“El beisbol es un deporte exacto que construye monumentos y destruye catedrales”
Pedro Septién

Le he dado muchas vueltas en mi cabeza a la razón del porqué el béisbol sigue siendo “el Rey de los deportes”. Le he pensado, de veras, y a la conclusión que he llegado, de la cual pueden ustedes discrepar, lo que es muy válido, es que se trata de un deporte cien por cien artesanal dicho esto en el más amplio sentido de la palabra.
Y es que qué significa ser artesanal, según www.significados.com, “es todo aquel producto elaborado a través de técnicas tradicionales o manuales, sin que intervenga un proceso industrial”, por lo tanto, derivado de este concepto, un jugador de béisbol es un artesano porque es una persona que se dedica al oficio artesanal, elabora productos a través de procesos manuales, individuales y en equipo con la ayuda de herramientas sencillas. Perdonen el rebuscamiento y el símil, pero eso es el béisbol y eso es ser un beisbolista para el que escribe. Para acabar pronto, el béisbol es magia, es misterio, es anécdota, es enigma, es superstición…
Por eso me gusta la “pelota caliente”, porque es como hacer un buen pan en un horno de leña de tabiques cosido a fuego lento.
Desde su origen. Hay muchas versiones e historias –reales y ficticias- acerca de su origen, incluso de que fueron los ingleses los que lo llevaron a los Estados Unidos en el siglo XVIII, que fue una derivación del cricket, evolucionando en el siglo XIX a lo que hoy conocemos oficialmente como béisbol. Se dice que en la guerra de secesión los soldados lo jugaban en sus recesos. En fin, como quiera, no es mi intención hacer antropología beisbolística. Lo que sí es que a propósito de la Serie Mundial –la edición 115 por cierto-, este deporte que sabe a viejo y huele a naftalina, a pesar del tiempo, cada vez me gusta más, le agarro más sabor al caldo.
Y es que salvo algunos evidentes cambios tecnológicos explicables, la pelota hoy se juega como se jugaba hace más de 100 años. Nueve contra nueve, un manager, un determinado número de umpires, con un campo de juego que en lo esencial sigue siendo el mismo, con un diamante de 90 pies (27.43 metros por lado) y una pradera que varía según el campo de béisbol de que se trate. Es un juego en el que se combinan las destrezas individuales de cada jugador con el teamwork, el poder a la hora de batear y la habilidad de los lanzadores, que es central, con un repertorio de lanzamientos que van de la recta al cambio de velocidad pasando por el slider, la curva, el tirabuzón, la bola de nudillos y el lanzamiento por debajo del brazo, entre otras, las diferentes armas que tienen los pitchers para engañar a los bateadores. Se dice que el pitcheo es el 90 por ciento del juego, yo no creo eso, un juego perfecto, por ejemplo, no sería posible sin un buen cuadro y los jardines, y un buen cátcher es esencial.