José Humberto Aguirre Arregui
La Revolución Rusa de 1917 supuso un antes y un después en la historia del deporte ruso; antes de ella, con el zar Nicolás II, eran 50 mil personas las que practicaban deporte en el país, después de tres décadas de revolución la cifra subió a 50 millones. El impulso que la época soviética le dio al deporte fue de tal grado que aún pervive su legado.
En el período prerrevolucionario, aunque la familia real rusa era gran aficionada al deporte, no hubo ninguna promoción social del mismo por parte del Estado. Aunque fue precisamente con el gobierno de Nicolás II –último zar ruso, derrocado por la Revolución de Octubre– cuando se envió un equipo olímpico por primera vez a participar en la segunda convocatoria oficial de los Juegos Olímpicos modernos, fueron solo cuatro los deportistas enviados, quienes participaron únicamente en deportes de élite (esgrima y deporte ecuestre). En los años siguientes la participación rusa en las Olimpiadas aumentó marginalmente.
Ya con la Revolución, la formación del deportista soviético fue un proceso que tuvo inicio a principios de la década de los 20, después de la agresión del imperialismo que intento derrocar al gobierno de los soviets. Con los cambios políticos y sociales que se generaron, toda Rusia se transformó de forma radical y el deporte fue una de las esferas más beneficiadas, empezaba en ese momento la trascendencia del deporte soviético.
En 1923 se creó el Comisariado Supremo de la Cultura Física que situó a Rusia como el primer país que dedicaba un órgano gubernamental específico a este campo y en el artículo 24 de su Constitución incluyó la contribución del Estado al fomento de la educación física y del deporte de masas. Además para el año 1928 se realizaron las famosas “Espartaquiadas” en las que contendían las 15 Repúblicas Federadas que conformaron la URSS, este evento deportivo lograba reunir a miles de deportistas  de toda la Unión Soviética, este era considerado como la versión bolchevique de los Juegos Olímpicos, ya que los organizados por el Comité Olímpico Internacional eran vistos como una creación capitalista muy alejada del espíritu deportivo, por lo que no se planteó en ningún momento su participación. Por esos años también se crearon más de 8,400 escuelas deportivas juveniles gratuitas que daban servicio a miles de rusos.
En general, se empezó a considerar a la actividad deportiva como una responsabilidad social y un derecho para todos, esto quedó plasmado en los carteles de propaganda, las postales y los sellos. El CSKA (equipo de fútbol del Ejército Rojo), las organizaciones deportivas; las asociaciones de voluntarios que pertenecían a diversos sindicatos de trabajadores, de varias ramas profesionales y los programas de cualificación deportiva reafirmaron el interés del nuevo gobierno en la educación física de sus ciudadanos. El método científico se aplicaba en la planificación y desarrollo de la cultura deportiva tanto en los distritos de barrio, la gimnasia en las fábricas, el desarrollo y crecimiento de los niños, y el cuidado de los ancianos. Todo el entramado colectivo que conformaba esta situación también fungía como un apoyo al prestigio del socialismo.
Después de concluida la Gran Guerra Patria (la II Guerra Mundial), durante la Guerra Fría que mostró un mundo bipolar encabezado por las dos grandes potencias (la URSS y EUA), la visión soviética sobre su participación en las Olimpiadas cambió. En este momento se sintió la imperiosa necesidad de mostrar al mundo los avances en al arte y la técnica socialista en cuanto al deporte, es decir, la aplicación de los conocimientos científicos a la invención, diseño, perfeccionamiento y manejo de nuevos procedimientos en al campo deportivo.
Así, en 1952 se produjo la primera participación Soviética en las Olimpiadas, en las que Rusia obtuvo el segundo podio olímpico y 72 medallas de las cuales 22 eran de oro. Cuatro años después, ocupó el primer puesto en esta justa, lo que significó un ascenso imparable en este ranking hasta 1992 (durante el período ocupó siempre la primera posición con solo dos excepciones en que ocupó la segunda). La caída de la URSS se dio precisamente en 1991 y marcó el inicio de un descenso (aunque no abrupto) de la representación deportiva de Rusia a nivel internacional.
A pesar del cambio que se dio después de caída la URSS, no podemos decir que Rusia haya sufrido una absoluta decadencia deportiva, pues es claro que el legado deportivo soviético sigue vivo: todavía a finales de 1989 los datos señalaban que 92 millones de rusos practicaban deporte. La filosofía y ética deportiva de la URSS quedaron plasmadas en su Programa de “Solidaridad Olímpica” con el que además practicaron el internacionalismo una vez más, donde más de 200 entrenadores prestaban su servicio de entrenamiento a más de 30 países uno de los más destacados fue Cuba. Y los resultados de su práctica deportiva aún son palpables entre la ciudadanía rusa y en las propias competencias internacionales (en las últimas Olimpiadas de Río 2016, obtuvo el cuarto lugar en la tabla final).
Queda claro que los soviéticos tenían una visión muy amplia sobre el deporte, lo utilizaron como herramienta para crear a un individuo aguerrido, patriótico y comprometido con la revolución. Convirtieron al deporte en un derecho, lograron masificarlo y esto los llevoó a colocarse como una potencia deportiva a nivel mundial, sin duda son un gran ejemplo a seguir.
Responsable de la Comisión deportiva de Antorcha Campesina.