana del gobierno federal. Lo que digan al respecto será noticia, un factor de volatilidad e indudablemente moverá los mercados. En este contexto, llama la atención la ausencia de un diálogo fluido y productivo entre las agencias calificadoras y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Esto se volvió especialmente notorio en la respuesta pública del secretario Carlos Urzúa a las notas de Fitch Ratings. Es clara la molestia del funcionario y entre líneas podemos interpretar un reproche: por qué dar a conocer la nota de Pemex en una semana tan complicada para México, por las negociaciones de los aranceles, si faltan dos semanas para que se dé a conocer el plan de negocios de Pemex.

¿Habrá acercamiento o crecerá la brecha existente entre el gobierno y las agencias calificadoras? La situación actual es buena para los especuladores pero hace daño a las actividades productivas y a las finanzas públicas, porque genera incertidumbre y aumenta el costo del dinero. La pelota parece estar en la cancha del Gobierno, pero es difícil saber si es así. Son días de baja visibilidad.

Los otros nubarrones vienen con el T-MEC. La aprobación del acuerdo en el Congreso de Estados Unidos está lejos de ser un hecho y en cualquier momento podría generar turbulencias. Los demócratas reconocen la autoría de Trump en el acuerdo y no quieren darle una carta de triunfo de cara al electorado. Esto cuenta mucho porque hemos entrado en el territorio de las elecciones del 2020 en Estados Unidos.

Los demócratas tienen mayoría y quieren hacer cambios a lo negociado en el capítulo laboral. Es su manera de criticar el acuerdo y hablar con su base electoral, en particular con los sindicatos. Hacer cambios abriría la puerta a reabrir las negociaciones, una opción que rechazan Canadá, México y el propio gobierno de Trump.

¿Pondrá Estados Unidos más presión en el tema laboral sobre México? Pueden apostar ustedes a que sí. Los demócratas han dicho que quieren pruebas de que se está implementando la reforma laboral que el Congreso mexicano aprobó a fines de abril. Usarán su musculatura legislativa para presionar en las negociaciones para la aprobación del T-MEC. En México esto producirá vientos y tormentas (ojalá que aisladas). Bienvenidos a la nueva era de las relaciones comerciales con los Estados Unidos de América.

Tomado del Economista.