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Reforma/Yaniret Israde

El navío que naufragó cinco siglos atrás en el Mar Báltico, donde fue descubierto por un equipo científico internacional dirigido por el mexicano Rodrigo Pacheco-Ruiz, permanecerá sumergido para asegurar su preservación, revela en entrevista el especialista de la Universidad de Southampton, en el Reino Unido.

El “barco desconocido” -como le han bautizado- destaca como el mejor conservado de aquella época, entre los siglos 15 y 16, cuando Cristóbal Colón emprendió el primero de los viajes transatlánticos que develaron América al resto del mundo.

“Es la primera vez que un pecio de este periodo se ve completo”, señala desde Londres el experto en arqueología marina, quien mediante tecnología robótica exploró los vestigios a 140 metros bajo la superficie.

Esta profundidad, explica, supera los límites del buceo comercial, técnico y deportivo, y hace inviable una inspección física.

“No existen barcos que perduraran de la quilla (columna vertebral de un barco, que va de la popa a la proa, en la parte inferior) para arriba”, dice al destacar la excepcionalidad del navío de 16 metros de longitud o eslora.

Un ejemplo son las embarcaciones de este periodo en el Caribe, donde se han recuperado partes como el ancla; en este caso, hasta la decoración del buque mercante pudo conocerse.

“Hemos aprendido durante muchos años de experimentos, sobre todo en Europa, lo poco ideal que es retirar o recuperar pecios de esta magnitud y de este nivel de conservación.
Sacar del agua elementos que han estado sumergidos más de 500 años, en un balance químico casi perfecto, y exponerlos a la violencia química del aire, del sol y de otros elementos, es mucho más dañino para la arqueología, y caro.

“Hay proyectos en los que la conservación es más costosa que la excavación y estudio de la embarcación”, responde consultado sobre el destino del buque.

Tecnologías como la fotogrametría permiten presentar en tercera dimensión un barco antiguo, y en su momento acercarlo al público mediante la realidad virtual, señala el integrante del Proyecto de Arqueología del Mar Negro.

“La idea”, enfatiza, “es utilizar el mar como museo y hacer este tipo de prospecciones de alta tecnología y de alto nivel de detalle para acercar (los bienes culturales sumergidos) al público”.

Mediante muestras del “barco desconocido” obtendrán un fechamiento más preciso al aplicarles estudios de radiocarbono, mientras la dendrocronología (ciencia que se ocupa de la datación de las maderas) revelará incluso el año en que se cortó el árbol usado para construirlo, informa Pacheco-Ruiz.

Fue detectado por primera vez en 2009 por la Administración Marítima Sueca a través de un sonar, pero fue este año cuando el arqueólogo subacuático de la compañía MMT comenzó a estudiarlo, en colaboración con Deep Sea Productions, el Instituto de Investigaciones de Arqueología Marina de la Universidad de Södertörn y el Centro de Arqueología Marítima de Southampton.

Descubrieron intacta su arquitectura naval, que revela una sociedad interesada en comerciar o establecer contactos con otras costas, aunque no siempre esperaran resultados favorables, por eso iban provistos de artillería: dos falconetes en los costados para arrojar carga pedrera.

“Estamos aprendiendo lo que la sociedad era entonces, acercándonos a esa vida coloquial, más del día a día, que a las grandes historias, que también son importantes.

“Barcos de mayor dimensión, como el “Mary Rose”, el “Vasa” o el “Kronan” tienen connotaciones bélicas, referidas a la formación del Estado y a las jerarquías, temas que siempre se han desarrollado en la historia y en la arqueología”.

Este barco, en cambio, es muy común y corriente, puntualiza Pacheco-Ruiz, pero, por sus buenas condiciones, arroja nueva información.

Nuevas alternativas

Pacheco-Ruiz, parte del equipo del arqueólogo Jorge Manuel Herrera en el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM -al que retornará próximamente-, considera que deben explorarse las aguas profundas de México con las nuevas herramientas tecnológicas disponibles para una mejor comprensión no sólo de la época del contacto con Europa, sino de la navegación prehispánica.

Se requieren cuantiosos recursos para hacerlo -una embarcación como la usada para explorar el pecio del Báltico cuesta unos 85 mil dólares o 1 millón 641 mil pesos al día-, y podrían provenir del sector privado, sugiere.

“El modelo con el que trabajamos involucra un sector privado lo suficientemente consciente para saber que la arqueología es muy importante, y ante cualquier desarrollo la pone en primer plano, y eso gracias a la legislación que privilegia el patrimonio cultural sumergido, porque es finito: solo existe un barco de 500 años en el Báltico, y en el mundo, a este nivel de conservación.

“Ése es el modelo a seguir, que el sector privado tenga ese interés cultural y no espere retribución financiera, sino cultural, porque un proyecto de éstos genera una cantidad invaluable de información histórica, arqueológica y cultural”.

Sin embargo, los productos culturales derivados de estas investigaciones pueden ser redituables económicamente, admite Pacheco-Ruiz. Los documentales dedicados a las exploraciones en el mar Negro, por ejemplo, se recibieron con mucho interés en medios británicos y de Estados Unidos.

Espera que también pueda producirse un documental sobre el barco de Báltico, que genere fondos para las investigaciones y permita involucrar en ellas a estudiantes.CD