«Nadie se da cuenta de lo hermoso que es viajar hasta que vuelve a casa y descansa sobre su almohada vieja y conocida”. Camelot.

VERACRUZ-MEXICO-MADRID

Emprendo un viaje. Toco el aeropuerto Jara de Veracruz rumbo a Ciudad de México y de allí, rumbo a Madrid, que en México se piensa mucho en ti. A media tarde recorro la muy retardada autopista de Capufe. Cuando se va al aeropuerto, hay que medir bien la distancia. Suele ocurrir, como me ocurrió, que la caseta de Cuitláhuac tenga demora de 45 minutos, entonces checo antes de salir el GPS del Waze y este nos avisa que hay líos. Marco el 074 de la operadora de Capufe y me dice que sí, que hay retraso. Como conozco a estos inútiles, tomo un atajo rumbo a la Tinaja y como a unos 20 kilómetros me meto de nuevo en el tramo de Cuitláhuac, ahí ya libré la demora. Veracruz bulle con alegría, no es que esté feliz, como dice el presidente, es que así somos los veracruzanos. El bolero del aeropuerto me ve, suelo bolearme con él, me pone al día de las cosas veracruzanas, me da grasa, un trapazo, tarifa de 60 pesos, pero bien boleados. La espera de un par de horas y a subirse al Embraer 190 de Aeroméxico que, cuando me trepé a él, pensé al instante que el presidente AMLO debió haber comprado uno de estos que no son muy caros, para los viajes presidenciales, más los domésticos porque él, al paso que va, no va a salir al extranjero, ni siquiera a Mc Allen, Texas, al shopping. Es un avión muy seguro para vuelos cortos, y ahí podría moverse con parte del Gabinete para no llevar esa joya que el hippie Enrique Peña Nieto devoraba los aires y los mares, y que le tenían que comprar harto shampoo y cositas de limpieza, pero me late que no las necesitabas, se comían las facturas en la corrupción. Recuerdo que en aviones de vuelos cortos, la reina de España, la mamá del ahora Rey volaba en un avión de turbohélice, que son muy cómodos y seguros y esos, si les falla algo, son fáciles de bajar.

EN EL AIRE

Trepamos, anuncian nuestro vuelo. El capitán comandante nos dice que en 35 minutos estaremos en Ciudad de México y que habrá turbulencia para llegar y habrá un poco de lluvia y otra cosita. Al estar a 20 mil metros de altura, como cantaba Cornelio Reyna, vi la majestuosidad del Pico de Orizaba, con algo de nieve en una de sus faldas, y vi los otros dos volcanes: el Popocatépetl y el Ixtazihuatl, en su verdadera dimensión. Poco más adelante la turbonada ligera hace movernos como si se bailara la lambada, se oscurece el cielo, las nubes se ocultan, una masa flotante hace ver más negro el panorama, pero oigo el tren de aterrizaje que baja y en pocos minutos tocamos tierra sin problema. El problema llegó cuando el piloto anuncia que no hay sitio para desembarcar. Es hora pico, las 7 de la noche y nos dice que quizá demore unos 15 minutos en lo que nos asignan el autobús que irá por nosotros y nos traslade a una sala. No fue cierto, pasaron los minutos como el reloj que marcaba las horas de Roberto Cantoral y por poco enloquecíamos, la demora fue del mismo tiempo que demoró el vuelo, 35 minutos. Entonces me acordé del presidente que canceló el NAICM y nos va a ir de la patada, con su Santa Lucia y lo que se le ocurra. Es muy cierto que en ese aeropuerto había muchísima corrupción, que generaron el Hippie Enrique Peña Nieto y su alabardero, Gerardo Ruiz Esparza, de la SCT, pero el presidente debió haber aplicado el mecanismo de ustedes se me van y que llegaran los nuevos, los que él tuviera confianza. Un enterado de bienes raíces me dijo que presidente lo purgó no tanto la corrupción del aeropuerto, que lo enchiló que los barones del dinero y los políticos peñanietistas se hicieran de cientos de terrenos aledaños al aeropuerto, para hacer otro Santa Fe, hoteles, plazas comerciales, residencias, eso era más el negocio que el mismo aeropuerto, pero hubiera hecho lo mismo, con su poder presidencial expropiar todos esos terrenos aledaños y exhibir a los políticos y empresarios que se amafiaron para llenarse de oro, incienso y mirra. En fin, aquí estamos bajando del avión más de media hora después y a esperar la conexión para tomar el que va a Madrid, que en México se piensa mucho en ti. Llego pronto, Dios Mediante, como decía Carlos Denegri, y ahí les cuento poco a poco, día a día, cómo están aquellas tierras, total, Saramago decía que somos cuentos de cuentos contando cuentos, nada. Vengo rapidito, escasamente diez días a un asunto familiar y con las mismas tomo mi regreso rumbo a mi aldea. Vale.

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