La ilustración de Steven Pinker

No hay razón para buscar el sufrimiento, pero si éste llega y trata de meterse en tu vida, no temas; míralo a la cara y con la frente bien levantada“.

Friedrich Nietzsche

 

Uno de los libros que más me ha dado luz en lo que va de este 2019, lleva por título “En Defensa de la Ilustración” del profesor de Psicología de la Universidad de Harvard, Steven Pinker.

Obra que me pareció interesante a partir de la sentencia que expone al decir que la gente hará lo que sea por liberar su ansiedad. Esto puede significar agredir a otros, denostar el trabajo o los gustos del de enfrente con tal de aliviar el dolor. Ese es uno de los riesgos de nuestra instigada condición actual. Las redes sociales nutren estos ataques.

Es una elegante evaluación de la condición humana, para este tercer milenio, el autor pronostica que vamos desembocar como especie, forzosamente en el cosmopolitismo, es decir, la aceptación de nuestra ciudadanía en el mundo.

Independientemente del regreso de gobernantes que pugnan y se afanan en pensar que cerrarse y juzgar los hechos del pasado es mejor, que buscar el entendimiento hacia el futuro.

En ese tenor Pinker, destaca como en la historia de la humanidad, precisamente la sensibilidad humanista impelió a los pensadores ilustrados a condenar no solo la violencia religiosa, sino también las crueldades seculares de su época, incluidas la esclavitud, el despotismo, la ejecuciones por delitos poco serios como el robo en tiendas o la caza furtiva, y los castigos sádicos tales como la flagelación, la amputación, el empalamiento, el destripamiento, el despedazamiento en la rueda y la quema en la hoguera( 2019, p. 31)

Ante lo anterior es que la Ilustración se designa a veces como la «revolución humanitaria», toda vez que condujo a la abolición de las prácticas bárbaras que habían sido moneda de uso corriente en las distintas civilizaciones durante milenios.

En lugar de intentar modelar la naturaleza humana, la esperanza ilustrada en el progreso se concentraba en las instituciones humanas. Los sistemas creados por los humanos como los gobiernos, las leyes, los mercados y los organismos internacionales son un blanco natural para la aplicación de la razón a la mejora del hombre.

Afirma que el intercambio puede conseguir que la sociedad entera no solo sea más rica, sino también más amable, toda vez que en un mercado efectivo es más barato comprar las cosas que robarlas y las otras personas son más valiosas para ti vivas que muertas.

Como dirá siglos después el economista Ludwig von Mises: «Si el sastre declara la guerra al panadero, en lo sucesivo tendrá que hornear su propio pan».

Muchos pensadores ilustrados, incluidos Montesquieu, Kant, Voltaire, Diderot y el abate de Saint-Pierre, respaldaron el ideal del doux commerce o dulce comercio.

Los padres fundadores de Estados Unidos (George Washington, James Madison y especialmente Alexander Hamilton) diseñaron las instituciones de la joven nación para alimentar dicho ideal.

Esto- dice Pinker- nos lleva a otro ideal ilustrado: la paz. La guerra era tan común en la historia que era natural verla como una dimensión permanente de la condición humana, así como pensar que la paz solo podría llegar en una época mesiánica.

Menuda reflexión ejerce al decir que ahora la guerra ya no se consideraba un castigo divino que había que soportar y deplorar, ni una gloriosa competición que había que ganar y celebrar, sino un problema práctico que era preciso mitigar y solucionar algún día.

Es importante repensar estos tópicos ya que si dejamos algo sin atender se olvida para siempre, lo que no es útil desaparece. El mundo de hoy solo conserva lo que le puede valer algo, se edifica sobre el interés, por eso sus cimientos son débiles.

Solo los ilustrados tendrán conciencia sobre el cauce que lleva nuestra civilización, creo que debemos entrenarnos para aprender a vivir en paz y ser felices con la diversidad de entornos en lo que nos encontremos.