Hace poco tuve el privilegio de, como se dice clásicamente, compartir el pan y la sal con un hombre excepcional, me refiero al licenciado Raymundo Flores Bernal. La oportunidad se dio porque uno de sus hijos, Ernesto, Lomán de segundo apellido, amigo muy querido, me hizo el honor de invitarme a comer a la espléndida finca que tiene la familia por el rumbo de la antigua carretera a Coatepec, en un paraje exuberantemente arbolado, en las márgenes del río Pixquiac. Antes debo decir que mi relación con la vertiente de la rama Lomán viene de las épocas de infante de este escribiente, en donde por razones que no viene al caso comentar ahora tuvo la oportunidad de visitar en muchas ocasiones la casa de la profesora Luz María Gómez Fernández (de Lomán), a la postre suegra del licenciado Flores Bernal, allá por los rumbos de la avenida Miguel Alemán, la antigua colonia magisterial, cuando aquello era el verdadero balcón de Xalapa, me refiero a los años 60. Pero volviendo a don Raymundo, departir con él es una experiencia en donde se abreva sabiduría, el conocimiento palpable de la historia política de México y del estado en particular de cuando menos los últimos 100 años, en donde en la plenitud de su vida, es un hombre dotado de una mente poderosa, brillante y ágil de pensamiento, que atesora un bagaje personal lleno de recuerdos y vivencias que se evidencian en la palabra expresa. Don Raymundo eslabona como pocos distintas épocas y momentos decisivos de nuestra historia reciente, de los cuales no solo ha sido protagonista, por si fuera poco también les han sido transmitidos por consanguineidad, nada más habría que revisar quiénes fueron los hermanos Flores Fuentes y su papel en la conformación del poder político y sindical de este país, por ejemplo, nada más y nada menos que del sindicato de trabajadores que es considerado el más poderoso de Latinoamérica. No me toca dar detalles de su rica vida personal, pero ojalá se anime a escribir sus memorias, el licenciado Flores Bernal tiene mucho que contar. Finalmente diré que me honra el privilegio de su amistad, de doña Olga y la de toda su apreciable familia. Don Raymundo, amigo admirable y entrañable, siempre conceptuoso, persona sencilla, orgulloso huasteco, veracruzano universal. Lo escribe Marco Aurelio González Gama, directivo de este Portal.