LAS CARICIAS

De algunos, los más hábiles,
me ha gustado la ansiedad con que buscaron, sin hablarme,
para así pulsarlas dulce y sabiamente,
las pequeñas cuerdas finas y escondidas.

De otros, los más crueles,
gocé más los besos lentos, insaciables y febriles,
que me han dado la impresión de que mi vida se escapaba
entre sus labios hecha sangre,
aliento, ensueños, queja, lágrima y suspiro.

Más de todas las caricias, la más dulce,
la que no he de olvidar nunca,
fue la tierna caricia de tus ojos compasivos,
al besarme las pupilas asombradas,
mientras ibas tú franqueando
las dos puertas en las cuales nadie nunca
había llamado…

JOSÉ MANUEL POVEDA